Economía

GIRA INTERNACIONAL DE MACRI

Brasil y Argentina: revitalizar la relación bilateral, con la mira puesta en Europa

En su visita a Brasil, el presidente electo Mauricio Macri señaló la expectativa de “fortalecer las relaciones comerciales”. El futuro del Mercosur, un bloque a la medida de las multinacionales, en el marco de las negociaciones comerciales con la Unión Europea

Esteban Mercatante

@EMercatante

Sábado 5 de diciembre de 2015 | Edición del día

Contrariamente a lo que podría pensarse, el resultado del 22 de noviembre generó expectativas muy favorables en el principal socio comercial de la Argentina, el vecino Brasil. No sólo en ámbitos empresariales, sino también en despachos
gubernamentales de autodenominado “progresista” PT, se celebró el triunfo del candidato derechista. “Negocios son negocios”, podría ser una sentencia adecuada para explicar brevemente esta aparente paradoja. Esperan -así lo expresó el ministro brasileño de Desarrollo, Industria y Comercio Armando Monteiro- que la llegada de Macri facilitará las dilatadas negociaciones para un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE). Algo que podría haber ocurrido también con Scioli, pero con el líder del PRO podría concretarse más velozmente.

El avance rápido hacia un acuerdo con la UE es la vía por la cual Brasil espera articular la salida del impasse en el que se encuentra el Mercosur hace varios años.

Impasse que se ha expresado sobre todo, en lo que respecta a la agenda empresarial, en el retardo en participar de las discusiones sobre los grandes bloques comerciales que proyectan reconfigurar el comercio y las inversiones a nivel mundial. Involucrarse en estos procesos es especialmente de gran interés para vastos sectores empresarios de la región, especialmente los vinculados a los agronegocios, de remover aranceles para sus ventas a los mercados más grandes. En las negociaciones con la UE que se reabrieron en 2013 después de haber quedado congeladas en 2004, el gobierno de Cristina Kirchner fue señalado en dos oportunidades como el culpable de la demora para la llegada de un acuerdo entre los bloques por el comisario de Comercio europeo, Karel De Gucht. La acusación del funcionario europeo contra la Argentina respondía al supuesto “proteccionismo económico” aplicado por el país. Ahora la expectativa es que con los giros que podrían producirse en estos planos de la política económica con una mayor apertura del comercio exterior y desmantelamiento de políticas proteccionistas por parte de Mauricio Macri, podrían destrabarse las tratativas.

Durante el último año los países venían avanzando en acuerdos con China que contribuyeron aún más a cercenar las bases de la integración comercial regional, ya que incorporaban cláusulas que daban prioridad comercial al gigante asiático en desmedro de los países del Mercosur, desmintiendo las loas a la “integración regional” manifestadas reiteradamente por los gobernantes de la región.

Una sociedad donde gana el capital trasnacional

La necesidad de involucrar a la Argentina en las tratativas comerciales internacionales, responde en primer lugar al hecho de que la fortaleza negociadora de Brasil reside en el Mercosur, al que Argentina le aporta una población de 40 millones, pero además es el país con mayor PIB per cápita (lo que lo transforma en una parte importante del mercado regional para las empresas multinacionales) y lo que es considerado un fuerte potencial en el sector agropecuario por parte de los gigantes mundiales de los agronegocios.

Además, el comercio con la Argentina es algo que Brasil no puede descuidar, más allá de la crisis por las trabas comerciales impuestas por la Argentina. Las exportaciones con destino a la Argentina representan alrededor de 9 % de las ventas exteriores de Brasil, siendo el tercer destino de exportación después de China y EE. UU. (en el caso de la Argentina Brasil es el principal destino de exportaciones, y junto con China sumaron en lo que va de este año un tercio de las exportaciones). Por si esto fuera poco, numerosas empresas “traslatinas” de Brasil tuvieron en el Mercosur su principal base de expansión.

Pero las mayores interesadas y beneficiarias de la integración regional, e impulsoras de los acuerdos con la UE, son las grandes transnacionales de las potencias imperialistas, que sacan provecho de las economías de escala sin dejar de estimular competencias entre países (y regiones dentro de los países) para obtener beneficios impositivos y regímenes especiales. Incluso en sectores donde se mantuvo comercio administrado como es el automotriz, las empresas trasnacionales se beneficiaron de una integración parcial. El régimen del Mercosur creó entonces una “incubadora” para sostener la industria de ambos países, creando un mercado unificado regional que mejoró la escala para las terminales, y estaba a la vez protegido del resto del mundo.

A diferencia del resto de los rubros, el comercio de automóviles dentro del bloque no ha sido liberalizado. De esta forma las automotrices pudieron aprovechar los regímenes automotrices en ambos países y a la vez considerar de origen nacional a las partes elaboradas en el otro país socio. Actualmente se mantiene un régimen de comercio administrado a través del sistema “flex”, provisorio hasta el 30 de junio de 2016. Por este acuerdo, cada país puede exportar hasta 1,5 dólar como máximo ante cada dólar que importe del otro. Además se aseguró para los automóviles argentinos un 11 % del mercado brasileño y para Brasil un 44 % del mercado argentino.

La revitalización de la agenda del Mercosur con la que ahora se entusiasman los empresarios de los dos grandes socios del bloque, no significa otra cosa que profundizar este carácter de plataforma para el capital trasnacional imperialista del que participan subordinadamente sectores de la gran burguesía latinoamericana. A cambio, se ilusionan con que ahora sí será posible ampliar la entrada a los mercados más ricos gracias al acuerdo con la UE.







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