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CRT | Por qué llamamos a votar a la CUP el 10N

A un mes del 10N, todos los actores del régimen presionan por un gobierno estable que cierre por arriba la “crisis orgánica”. La CUP se presenta con un discurso contra el “mal menor”. Necesitamos construir una izquierda anticapitalista y de independencia de clase en todo el Estado.

Jueves 10 de octubre | 18:48

A un mes de la repetición electoral del 10N, todos los actores del régimen político presionan por un gobierno estable y de “orden”, que pueda cerrar la "crisis orgánica" del régimen nacido de la Transición en un sentido conservador y, al mismo tiempo, responder a la recesión económica que se anuncia para el 2020 descargando nuevamente la crisis sobre el pueblo trabajador.

En ese marco, la CRT llamamos a votar a la CUP el próximo 10N, que presenta una candidatura opuesta a la lógica del “mal menor” desplegada tanto por los partidos del neorreformismo como por los partidos del procesismo catalán -ERC y JxCAT- en su sostenido retorno al autonomismo. Su objetivo es bloquear e impugnar el intento de cierre reaccionario por arriba de la crisis del régimen. Para ello levanta tres ejes programáticos: la defensa del derecho de autodeterminación, la amnistía y los derechos sociales.

Ante la ausencia de una candidatura de independencia de clase en el resto del Estado, la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) llamamos al voto en blanco o nulo de manera general. En Catalunya nuestro voto a la CUP es crítico. No ocultamos las diferencias que mantenemos y de las que la principal sigue siendo que es necesario llevar hasta el final las lecciones que dejó el otoño de 2017: trazar una línea de independencia de clase con los partidos de la burguesía y pequeña burguesía catalana, para desplegar un programa anticapitalista y revolucionario que permita unificar las filas de la clase trabajadora para una lucha común en Catalunya y el resto del Estado.

Los intentos de cerrar la crisis de Régimen y la colaboración de Unidas Podemos, Más País y las confluencias

La estabilidad y “salir del bloqueo” es el mantra de la campaña electoral del 10N. Lo repiten desde Ciudadanos y el PP hasta el PSOE de Pedro Sánchez, pero también Unidas Podemos y Más Madrid. Los grandes partidos del Régimen esperan que el resultado que salga de las urnas permita establecer algún tipo de gobierno estable y un “retorno a la normalidad”. Hacía ahí van los movimientos de Rivera abriendo la mano, Casado rebajando el tono y Sánchez envolviéndose en la bandera como en 2017.

El siguiente gobierno será pues el que aplicará el ajuste pendiente que demandan desde la CEOE, el Banco de España y la Comisión Europea. Será el que seguirá adelante con la “hoja de ruta” dictada por el Rey el 3 de octubre de 2017 para acabar con la cuestión catalana a base de represión. Será el que, con recetas que varían de matiz, querrá darle un cierre reaccionario a la crisis del Régimen del 78.

A este nuevo marco es al que están adaptando su agenda -más allá de las diferencias en el discurso- tanto ERC como JxCAT, embarcados en una vuelta al autonomismo y aplicando nuevos ataques neoliberales como el que representa la Ley Aragonés del Govern que privatiza servicios públicos esenciales.

Los partidos del neorreformismo -tanto UP como Más País- no oponen ninguna alternativa a este curso. Mas bien vienen peleando para que les dejen ser parte de la versión “progre” de este cierre por arriba. Unidas Podemos ha demostrado que están dispuestos aceptar el grueso del programa del PSOE en todas las materias. Sobre Catalunya es la cesión más abierta, han dejado claro que si los aceptan como socios serán leales con la política del bloque monárquico. Ahora desempolvan propuestas como el control de los alquileres o la derogación de la reforma laboral. Pero son las mismas que entregaron sin paliativos para conseguir asientos en el Consejo de Ministros.

El discurso de que con el PSOE se puede conseguir un “gobierno progresista” solo ha servido para blanquear a uno de los pilares del bipartidismo y, más grave todavía, obstaculizar la preparación de la resistencia a las políticas antiobreras y antipopulares que sin duda aplicará un hipotético nuevo Ejecutivo “socialista”. El otro gran discurso de que hay que apoyarle como “mal menor”, bien sea desde la investidura como dice Anticapitalistas o desde un pacto programático como ha propuesto IU, tiene las mismas consecuencias.

La izquierda que hay que poner en pie en todo el Estado

El voto a la CUP, o las simpatías políticas que pueda despertar en el resto del Estado, pueden ser una expresión de sectores que han hecho una experiencia con la llamada izquierda del “cambio” y su política de subordinación al PSOE e integración en el Régimen. Y también de quienes la han hecho con el procesismo y ven que la lucha democrática catalana solo podrá ser llevada hasta el final por una movilización independiente y ligada a la resolución de los grandes problemas sociales.

Esto hace más imperiosa la necesidad de que la CUP termine de romper con toda ilusión de alianza con los viejos partidos procesistas y busque la confluencia con el resto de la izquierda anticapitalista del Estado en base a un programa de independencia de clase. Del mismo modo, Anticapitalistas debería plantearse romper definitivamente con Podemos y toda política del “mal menor” y subordinación al PSOE. Serían pasos muy auspiciosos en la perspectiva de empezar a constituir un polo de independencia de clase y anticapitalista.

Quienes integramos la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) queremos acompañar a los sectores que pueden votar o simpatizar con la CUP desde esta perspectiva. Lo hacemos convencidos de que en el próximo período la tarea estratégica es construir una fuerte izquierda anticapitalista y revolucionaria de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud, que enfrente los planes del siguiente gobierno y las tentativas de imponernos una Transición 2.0 en clave autoritaria y centralizadora.







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