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Red Internacional

Naciones Unidas. Bolsonaro en la ONU: un discurso en tono electoral, reaccionario, defendiendo las privatizaciones

El presidente de Brasil fue el primero en dirigirse a la Asamblea General de la ONU. No faltaron las mentiras y la demagogia en torno al "desarrollo sostenible", el "crecimiento económico".

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Martes 20 de septiembre | 21:22

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, aprovechó el espacio para hacer campaña y envió importantes señales internacionales, como su posición en contra de las sanciones a Rusia y sobre la guerra de Ucrania. Sin detenerse ahí, insistió en reivindicar cada una de las reformas y privatizaciones que llevó adelante, como le gusta a los empresarios.

Esta vez, Bolsonaro pronunció un discurso que fue leído en su totalidad y controlado para no crear alboroto. Además de hacer campaña con demagogia y mentiras, se pronunció contra las sanciones económicas de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) a Rusia, impuestas con más fuerza desde el comienzo de la guerra de Ucrania. Habló de lo que más les gusta escuchar a los capitalistas sobre Brasil, justificando lo que llamó "desarrollo sostenible" y "crecimiento económico" con la aprobación de reformas y privatizaciones.

Destacó una fecha que fue parte de su campaña electoral: "Este 7 de septiembre, Brasil cumplió 200 años de historia como nación independiente. Millones de brasileños salieron a las calles, convocados por su presidente, vistiendo los colores de nuestra bandera, fue la mayor manifestación cívica en la historia de nuestro país, un pueblo que cree en Dios, la Patria, la familia y la libertad”.

El aspecto controlado de su discurso se puede ver cuando hizo demagogia con las vacunas, mientras cientos de miles murieron por el coronavirus en medio de la pandemia: "Paralelamente, lanzamos un amplio programa de inmunización, incluyendo la producción nacional de vacunas. Somos una nación de 210 millones de habitantes y ya tenemos más del 80% de la población vacunada contra el Covid-19. Todos fueron vacunados voluntariamente, respetando la libertad individual de cada uno”.

En un tono más reaccionario, Bolsonaro aseguró "En mi gobierno, arrancamos de raíz la corrupción sistémica que existía en el país. Solo entre el período de 2003 y 2015, cuando la izquierda presidía Brasil, el endeudamiento de Petrobras por mala gestión, subdivisión política y en desviaciones, llegó a 170 mil millones de dólares. El responsable de esto fue condenado por unanimidad en tres instancias. Los denunciantes devolvieron mil millones de dólares, y le pagamos a la bolsa de valores estadounidense otros mil millones por las pérdidas de sus accionistas. Este es el Brasil del pasado". En esa frase hacía referencia a la detención y proscripción del expresidente Lula Da Silva promovida por el Poder Judicial autoritario en 2018, en el marco de la causa Lava Jato.

Bolsonaro fue nefasto al justificar las privatizaciones haciendo un discurso demagógico dirigido a la población del Nordeste del país: "Estamos llevando a cabo una agenda integral de privatizaciones y concesiones, con énfasis en la infraestructura. Concluimos el proyecto Rio São Francisco, llevando agua al nordeste de Brasil. Adoptamos nuevos marcos regulatorios, como saneamiento básico, ferrocarriles y gas natural. Además, mejoramos el ambiente de negocios, con la ley de libertad económica y la ley de apertura de empresas”.

“Como resultado, creamos oportunidades para que los jóvenes emprendan y tengan trabajos de calidad”, dijo Bolsonaro, como si no hubiera millones de jóvenes usando sus bicicletas para repartir durante días y días sin dormir para ganar siquiera un salario mínimo al mes.

Sin avergonzarse, Bolsonaro resaltó el crecimiento de la agroindustria en medio de la crisis, con miles pasando hambre, al fin y al cabo son ellos los que financian en millones su campaña: “Hoy somos uno de los mayores exportadores del mundo” afirmó el Presidente. “Esto sólo fue posible gracias a fuertes inversiones en ciencia e innovación, con miras a la productividad y la sostenibilidad. Rindo homenaje a la persona de Alysson Paulinelli, candidata brasileña al Premio Nobel de la Paz, por su papel en la expansión de la frontera agrícola brasileña con el uso de nuevas tecnologías. Este año, el país comenzó a cosechar la mayor cosecha de granos de nuestra historia. Se estima en al menos 270 millones de toneladas. Brasil también, en algunos años, pasar de ser importador a exportador de trigo" agregó el mandatario.

La afirmación del mandatario se da mientras millones están sufriendo la crisis económica. En Brasil se acumulan escándalos por las imágenes de personas buscando algo para comer en la basuraLa población está relegada al hambre, el desempleo y la inflación.

Esta crisis que golpea a millones de brasileños es también consecuencia de la Guerra de Ucrania, con la subida del precio del petróleo internacional, encareciendo nuestras condiciones de vida. Pero también son el resultado de lo que hizo Bolsonaro para complacer a los monopolios imperialistas occidentales, son el resultado de la aprobación, implementación y profundización de la Reforma Laboral, la Reforma Previsional, la privatización de Eletrobras y la entrega de Petrobras a las empresas privadas

Bolsonaro y su gobierno, junto con el Congreso y el Poder Judicial, son responsables de cada gota de nuestros recursos absorbidos en defensa de las ganancias capitalistas.

En su discurso ante la Asamblea de la ONU, el presidente brasileño se pronunció contra las sanciones a Rusia buscando mantener una supuesta neutralidad ante la guerra en Ucrania. Lejos de la demagogía del mandatario, es necesario repudiar la acción reaccionaria de Rusia en Ucrania, exigiendo su salida inmediata de las tropas, al mismo tiempo que es necesario rechazar la injerencia militar y el financiamiento armamentístico que promueve la OTAN y el imperialismo estadounidense en Europa, así como las sanciones contra Rusia, que golpean a los trabajadores de ese país.

En Brasil contra el proyecto que reivindicó Bolsonaro es necesario defender un programa obrero, mediante la unidad en las luchas y en las calles con los sectores oprimidos y los pobres, por la reducción de la jornada laboral, sin reducción salarial, por el reajuste salarial igual a la inflación, por la nacionalización de la gran industria alimentaria, bajo dirección obrera y control popular.

Para combatir a Bolsonaro y a la extrema derecha, urge esa unidad, sin alianza con la derecha, como hacen Lula y el PT llevando de candidato a vicepresidente al derechista Geraldo Alckmin.




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