Cultura

CRITICA DE CINE

“Call me by your name”, un golpe a la homofobia y el puritanismo de la era Trump

En su último filme el realizador italiano Luca Guadagnino logra su madurez como creador al tiempo que pone sus virtudes como refinado esteta al servicio de una historia más sólida e intensa.

Eduardo Nabal

Periodista y crítico de cine, Burgos

Martes 26 de diciembre de 2017 | 18:44

“Call me by your name” —titulada Llámame por tu nombre en España— está narrada con mayor pulso y contención que en sus anteriores trabajos: la desmesurada “Yo soy el amor” y la algo estridente “Cegados por el sol”, sus dos grandes películas tras el fracaso de crítica de la relamida “Melisa P.”.

De nuevo lo sensual vuelve a ser uno de los grandes motores narrativos de su cine y también la descomposición de núcleos afectivos preponderantemente marcados por el seno de lo familiar. Triunfadora en los Globo de Oro y ya en la antesala de los Oscar, esta coproducción basada en la aclamada novela de André Aciman viene a asestar un golpe a la homofobia y el puritanismo a los EEUU de Donald Trump, aunque también ha decepcionado a los seguidores del libro que han visto cierta blandura y complacencia de cara a la galería en algunos pasajes del filme. Un filme que se toma su tiempo para desarrollar todos los entresijos de una historia que va alcanzando una notable potencia emocional a pesar de algunos lugares comunes.

Guadagnino nos presenta dos personajes de diferentes edades. Elio un chico de 17 años y Oliver un joven restaurador de arte embarcados en una historia de amor más grande que la vida, al menos que la vida que ambos llevaban hasta el presente, particularmente el adolescente protagonista que parece despertar al amor bisexual, pero descubre su verdadero amor en un hombre mayor que él que se incorpora a ese particular núcleo familiar judío y adinerado en vacaciones donde se inicia un peculiar “affaire de verano”.

Ambientada en los años ochenta del siglo XX, estamos ante una historia de amor con “huella” que se toma su tiempo para mostrar todas sus cartas pero avanza con pulso seguro y sin medias tintas, sacando las máximas posibilidades de sus dos intérpretes, de los paisajes, los decorados y los objetos y del inteligente guion del veterano James Ivory, que no obstante se muestra algo literario y encorsetado en algunos pasajes frente a otros que dejan en manos del realizador y los personajes toda la fuerza del filme.

Algunos elementos se apuntan pero no de desarrollan en el filme como el carácter judío de los personajes, la tensión entre el pasado y el presente, el arte y la vida, centrándose finalmente en una historia de amor entre dos hombres que ya ha sido contada pero pocas veces con tanta elegancia y atención a los detalles para logar un efecto a la vez armonioso y devastador, transmitiendo todo el peso devastador y a la vez revitalizante que ese “amor de verano” va a tener sobre la vida del joven Eliot que ahora es para nosotros un enigma abierto.







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