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Red Internacional

Una clase fraudulenta. El rol del estado en la concepción de la vicepresidenta. Ya está en las bandejas de email el newsletter de Economía de La Izquierda Diario y El Círculo Rojo.

Pablo Anino@PabloAnino

Jueves 23 de junio | 09:08

En su discurso del 20 de junio en Avellaneda la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, al igual que cuando visitó la Universidad Nacional del Chaco Austral a principio de mayo, se vio en la necesidad de realizar una defensa del capitalismo. Dijo que es el modo “más eficiente tal vez de producción de bienes y servicios a escala global”. Por suerte, ofreció un dejo de duda con el “tal vez”. No obstante, la descripción que hizo del funcionamiento del capitalismo autóctono, lejos de cualquier racionalidad asociada a las necesidades sociales, lo exhibe al borde de la locura.

Veamos primero algunas cuestiones sobre el capitalismo mundial. En Avellaneda, la vicepresidenta habló de la crisis económica mundial iniciada en 2008, cuyo hito fue la quiebra de Lehman Brothers (2009), que la vicepresidenta afirmó (y es cierto) todavía no fue superada. Esta crisis cuyos efectos se extienden hasta la actualidad exhibe la eficiencia del capitalismo en términos precisos: los grandes bancos, los más poderosos del mundo, se beneficiaron con los rescates de los estados (como también explicó CFK) mientras los trabajadores pobres eran desalojados de sus viviendas, arrojados a la miseria.

La vicepresidenta contó que, en aquella crisis, la del 2009, ella aparecía en Olivos como mercachifle vendiendo bicicletas, lavarropas y ofreciendo crédito barato para sostener el mercado interno. A ese relato le faltan algunas partes. En ese año, también decidió usar la plata de la ANSES (de los jubilados) para asistir a los más débiles, como la General Motors, que recibió un crédito de U$S70 millones. Fue un crédito "en condiciones sumamente convenientes", como explicó en ese entonces la actual vicepresidenta. Esto devela una concepción de la intervención del Estado. No es como dice Javier Milei, que ve comunismo hasta en la sopa en cada acción estatal. Por el contrario, la concepción de Cristina es un de un Estado que contribuye a la acumulación del capital. La misma idea está presente cuando le pide a Techint que produzca en el país lo que la empresa elabora en Brasil.

En aquel 2009, incluso se asistió a las empresas con los REPRO y con la reducción en los costos laborales. No obstante, se produjeron miles de despidos en nuestro país: en el tercer trimestre de aquel año se habían destruido 143 mil puestos de trabajo registrado en el sector privado en relación al mismo período de 2008. Muchos más puestos se destruyeron cuando se considera la pérdida de empleo informal. Los que resistieron ese destino de ir a parar a la calle, como los trabajadores de Kraft (actual Mondelez) de la planta Pacheco, fueron apaleados por la policía bonaerense, en ese momento comandada por Daniel Scioli, el hombre ahora indicado para la patriada de detener las importaciones. Si vamos a contarlo, vamos a contarlo todo. Sino solo queda el relato mítico que CFK construye de su pasado.

La “eficiencia” del sistema también se observa en la crisis pandémica del Covid, cuyo origen hay que rastrearlo en las formas en que el capitalismo produce y se reproduce. En el último Foro de Davos, la organización OXFAM estimó que 263 millones de personas podrían llegar a la pobreza extrema para finales de 2022, por lo cual existirían en el mundo un total de 860 millones de personas en situación de pobreza extrema. En el otro polo, la riqueza de los milmillonarios aumentó más durante los veinticuatro primeros meses de la pandemia que durante los veintitrés años que transcurrieron entre 1987 y 2010.

Hay muchas dudas de que el capitalismo sea eficiente para producir bienes y servicios, pero no hay dudas que el capitalismo es muy eficiente para concentrar recursos, riqueza, en pocas manos: la de los capitalistas. A pesar de que CFK se diferencia del presidente que encumbró, en estas pampas, durante la pandemia y hasta la actualidad, los resultados no fueron diferentes al resto del mundo: los ricos se hicieron más ricos.

Hasta aquí un anticipo. Si te interesa leer completa esta entrega de El juguete rabioso o que te lleguen los newsletters del programa radial El Círculo Rojo y La Izquierda Diario ingresa en este link




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