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Red Internacional

Muertes evitables.Bronca y dolor: falleció por covid-19 un tercer estudiante secundario del Bajo Flores

En el Barrio Ricchiardelli, ex 1-11-14, intentamos transformar la bronca en organización. La segunda ola golpea peor en las barriadas más vulnerables, profundizando los problemas estructurales de trabajo, vivienda, salud y educación

Hernán CortiñasDocente delegado de UTE-CTERA

Jueves 27 de mayo | Edición del día
Foto: Agencia EFE

Este sábado a la noche nos llegó, otra vez, esa noticia que ninguno quiere oír, “falleció otro estudiante por covid-19”. En la tele y en los medios nos hablan de fríos números, pero los muertos tienen nombre, familias, hijos. La muerte de nuestro estudiante, Juan Pablo, nos llena nuevamente de bronca y odio.

Bronca acumulada por años injusticias contra nuestros estudiantes, que no pudieron terminar el secundario y que, ahora adultos, hacen el esfuerzo de seguir estudiando durante las noches tras largas jornadas de trabajo, si es que tienen ingresos fijos y no tienen que rebuscarse con changas de todo tipo.

Bronca porque, frente a la pandemia, nunca tuvieron el derecho a cuidarse y “quedarse en casa”, porque esos insuficientes tres pagos del IFE son algo del año pasado y el nuevo confinamiento dispuesto por el presidente llegó casi sin ayuda social, mientras la feria en donde cientos intentan vender algo se cierra nuevamente.

Bronca porque según la OIT y Unicef en Argentina el 16% de las y los adolescentes de entre 13 y 17 años están saliendo a trabajar para el mercado, y la mitad de ellos comenzó a hacerlo durante la pandemia, relegando, aún más, sus estudios.

Bronca porque en el país ya se fabricó el principio activo para 60 millones de dosis de vacunas contra el covid-19, pero recién ahora llegaron las primeras 800 mil dosis para distribuir.

Bronca porque tanto Larreta como Alberto se llenan la boca hablando de la importancia de la educación, pero en las barriadas populares no garantizan conectividad ni dispositivos y encima, donde sólo está el plan FinEs como oferta educativa secundaria de adultos, recién pudimos arrancar a mediados de mayo, porque no nos daban el alta a nuestros ya precarios contratos.

Bronca porque la principal respuesta desde el Estado es la militarización de las barriadas, que se llevan vidas en casos de gatillo fácil como el de Facundo Scalzo el año pasado, o allanamientos ilegales que destruyen casas o incluso un bachillerato popular como pasó este jueves.

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Bronca porque el covid-19 no discrimina, pero la sociedad capitalista en donde vivimos sí, condenando a los sectores más empobrecidos a exponerse en barrios hacinados y con frecuentes cortes de agua, en transportes repletos, en trabajos sin insumos para los protocolos o en hospitales colapsados.

No es tapa en Clarín ni en Página12, pero la mortalidad es claramente mayor en los sectores más empobrecidos, algo ya comprobado por estudios internacionales, y como si fuera poco, en el último año hay 3 millones de nuevos pobres en Argentina, llegando a afectar al 62% de los niños del país. La crisis sanitaria, económica y social empeora la vida para las mayorías, mientras se multiplican las torres de lujo en la Ciudad y los ostentosos countries en la provincia de Bs. As. La política de acordar los pagos al FMI y no enfrentar a los sectores más concentrados de la economía, no se diferencia mucho de una miseria planificada.

No podemos esperar que lleguen soluciones desde arriba. Sobretodo si, como dijo el presidente hace pocos días, “estamos en el peor momento de la pandemia” pero seguimos sin vacunación masiva para que no haya más muertes evitables, sin IFE para respaldar de forma urgente la situación crítica de miles de familias, sin garantizar conectividad y dispositivos para la educación virtual, y como si todo esto fuera poco, sin canastas alimentarias o refrigerios, en el caso de las secundarias, para nuestros pibes durante los días sin clases presenciales ni virtuales, ya que el gobierno de Larreta también las suspendió.

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Ante la falta de respuestas por parte del gobierno nacional y de la Ciudad, es más urgente que nunca multiplicar las acciones para visibilizar todos nuestros reclamos como el corte que hicimos en Cobo y Curapaligüe el pasado 6 de mayo por conectividad y vacunación masiva.

No partimos desde cero, contamos con el ejemplo de lo están haciendo las familias y trabajadores de Barracas y Lugano (se puede leer acá y acá) y la propia experiencia de la Red de docentes, familias y organizaciones del Bajo Flores.

Más que nunca, necesitamos unirnos de forma democrática e independiente de todos los gobiernos entre los cientos de docentes, familias, trabajadores de la salud, trabajadores precarizados y quienes en plena pandemia perdieron el trabajo, desocupados, estudiantes, para pelear por arrancarle al Estado todas estas demandas.

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