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Red Internacional

Hipocresía capitalista. COP27: notable aumento en las delegaciones del lobby del combustible fósil

La cantidad de delegadas y delegados que responden a los intereses de compañías petroleras o gasíferas aumentó un 25% según la BBC. Un dato más que desnuda la hipocresía capitalista frente a la crisis climática.

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Sábado 12 de noviembre | 13:32

Según el análisis de la ONG Global Witness que publica la BBC de Londres, el número de delegados vinculados a la explotación de petróleo, carbón o gas en la cumbre climática de la ONU, la COP27 de Sharm El Sheik, Egipto, creció un 25% en comparación con la última Conferencia de las Partes del Acuerdo Climático de la ONU (COP), la número 26, llevada adelante en Glasgow el año pasado.

Según Global Witness, el número de personas ligadas a los intereses de la industria que está en el centro de las responsabilidades de la emisión de gases de efecto invernadero, asciende a 636, más que las delegaciones combinadas de los 10 países más afectados por el clima.

En la COP26 de Glasgow, el número de delegados conectados a los combustibles fósiles ascendía a 503.

Global Witness dice que hay 200 lobbystas en las delegaciones nacionales. Mientras que otros 436 están en grupos comerciales, organismos internacionales u otras organizaciones no gubernamentales.

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"La COP27 parece una feria comercial de la industria de los combustibles fósiles", dijo Rachel Rose Jackson, de Corporate Accountability, un grupo de activistas que publicó los datos junto con Corporate Europe Observatory.

"Estamos en un carrusel de locura aquí en lugar de la acción climática. La industria de los combustibles fósiles, su agenda, es mortal. Su motivación es el lucro y la codicia. No se toman en serio la acción climática. Nunca lo han sido y nunca lo harán".

Los datos muestran que este año hay más cabilderos de combustibles fósiles que delegados totales de los diez países más afectados por el cambio climático, incluidos Pakistán, Bangladesh y Mozambique.

La delegación individual más grande en la COP27 es la de los Emiratos Árabes Unidos, un Estado fuertemente ligado a los intereses de producción combustible fósil, que será la sede de la COP28 el próximo año. Su delegación asciende a 1.070 personas, frente a las 170 del año pasado.

El análisis encontró que 70 de esa delegación estaban conectados directamente a la extracción de combustibles fósiles.

A su vez, la delegación de Rusia tiene 33 lobbystas a favor del petróleo y el gas, de una delegación de 150.

Frente a estos datos, el hecho de que el principal sponsor de la COP26 sea Coca Cola, una de las principales contamitantes de plásticos del planeta, parece anecdótico.

Vale recordar la gravedad de la situación de la crisis climática: los acuerdos de París planteaban la necesidad de una reducción a la mitad en la producción de Gases de Efecto Invernadero (centralmente producto de la combustión de combustible fósil para diferentes industrias, pero también ligados a la deforestación, cambios en los usos del suelo, destrucción de sumideros de carbono como humedales, etc.) para 2035, y a cero para 2050, para evitar traspasar un nivel de calentamiento de 1,5 grados por sobre el nivel preindustrial (1750), lo que tendría consecuencias aún más catastróficas que las que ya está experimentando el planeta y las poblaciones de las mayorías trabajadoras. A su vez, el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) viene señalando que las consecuencias de los cambios son mucho más rápidas y fuertes que las previstas, con lo que la ventana de tiempo cada vez es menor. En este marco, los sectores burgueses ligados al combustible fósil (o el agronegocio, si se habla de deforestación), de la mano de los Estados que garantizan sus negocios, empezando por Estados Unidos y China, los principales emisores históricos y actuales, vienen impulsando esta producción.

De hecho, las emisiones están aumentando en vez de disminuir: este año aumentarán 1%, según el sitio especializado Global Carbon Project, y no hay necho más que aumentar en las últimas dos décadas (en las cuales se emitó más de la mitad del total de GEI desde la era preindustrial).

En los términos del análisis del IPCC esto ubica a la tierra en una previsión de calentamiento de alrededor de 2,5 grados centígrados para fines de siglo, de consecuencias aún catastróficas e imprevisibles. Esto no quiere decir que no haya oportunidad de cambiar el rumbo climático, todavía es posible, pero sí muestra la necesidad de que la clase obrera a nivel mundial intervenga imponiendo un freno de emergencia a los intereses de las burguesías y sus Estados, expresados en las COPs.

El lobby africano para producir combustible fósil. ¿Y Argentina?

En este marco también, un sector de lobbystas responde a Estados y gobiernos africanos, que presionan para explotar las reservas situadas en ese continente: "Si no estás en la mesa, estarás en el menú", señaló el Dr. Omar Farouk Ibrahim, jefe de la Organización Africana de Productores de Petróleo, hablando con la BBC en la COP27.

Uno de los argumentos de Faouk es que hay 600 millones de personas en todo el continente que no tienen acceso a la electricidad. Por esto rechaza la idea de que África debería renunciar a sus grandes reservas de petróleo y gas a cambio de tecnología renovable y financiación de las naciones más ricas.

Ha habido una "carrera por el gas" recientemente entre algunas naciones africanas, ansiosas por explotar sus recursos en un momento de mayor demanda en Europa y en otros lugares. Senegal, por ejemplo, busca explotar sus reservas de gas descubiertas recientemente. "Lo que es importante para nosotros es cómo podemos usar estos recursos para desarrollar nuestro país y reforzar nuestra economía y exportarla a países emergentes y desarrollados", señaló a la BBC Idy Niang, de la delegación de Senegal.

Pero si bien los argumentos de Faouk o de Niang son preocupantes sobre el fondo de la crisis, en tanto justifican el avance los capitales extractivistas de la industria fósil en ese continente, con las consecuencias de agravar aún más la crisis climática y de saquear sus economías, pueden sonar familiares en nuestro país.

La delegación del gobierno argentino, con Alberto Fernández a la cabeza, avanza en el mismo sentido y de la mano del lobby: mientras busca su greenwashing participando de la COP27, reclama su derecho a producir combustible fósil de la mano de empresas como Chevron, Shell, British Petroleum, Equinor, ya sea mediante el fracking como mediante la perforación en las aguas ultraprofundas en el mar argentino.

Al mismo tiempo, promueve el agronegocio, uno de las industrias responsables de la deforestación récord del país (uno de los diez que más deforesta a nivel mundial en las última década), y la megaminería del litio, que amenaza con destruir los humedales altoandinos. (Todo esto se ve expresado en el lobby directo contra la Ley de Humedales.)

En el marco de una crisis climática que afecta de conjunto cada ecosistema del planeta, la apelación a un supuesto "desarrollo" nacional para producir aún más combustible fósil y destrucción de ecosistemas claves, de la manos del mismo capital concentrado que está en el centro de la destrucción del planeta, no solo muestra enormes contradicciones del "capitalismo verde", sino otra cara del negacionismo climático y el lobby fósil.

Frente a esta situación, las diferentes luchas contra el avance extractivista, como el intento de exploración y explotación offshore, contra la megaminería como en Andalgalá, Mendoza y en Chubut (donde con la intervención de la clase obrera portuaria se hizo retroceder al gobierno del Frente de Todos), por la Ley de Humedales en todo el país, o de sectores de trabajadoras y trabajadores como la gráfica Madygraf o Zanón en Neuqúen muestran la posibilidad de darle una salida a la crisis, contra la hipocresía de la ONU y de los gobiernos, tanto del Norte como del “Sur Global”.


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