Internacional

LEYENDO LOS GRANDES DIARIOS

Brasil: poniéndole un freno al bonapartismo judicial

Las editoriales de algunos de los mayores diarios del país critican los excesos del Poder judicial. Luego de erigirlo como Dios del Olimpo, temen ahora su accionar. ¿Hacia dónde apuntan las críticas?

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Martes 12 de abril de 2016 | Edición del día

Los editoriales de los dos principales diarios del país del último domingo (10), la Folha de São Paulo y el diario Estado de São Paulo, plantean como ejes de análisis el accionar del Supremo Tribunal Federal (STF) y su interferencia en prerrogativas constitucionales que corresponden a otros poderes. El diario Globo, por su parte, prefirió abordar la política económica de Lula y Dilma para reforzar la defensa de los efectos benéficos que supone una política de austeridad. Se cruzan las preocupaciones más inmediatas sobre cómo se desarrollará el proceso de impeachment con otros temas que van más allá del impeachment, que pasan por la situación económica, la división entre los poderes o cuáles son las funciones del Poder judicial.

Además de las dificultades que pueden acompañar el impeachment habrá que enfrentar una situación que supone una economía en ruinas y una oposición que se hará escuchar, sea la de la clase media acomodada o la del “movimiento no habrá golpe”. Estas preocupaciones se cruzan en lo inmediato con el interrogante de “cómo sacar a Dilma”.

En su cruzada “destituyente” todos los grandes medios llevaron a la cima de la popularidad al Poder judicial y sus fuerzas represivas (especialmente a la Policía Federal). Con artículos y notas publicadas a diario levantaron la figura narcisista del juez Sérgio Moro como héroe y a los ministros que integran el Supremo Tribunal Federal (STF), órgano máximo de Justicia, al rango de reyes filósofos.

He así que el ministro del STF, Marco Aurélio de Mello intervino “sobre otro poder”, exigiendo que el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha (PMDB) diera lugar a la Comisión de impeachment contra el vicepresidente actual, Michel Temer (también del PMDB). Frente a esto, el diario Estado de São Paulo reaccionó afirmando que el Supremo estaba cometiendo excesos, ubicándose como un poder moderador sobre el resto.

Por su parte, el otro gran diario nacional Folha de São Paulo a pesar de acuñar en su autoría la conocida definición sobre la dictadura brasilera como “dictablanda”, intenta siempre ubicarse en un lugar “neutral” en los conflictos. Fue el primero en criticar al juez Sérgio Moro por la difusión de las conversaciones grabadas entre Lula y Dilma. En su editorial del domingo critica no solo a Marco Aurélio sino también a Gilmar Mendes, otro ministro del Supremo, por intervenir en las prerrogativas constitucionales que corresponden al Poder Ejecutivo impidiendo la asunción de Lula como ministro.

La conclusión de los dos grandes diarios es similar. Para ambos la crisis política en curso debilita el poder del Ejecutivo y el Legislativo y por esto mismo, el Poder judicial estaría llamado a cumplir un papel superior, que se traduciría en limitarse a sus atribuciones como tribunal constitucional.

Los dos diarios señalan al Supremo Tribunal que abandone el protagonismo que alcanzó hasta ahora. Todas las fuerzas políticas que contribuyeron a ponerlo en este lugar ahora lo cuestionan: los medios, que hasta ayer clamaban por su intervención, el oficialismo y la oposición apelando para que arbitre en los innumerables conflictos políticos. Hicieron de todo para forzar la intervención del Poder judicial. Liberaron al genio de la lámpara, éste les concedió algunos deseos y ahora cuando exige el alma, protestan. Quieren dejar al genio nuevamente encerrado en la lámpara. ¿Lo aceptará? ¿O buscará imponer su propia agenda?

De todos modos esta preocupación va más allá, pues la agenda de la semana estará marcada por la votación de la comisión de impeachment en la Cámara de Diputados y la ofensiva de Janot y los medios en dar los últimos argumentos favorables a su votación. Pero si esta hipotética victoria fuera conquistada y el Supremo siguiera el voto que ya adelantó Marco Aurélio, afirmando que impeachment por irresponsabilidad administrativa no es constitucional, la victoria será pírrica.

Despertaron fuerzas que no saben cómo contener, ni dominan plenamente la agenda del Poder judicial, que tiene diversas alas orgánicamente ligadas a parte del establishment imperialista, como señalábamos aquí y aquí. La crisis brasilera puede encontrar una calma, relativa, con un gobierno de Lula más fuerte o hipotéticamente otras salidas, como el avance del impeachment o nuevas elecciones presidenciales. Sin embargo, más allá de alguna estabilidad temporaria, esta crisis muestra una fractura profunda que pasa no solo por la politización y polarización política de toda la sociedad sino especialmente de los sectores medios, al mismo tiempo, que abrió un conflicto entre poderes.

Para no quedar rehén de los juegos de toga ni los acuerdos de gobernabilidad con cargos y sobornos, la clase trabajadora y la juventud necesitan ofrecer una salida independiente de todos estos podridos poderes y, en especial, del más naturalizado de todos, el Poder judicial al que aplauden hasta sectores de la izquierda. Para esto desde Esquerda Diário exigimos que los sindicatos, la Unión Nacional de Estudiantes (UNE), las centrales sindicales como la CUT impulsen un verdadero plan de lucha con los métodos de la clase trabajadora, como asambleas, huelgas y piquetes para derrotar el impeachment, los despidos y el ajuste. Rompiendo la sumisión con “su” gobierno, tendríamos un movimiento independiente que podría no solo enfrentar a la derecha y las variantes de golpes institucionales que proponen sino ofrecer una respuesta de fondo a todo el régimen político. Para esto proponemos una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, que determine la elección y revocabilidad de todos los cargos, de los jueces y parlamentarios, que todos los cargos políticos ganen lo mismo que una maestra y ponga fin a todos los privilegios, que todos los juicios por corrupción no queden en manos de jueces privilegiados sino de jurados populares.

Traducción: Liliana O. Caló







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