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Red Internacional

La crisis económica en Europa repercutió tardíamente en Brasil. El "Junio Brasilero", oleada de movilizaciones de alto contenido juvenil cuyo auge ocurrió en junio de 2013, llegó dos años después del levantamiento internacional de la juventud. También con retraso llegó la recesión, y sin perspectivas de mejorar.

Miércoles 8 de abril de 2015
Fotografía: EFE

Fotografía: EFE

Es un hecho de la economía internacional que el epicentro de la crisis del capital, Europa, funciona como una especie de “caja de resonancia” de los efectos de la crisis, en distintos ámbitos. La crisis económica en Europa repercutió tardíamente en Brasil. El "Junio Brasilero", oleada de movilizaciones de alto contenido juvenil cuyo auge ocurrió en junio de 2013, llegó dos años después del levantamiento internacional de la juventud. También con retraso llegó la recesión, y sin perspectivas de mejorar.

El informe sobre la inflación del Banco central, a finales de marzo, señala la perspectiva de crecimiento para el PIB del país de 0,5%. Algunos analistas del mercado prevén una caída de más del 1%. Hay también quienes dicen que las previsiones son optimistas, si tenemos en cuenta una serie de factores que pueden impactar en la economía nacional.

El hecho es que algunos pilares del ciclo anterior se están “desmoronando”. Como primer elemento, el enorme flujo de capitales provenientes de Europa y Estados Unidos en crisis hacia Brasil (que con sus enormes tasas de interés era un polo atractivo a la especulación), ahora ha afectado a distintos sectores de la economía que crecieron en base al boom de dólares y aumentaron sus deudas enormemente con la valorización del dólar, que posiblemente cerrará el semestre más fuerte en relación al real desde 1999, fecha en que es adoptado el sistema de cambio fluctuante.

Esto tiene un impacto en el conjunto de la economía, pues afecta a las empresas endeudadas en dólares, las inversiones y el consumo interno del país, que en el último ciclo se ha basado en un “mar de crédito” y que viene alcanzando sus límites y, especialmente, ejercerá una influencia en los precios y en la inflación galopante.

Desde el punto de vista de la industria, el extendido movimiento de desindustrialización del país que tiene lugar desde fines de los 80 puede sufrir un nuevo impacto, pues las perspectivas son nuevamente negativas. Se estima una caída en la industria del 2,3% en 2015, una caída de 3,4% en la industria de transformación y 5,5% en la construcción, con resultado negativo desde el año pasado (y bajo crecimiento hace algunos años).

Es decir, incluso con desvalorización del real, que podría favorecer determinados productos industriales para la exportación, la perspectiva es de fuerte retroceso. Particularmente en la industria automovilística que sufrió, según la Asociación Nacional de Fabricantes de Vehículos Automotores (Anfavea), un retroceso del 28,9% en comparación con febrero del año pasado. El cuadro se agrava cuando analizamos que el principal destino de los autos producidos en Brasil es la Argentina (46%), país que atraviesa importantes dificultades económicas.

El camino que le queda a Brasil es la mejora en la industria extractiva, particularmente la pecuaria, como una manera de lograr ingresar en la disputa internacional de alimentos (con los gigantes de Brasil en el sector), con previsiones de crecimiento del 5% en la industria extractiva y el 1% en la agropecuaria, que no cambia el cuadro de desindustrialización en el país y terminan siendo parte de fuertes oligopolios en sectores de bajo valor agregado, menos estratégicos en comparación con la producción de las potencias imperialistas.

Otros dos importantes segmentos económicos del país, el petróleo y la construcción civil, ahora en jaque a partir de la investigación de la operación Lava Jato, que tiene a Petrobras y otras empresas (Odebrecht, Camargo Correio, Queiroz Galvão etc.) involucradas en el centro del escándalo. Petrobras acaba de firmar un contrato por más de 3 billones de dólares con el Banco de Desarrollo Chino, pero el banco cuestiona la investigación de la empresa. Hay que ver cómo el impacto político, junto a las oscilaciones de la commodities en el plano internacional podrán afectar este otro pilar de la economía brasilera.

Es decir, en el cuadro general, son diversos los terrenos de inestabilidad en la economía nacional, y la fórmula para los trabajadores parece ser de menor crédito y más inflación y desempleo.

Según datos del Registro General de Empleados y Desempleados (Caged) la economía brasilera generó 41,3 mil empleos en enero de 2015, ante 731,4 mil de enero de 2014, con una fuerte eliminación de puestos en la industria de transformación y construcción. Una situación peor espera a los nuevos desempleados, a partir de las medidas de Dilma que restringen el acceso a este derecho.

La solución que adoptó el gobierno es la de ajustes económicos contra los derechos laborales, bajo el nombre de ajustes fiscales y monetarios. Es notable que incluso adoptando esta solución no existan perspectivas de fortalecimiento económico, expresión también indirecta de la enorme caída de popularidad de Dilma, que ya venía siendo cuestionada desde Junio de 2013 y en la actualidad tiene una política económica que es como si dijese “hoy termino con los derechos y mañana, cuando se profundice la recesión, termino con otros”.

Aunque en la superficie del país el cuadro aun no se parezca al de una “crisis”, en las estructuras económicas la situación se va haciendo más complicada. La recesión vino para quedarse y su impacto podrán tener enormes consecuencias para la economía, también en el tablero político nacional y en la situación de los trabajadores del país.

La respuesta necesaria a este cambio recesivo que enfrentará el país es terminar inmediatamente con las Medidas Provisorias 664 y 665 (decretos) que avanzan sobre los derechos laborales e iniciar un camino de ruptura con la estructura de dominación financiera de Brasil, cancelando el pago de la deuda pública, cobrando impuestos a las grandes fortunas e invirtiendo en las demandas fundamentales de la población, acompañado del fortalecimiento en la acción de los trabajadores en el control de los servicios públicos y en el sistema bancario, creando las bases de una verdadera independencia del país frente al capital financiero y las potencias económicas.


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