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Red Internacional

Doce años de kirchnerismo no lograron resolver los grandes problemas del pueblo trabajador bonaerense. Pero Cambiemos se prepara para representar los mismos intereses, los de los grandes empresarios y terratenientes.

Martes 27 de octubre de 2015 | Edición del día

Doce años de kirchnerismo a nivel nacional y en la Provincia de Buenos Aires no lograron resolver los grandes problemas del pueblo trabajador. Es calamitoso el estado en el que deja la provincia Daniel Scioli en lo que hace a las necesidades de los trabajadores y los sectores populares. Con una educación pública en donde ni siquiera se garantizan los sueldos de los docentes, se cobra menos de la mitad de la canasta familiar por cargo y hay carencias enormes en infraestructura. Y lo mismo sucede en la salud pública.

Como lo denunció en cada oportunidad el legislador provincial (mc) Christian Castillo, lo único que pudo mostrar Scioli en su campaña es que llenó de policías la provincia, cuestión que reveló cada vez más su intención de reforzar el aparato represivo, el mismo que es el verdadero responsable del gran delito y el gatillo fácil. Presentación de gabinete de por medio con Berni, Granados y Casal como abanderados, no tuvo nada que envidiarle a Macri y a Massa en este propósito.

Daniel Scioli apostó durante su campaña a que no se hable de la provincia porque los trabajadores saben que benefició a los empresarios, con exenciones impositivas y créditos a las empresas de los Parques Industriales que precarizan la mano de obra. Conocen que permitió la proliferación de los countries y los barrios privados, causantes de las inundaciones que castigan particularmente a los sectores más postergados. Esto se vio agravado por la falta absoluta de un plan de obra pública en materia hídrica e hidráulica, como se demostró en las inundaciones que padecieron los bonaerenses a mediados de agosto y que encontraron a Scioli de viaje en Italia. Contrastando con la especulación inmobiliaria que beneficia a unos pocos, hay un millón y medio de familias que en la provincia siguen viviendo en asentamientos o en situaciones de extrema precariedad, sin cloacas, sin agua potable, sin red de gas; y en condiciones absolutamente indignas.

Por el contrario, esta fue la “agenda” que defendieron los candidatos del Frente de Izquierda en toda la provincia, alertando que cualquiera que ganara la elección iba a ser el garante de aplicar un ajuste con represión sobre el pueblo trabajador. Y la importante elección que realizó el FIT tanto a la fórmula presidencial de Nicolás del Caño y Myriam Bregman como a nivel provincial, pese a la polarización del “voto útil”, es un mensaje a los empresarios y el gobierno de que sus planes no van a pasar sin resistencia. Es también un testimonio de que cada vez más sectores importantes de trabajadores y de jóvenes ven en el Frente de Izquierda una fuerza política que defiende sus derechos. La nueva banca conquistada por el Frente de Izquierda va a trabajar en este sentido.

El “batacazo” de Cambiemos y la hegemonía peronista

Las elecciones del domingo pasado dejaron un escenario político reconfigurado en la Provincia de Buenos Aires, donde se desató la “madre de todas las batallas. La sorpresiva victoria de María Eugenia Vidal (Cambiemos-PRO) que derrotó por casi cinco puntos al autodenominado “kirchnerista (otrora duhaldista) de paladar negro”, Aníbal Fernández, fue uno de los “batacazos” de estas elecciones, al terminar con 28 años de hegemonía peronista en territorio bonaerense y lograr imponerse en la categoría de legisladores provinciales en siete de las ocho secciones electorales, lo cual modificará las relaciones de fuerza en las cámaras provinciales y augura futuros escenarios de crisis. Ni en la Cámara baja ni en la alta a nivel provincial el oficialismo contará con quórum propio, por lo que deberá contar con el apoyo de otros bloques para su funcionamiento y esto le imprimirá un componente de mayor inestabilidad a su gobierno o lo obligará a depender del dictamen de decretos constantemente.

La candidatura de Vidal mostró un crecimiento de casi diez puntos respecto a la performance de Cambiemos-PRO en las PASO a nivel provincial a la categoría de Gobernador. En parte lo que explica esto es que haya logrado un fuerte corte a favor suyo, superando por seis puntos a Mauricio Macri votado en la categoría presidente en la provincia y traccionando votos de Felipe Solá (UNA) que sacó tres puntos menos que su candidato presidencial Sergio Massa en territorio bonaerense, ubicándose tercero con el 19% de los votos.

Es cierto que la campaña de Aníbal Fernández y Martín Sabatella partía de una contradicción central, que les sería imposible de resolver. Estaban obligados a hacer una campaña sin hablar de la Provincia de Buenos Aires, ya que cualquier propuesta de gobierno que hicieran tenía que partir de un diagnóstico que no se le escapa a nadie: la desastrosa situación que se encuentra la misma después de ocho años de gobierno de Scioli en cualquiera de las áreas que le interesa a los sectores populares. Frente a esto, la demagogia de Macri y Vidal con su discurso de “acercarse a la gente” y “escuchar los problemas de los vecinos” constituyó en definitiva una gran ventaja.

Esta elección le permite al PRO cosechar el triunfo en varias intendencias, ahora no solo del interior bonaerense donde ya gobernaba en quince a través de sus socios radicales sino también penetrar en importantes localidades del Gran Buenos Aires, bastión históricamente peronista. Como saldo, a partir de esta elección tendrán sesenta y cuatro intendencias, entre las más importantes La Plata (Capital), Bahía Blanca y Mar del Plata. Y en el Gran Buenos Aires desbancaron a históricos dirigentes peronistas como el “Barba” Gutiérrez en Quilmes, Hugo Curto en Tres de Febrero, se hicieron de las intendencias de Lanús, Pilar y Berisso, el “kilómetro cero del peronismo”, y desplazaron al sabatellismo que venía hace dieciséis años gobernando Morón. Por su parte, el kirchnerismo se quedó con cincuenta y siete intendencias y el UNA con diez.

María Eugenia Vidal, así como su referente a nivel nacional, Mauricio Macri, que ahora va a competir en el balotaje con Daniel Scioli, se presenta como el “cambio” frente al kirchnerismo pero en realidad se prepara para representar los mismos intereses, los de los grandes empresarios y terratenientes bonaerenses, para los cuales va a gobernar. Y desde ahora va a ir preparando el escenario para arreglar con la burocracia sindical que se dividió y apoyó distintas listas, para que sea su socia en aplicar sus planes de ajuste y devaluación.

Pero a pesar del resultado de las elecciones nacionales y provinciales que expresan un “consenso conservador” y un giro a la derecha, las fuerzas de los trabajadores y los sectores populares están intactas y van a ofrecer lucha y resistencia ante los mismos. El Frente de Izquierda y sus diputados estarán en las calles y en los recintos del Congreso Nacional y las legislaturas provinciales peleando codo a codo para defender los derechos de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

“El Herminio Iglesias del progresismo”

También hay que decir que la fórmula encabezada por Aníbal Fernández que había recibido la bendición de Cristina Fernández para las PASO, no logró retener los votos de sus contrincantes apoyados por Scioli, Julián Domínguez y Fernando Espinoza, cuando en total sumaron poco más del 40% de los votos. La división del aparato del peronismo que fue evidente en agosto, cuando los principales barones del conurbano apoyaron a “uno de los suyos” y los “Octubres” apoyaron a Fernández, ahora pegó un nuevo “salto” como se ve en la denuncia que hace el propio Aníbal Fernández respecto al reparto de “boletas cortadas” por parte de los intendentes del conurbano que no lo acompañaron en las PASO y que temían perder por su imagen.

Ahora sólo logró cosechar poco más del 35% de los votos, en la peor elección que realiza el peronismo en la pelea por la gobernación bonaerense en su historia. Para encontrar un antecedente de una derrota del peronismo hay que remontarse hasta 1983 cuando la fórmula encabezada por Herminio Iglesias (PJ) fue derrotada por el candidato del alfonsinismo, Alejandro Armendáriz (UCR). Pero inclusive en ese entonces la fórmula peronista obtuvo casi el 40% de los votos.

Pero esa no es la única similitud que uno podría encontrar entre los dos. Si allá por 1983, Herminio Iglesias, un matón de la UOM y de las bandas de la derecha peronista en los setenta, famoso por prender fuego un ataúd con boletas del radicalismo en el cierre de campaña, fue el blanco sobre el que hizo Raúl Alfonsín para desprestigiar y derrotar al PJ, ahora “Hanníbal” Fernández, el candidato de La Cámpora y el kirchnerismo duro fue el “Herminio Iglesias del progresismo”. Sobre quien fuera formado en más el rancio pejotismo noventista, uno de los responsables de la “Masacre de Avellaneda” donde asesinaron a Darío Santillán y Maximiliano Kosteky y quien frente a la desaparición de Jorge Julio López había dicho que “se había ido a tomar el té a la casa de una tía”, los kirchneristas depositaron las expectativas de de hacer de la Provincia de Buenos Aires un bastión propio. Y en su fracaso, ahora el sciolismo lo culpa de haber “arrastrado” hacia abajo a su candidato a presidente. Promesas de una crisis de uno de los principales aparatos de dominación y contención social que seguro va a dar que hablar en adelante.

Para ser fieles a la verdad, así como Scioli fue un candidato por “default”, frente al desconocimiento y la escasa intención de voto de los candidatos kirchneristas que se dieron un “baño de humildad” (o les dieron uno, como a Florencio Randazzo), Aníbal Fernández también fue la “segunda opción” de Cristina Fernández, ante la negativa del Ministro de Interior y Trasporte de “bajarse” a la disputa por la provincia. El kirchnerismo en 12 años no logró constituir su “propio legado” por una sencilla razón: simplemente no lo podía hacer. Siempre fue una alianza de sectores progresistas que llevó en su seno al aparato del pejotismo aunque escondido por el “relato”, alimentado por algunas políticas desde el Estado para contener la movilización social y la impugnación que vivieron los partidos políticos en el 2001. Y al final de su ciclo mostró su verdadera piel.

El voto al Frente de Izquierda

La elección que hizo el Frente de Izquierda, ubicándose como cuarta fuerza nacional y provincial, superando al centroizquierda de Progresistas que encabezaba Stolbizer, con cerca de un millón de votos en distintas categorías nacionales y cerca de 340.000 a Presidente en la Provincia de Buenos Aires y 390.000 a diputado nacional, es la más destacada en una elección ejecutiva en décadas. Muestra un voto más homogéneo que en las elecciones de 2011 donde la diferencia entre una y otra categoría eran mayores. A nivel provincial realizó una destacada votación a presidente y diputado nacional en ciudades como La Plata, Tigre, Matanza, Almirante Brown, Avellaneda, Bahía Blanca, Berisso, Ensenada, Ezeiza, Escobar, Lanus, Lomas de Zamora, Quilmes y Tres de Febrero. Esta elección significa la consolidación del FIT como una fuerza política nacional para enfrentar a la derecha, al ajuste que preparan tanto Scioli como Macri, y para defender los derechos de las mujeres, los trabajadores y la juventud.




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