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Brian Ollearo: “El arte separado de la realidad tiene que terminarse”

Dialogamos con Brian Ollearo*, coordinador y director del taller “La Nueva Escuela Teatro”, el cual es expone todos los jueves 21 hs en el Centro Cultural La Nave de San Lorenzo 1383.

Martes 6 de septiembre de 2016 | Edición del día

Rosario es una ciudad con muchas alternativas artísticas independientes. Como contracara de la violencia asociada con el narcotráfico y el gatillo fácil por parte de la Policía, se elevan muchos talleres artísticos, murgas y grupos de arte. Los mismos, no son impulsados por el Gobierno Provincial, quien atenta cada vez más contra ellos, sino muchas veces por los mismo sujetos que son objeto de la mano dura estatal. El teatro se suma a estas alternativas como modo de liberación y expresión.

¿Hace cuánto comenzó el taller y a qué apunta?

  •  Esta forma de taller comenzó en la Provincia de Buenos Aires hace tres años, con experiencias maravillosas, tanto con “CotolenGo!” el primer grupo que dirigí, como también talleres en barrios, con chicos, grandes, mucha diversidad y acción. En el 2015 tuve la oportunidad de dar clases durante un año en la unidad penitenciaria n° 19 de Saavedra, también en Buenos Aires, trabajando con los presos la experiencia enriqueció aún más los modos de construir desde el teatro, nuevas formas de inclusión y despertares. En Rosario comenzamos hace dos meses, arrancamos siendo seis, hoy el taller cuenta con casi treinta inscriptos y de a poco nos preparamos para las próximas presentaciones ante el público

    ¿En qué se basa el arte comprometido con la realidad? ¿Y el teatro?

  •  La palabra “compromiso” muchas veces delata ceño fruncido y puede presentar algunas limitaciones propias de esta tensión. Tiene que haber una relación con la problemática de la realidad que es la problemática del proceso actual, del proceso revolucionario. Se trata de abordar al arte como un engranaje más en la construcción de una sociedad más equitativa y libre, que no debe activar separado de la realidad que viven las masas, la clase trabajadora, los estudiantes, el resto de los artistas. Ese tipo de compromiso, debe insertarse en el cotidiano colectivo, abandonando la tendencia de galerías de arte tipicas que esperan el ocio de los que pueden ir, que termina siendo entretenimiento o distracción. El arte separado de la realidad, como expresión iluminada allá arriba tiene que terminarse, y convertirse en una forma de vida, en lo real. Murales en las fábricas, esculturas en las escuelas, teatro en las calles… Si el arte empapa el cotidiano somos más libres, en definitiva más humanos.

    El teatro, mientras tanto, desde la escena, puede reflejar los modos alienantes de este tiempo y proponer la alternativa, incentivar la profundización del proceso emancipatorio, de igualdad de oportunidades

    ¿Qué autores podemos asociar en la actualidad con esta corriente?

  •  Mi guía y la de los talleres que dirijo es (Norman) Briski, yo estudie con varios profesores pero él fue mi maestro, el que cambió la forma en que veo al teatro, por supuesto que en el camino fui sumando recursos de la misma práctica o experiencia. Hay también corrientes invisibles, y digo invisibles porque la información de lo que pasa está ahogada en la monopolización de la palabra. Las expresiones más puras de esta corriente son aquellas que están siendo interpretadas por los propios trabajadores, desempleados, víctimas de la discriminación o de la desigualdad, donde se cuenta algo en primera persona habiendo por supuesto estudiado esa manera de comunicar, habiendo estudiado el recurso.

    La acción artística no debe estar delegada a los iluminados, cualquiera puede actuar, todos, por supuesto hay que estudiar la obra, el libreto, los roles dentro de escena, la formación del actor, pero autores podemos ser todos.

    ¿Qué lugar tiene la intervención callejera y su ruptura con lo monótono?

  •  Lo que te decía de la invasión artística en el cotidiano colectivo, de inundar la vida diaria con nuevas formas de comunicación. En Buenos Aires trabajamos con intervenciones artísticas callejeras y fue genial. En “Cabezas de televisor”, por ejemplo, los actores vestidos de plateado con televisores en sus cabezas caminaban entre los autos, entre la gente, tipo zombis, en un intento de reflejar la alienación mediática a la que nos someten pero además rompiendo con la rutina del espectador, esa noche fue distinta para muchos, es interesante lo que pasa en este tipo de intervenciones, la reacción de la gente y la intensidad en la acción que vive el actor. Otra de las intervenciones fue “Poder punitivo y los invisibles”, la escena era muy fuerte: un tipo con traje y anteojos ploteados con el signo dólar era llevado en un trono por los privados de la libertad de todos los tiempos; había gitanos, locos, prostitutas, hippies, obreros, una escena viva plagada de los “otros malos” marcados por los poderosos a lo largo de la historia… Había gente que aplaudía cuando pasábamos y otra que preguntaba si era una despedida de solteros. (Risas)

    ¿Cómo ves al teatro independiente de la industria del entretenimiento hoy en día en nuestro país?

  •  La palabra “independiente” está muy baqueteada, la usa el que se disfraza de cubo negro y critica al presidente y la usa el periodismo empresarial, amigo del presidente. La independencia yo creo que debería ser el objetivo final y permanente, hablo de independencia económica, cultural, social. Las expresiones artísticas masivas hoy están en manos del mercado, que las regula e impone su impronta y que además genera tendencia. El teatro va a ser independiente en la medida que la sociedad en la que se expresa sea independiente, libre y soberana. Por eso creo que debe ser un engranaje más en el proceso de liberación colectiva

    ¿Qué lugar tienen los jóvenes en acceso al arte y al teatro?

  •  Los jóvenes tienen el entusiasmo, que es lo más valioso de esta vida, el entusiasmo por accionar, por actuar, por pintar murales nuevos y romper lo establecido. Para accionar no hay que esperar que se abra la puerta de acceso a nada, el arte está en manos del que vive, hay que abrir las manos, tender puentes. Acá en Rosario los pibes se juntan en las plazas a hacer batallas de rap, a mí eso me conmueve, hacen sin pedir permiso. Una vez me censuraron una obra de teatro al ver el ensayo, porque el secretario de la asociación dijo que éramos unos histéricos, el tipo me decía – ¡En este teatro cantó Gardel! Ustedes no pueden hacer esto acá- y uno de los alumnos trataba de convencerme de que lo hiciéramos en la calle o en la puerta de su casa

    Con el plan de ajuste del gobierno ¿cómo crees que va a influir en el teatro independiente?

  •  Eso depende del artista y del lugar que quiera ocupar en la historia, hay que saber interpretar el momento, canalizar la crisis en expresiones nuevas que sepan comunicar el sufrimiento o los nuevos logros del pueblo y generar conciencia de derechos. El cerco mediático es muy fuerte, pero no podemos regalarle el campo de la comunicación a los que promueven o justifican el desempleo.

    ¿Qué mensaje le podes dar a los jóvenes que buscan expresarse a través del arte hoy en día?

  •  Que se comuniquen con el otro, que tomen mate con el vecino, que charlen con el colectivero o con el que creen que piensa distinto. La comunicación es el gran problema de este tiempo a resolver, y si además de hablar con el otro lo hacemos desde el arte como recurso estético y de valoración de la condición humana entonces ganamos todos.

    ¡Y que se sumen a La Nueva Escuela, que está buenísimo!

    * Brian Ollearo nació en Coronel Suarez, Provincia de Buenos Aires, estudio actuación con Norman Briski en Capital Federal, y dirigió múltiples talleres y movidas artísticas y culturales, escribió y dirigió las obras de teatro "Dame Fuego" y "El Cielo Puede Esperar", realizo trabajos como actor en cine y publicidad, produjo ciclos de radio en el campo de la comunicación popular y actualmente dirige "La Nueva Escuela Teatro" en la ciudad de Rosario, un espacio de inclusión y expresión artística donde el teatro ocupa el eje central.







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