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Red Internacional

El Círculo Rojo. Bochini: homenaje en Bilbao a la vida en rojo de un maestro de maestros

Fue condecorado con el premio “One Club Man” en el estadio San Mamés del Athletic por su trayectoria en un único club, Independiente. Emblema de un fútbol de antaño, el fútbol moderno celebró al Bocha.

Augusto Dorado@AugustoDorado

Sábado 7 de mayo | 13:30
Ricardo Enrique Bochini recibe el premio One Club Man en el Estadio San Mamés del Athletic de Bilbao. Foto: cuenta oficial de Twitter de Athletic de Bilbao

Como cantaba la hinchada roja con la melodía de “Sólo le pido a Dios” de León Gieco, Bochini juegó “para siempre” en Independiente” y por eso fue premiado con un galardón que entrega el Athletic Club de Bilbao desde el año 2015: el premio One Club Man (“Hombre de un solo club”) fue otorgado en el mediodía de este sábado a Ricardo Enrique Bochini en estadio San Mamés durante el entretiempo del partido en el que el equipo local empataba sin goles con el Valencia.

Aunque la biología y el devenir de las cosas no permiten un “para siempre” a nada, Ricardo Enrique Bochini sí tuvo un “para siempre” deportivo porque jugó toda su carrera en la Primera División de Independiente, fueron más de 19 años desde 1972 hasta 1991, se consagró campeón de 4 Copas Libertadores, 2 Intercontinentales, 2 Interamericanas y 4 campeonatos locales, entre otros títulos. Por ese “para siempre deportivo”, Bochini pasa a ser uno de los pocos futbolistas en el mundo que es galardonado con este premio en Euskadi (el país vasco). El viernes, el Bocha viajó participó de una mesa sobre “Literatura y fútbol” junto a su biógrafo Jorge Barraza y al escritor Eduardo Saccheri.

En el Athletic de Bilbao vienen premiando este valor de la “lealtad deportiva” a un club desde hace un tiempo: ya homenajearon a Matt Le Tissier (del Southampton inglés), a Paolo Maldini (del Milan), Sepp Maier (del Bayern Munich), Carles Puyol (Barcelona), Billy McNeill (Celtic de Glasgow) y Ryan Giggs (del Manchester United). El Bocha es el primer futbolista sudamericano que recibe este reconocimiento.

No son muchos los casos en el mundo de jugadores que permanecieron toda su carrera en un mismo club. Mucho menos en la actualidad donde hay una presión “del mercado” por transferir estrellas de un club poderoso a otro. Bochini de alguna manera es emblema de una era pasada -lamentablemente- en el fútbol porque en las condiciones actuales sería muy difícil para un club argentino retener a un jugador como el Bocha por más de una o dos temporadas. El fútbol cambió drásticamente a partir de 1995 cuando un fallo judicial que se conoció como el “Caso Bosman” desreguló el mercado de pases porque derogó el cupo para extranjeros que había en el fútbol europeo y a partir de ahí empezó un movimiento tal que, por ejemplo, el miércoles pasado por la semifinal de Champions League, el Manchester City presentó un equipo inicial con solamente dos jugadores ingleses contra un Real Madrid con solamente dos españoles.

Ricardo Enrique Bochini es una rara avis del fútbol, que llegó a Independiente desde su pueblo natal, Zárate, después de haber rebotado en Boca (porque lo veían muy “chiquito” físicamente) y antes intentó probarse en San Lorenzo, el equipo del que es hincha igual que era su papá, pero le pasaron mal el dato de a qué puerta tenía que presentarse a ver al técnico juvenil, y como finalmente no lo quisieron atender, no volvió nunca más. En el Rojo sí fue amor a primera vista: lo vio el DT Nito Veiga y se aseguró que Bochini se quede en el club. En esos años, “el Richard” (como le decía su familia) primero viajaba todos los días desde Zárate para entrenar y jugar y un tiempo laburó repartiendo diarios; a veces se colaba en el tren Roca para poder comprar un sánguche con la plata del viático. Cuando empezó a jugar en inferiores y pintaba para Primera, lo llevaron a vivir a la pensión del club: dormía debajo de la tribuna que hoy lleva su nombre. Más adelante se fue a vivir a la casa de su amigo Daniel Bertoni en Quilmes y en esas condiciones vivían cuando en 1973 le ganaron la Intercontinental a la Juventus en un único partido en el Estadio Olímpico de Roma. Volvían de ser campeones del mundo y la mamá de Bertoni los esperaba con milanesas en la casa.

Amigo, ídolo y maestro nada menos que de Diego Armando Maradona (que nunca se cansó de expresar su admiración por el Bocha), muchos jugadores de los 70 y los 80 lo consideran uno de los mejores que vieron en una cancha, en un podio junto con Messi y Maradona. La característica que destaca la mayoría es su visión para los pases: de ahí quedó acuñado eso del “pase bochinesco”, en referencia al pase preciso. También destacan su habilidad para esquivar patadas y gambetear siempre hacia adelante con el amague como arma. Este 5 de mayo se cumplieron 31 años de su último partido: fue contra Estudiantes de La Plata cuando una patada de Pablo Erbín sí lo alcanzó y terminó con su carrera. Bochini cuenta en su autobiografía Yo, el Bocha que aunque Erbín quedó como su “verdugo” en realidad él ya estaba pensando en el retiro y que le daba fiaca trabajar para volver de esa lesión, además de aclarar que “está todo bien” con Erbín.

Pasaron 31 años del final de su carrera pero Ricardo Enrique Bochini es celebrado y reconocido por el fútbol mundial actual, porque se quedó “para siempre”, siempre en Independiente.




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