Economía

AGRONEGOCIOS

Biocombustibles: verdades y mitos de un negocio depredador

El poder de lobby del agronegocio no tiene límites en el mundo, aunque en Argentina, encontrando a un gobierno que les cede cada día más, presionan por una devaluación del peso. Características de un negocio rentable y nada amigable con el medio ambiente. Por qué hay que frenarlos.

Gastón Remy

Economista, docente en la Facultad Cs. Económicas UNJu.

Miércoles 21 de octubre | 07:44

Las cámaras empresarias de los que mueven el agronegocio en Argentina y por ende, quienes concentran la mayor parte de los dólares de exportación, no bajaron un solo días los brazos en su lobby frente al gobierno nacional. Esto no es nuevo, pero si cobra un mayor peso en momentos donde estos mismos actores, grandes industriales, especuladores financieros y banqueros, apuestan a sostener alta la demanda de dólares, drenando las reservas del BCRA, presionando entonces para una devaluación del peso.

Acá presentamos algunas cuestiones que hacen al negocio de multinacionales extranjeras y grandes grupos locales que sin la ayuda del Estado difícilmente tendría lugar.

Verdad I: El lobby del capital agrario y azucarero empezó a dar sus frutos este año. El gobierno nacional por medio de las resoluciones N° 4 y 5/2020 de la Secretaría de Energía les otorgó un aumento del 10% en el precio del bioetanol (derivado del maíz y azúcar) que llega a $ 32,789 por litro y del biodiesel que queda en $48,53 por tonelada de soja. A este último sector, le llegó el beneficio adicional de una rebaja de las retenciones al 26% desde el 1 de octubre.

Recordemos que los precios de estos productos están regulados por el Estado y el último aumento había sido en diciembre de 2019. El precio del bioetanol durante el año pasado tuvo un aumento de 53,2%, apenas por debajo de la inflación acumulada de 53,8%; mientra biodiesel subió un 100%. Pero la ecuación de las empresas es más favorable aún a su negocio dado que en la estructura de costos por ejemplo, los ingenios más tecnificados cuentan con la generación de energía eléctrica y gas propia a partir de aprovechar el bagazo (desecho de la caña). En el caso del maíz las patronales sostienen que el precio regulado es el doble del grano y en los biocombustibles tienen una ecuación de precio regulado que les garantiza una rentabilidad del 3% como piso de todo el capital invertido. Otra ventaja la obtienen porque a diferencia de la producción petrolera donde la inversión en maquinarias y equipo implica un alto costo, como también su mantenimiento, y esto no ocurre con las plantas de biocombustibles que tienen un costo menor.

Así las empresas lograron abultadas ganancias como es el caso del grupo Ledesma, que ocupa el tercer puesto de los productores de bioetanol y ganó $28 millones en 2019.

Verdad II:
En menos de 24 horas de acordado este aumento, las petroleras trasladaron parte del mismo al precio de las naftas y el diesel. Por Ley 26.093 se establece que un porcentaje de cada litro de combustibles deben estar compuestos por biocombustibles, considerando además el grado de concentración de la producción de hidrocarburos y combustibles, el traslado al consumidor final del aumento de costos es automático.

YPF lideró esta decisión, corroborando a su vez, los límites de una empresa donde el Estado nacional es el socio mayoritario, aunque sigue operando bajo una óptica de mercado con los perjuicios que eso trae para los bolsillos de la clase trabajadora que pagarán combustibles a mayor precio. Mientras que el negocio del biocombustibles al estar atado a materias primas y derivados de exportación, aceite de soja y maíz, la presión a alinear los precios al dólar, fortalece el esquema de precios prácticamente dolarizados que existe en los hidrocarburos.


Verdad III:
Este aumento de los biocombustibles no será el único, tal como lo anticipó, el Secretario de Energía, Darío Martínez, Energía destacó al respecto que “resulta necesario fraccionar la citada actualización a fin de morigerar su impacto en el contexto macroeconómico actual y para preservar los derechos que asisten a consumidores y usuarios de bienes y servicios”.

Sin embargo, para el poder centenario de los barones del azúcar este aumento es insuficiente y van por más. Así lo hizo saber el Centro Azucarero Argentino a través de un comunicado, “La industria sucroalcoholera confía en que esta medida sea un primer paso en la normalización regulatoria de nuestro sector y un camino hacia la necesaria prórroga de la ley 26.093, para brindar seguridad jurídica a la actividad.” El sector productor del etanol de maíz y el biocombustible derivado de la soja no se quedan atrás, apuntan a sacarle al gobierno nacional y a las provincias, más beneficios para un negocio que gracias a la regulación estatal tiene una ayuda nada despreciable. Según el informe de las cámaras de producción de bioetanol de azúcar y maíz presentado al ministro Kulfas, por ejemplo, para los ingenios azucareros el bioetanol representa el 31% de sus ingresos.

Verdad IV: La producción de biocombustibles se encuentra muy concentrada en pocas empresas, en su mayoría multinacionales extranjeras con las cuales los capitales locales se ubican como socios menores. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, sostiene que en el caso de biodiesel son 37 empresas de las cuales 7 dominan casi el 80% de la producción, entre ellas se encuentran: Cargill (USA), Cofco (China), Louis Dreyfus Company (Francia), Molinos Río De la Plata (local-Pérez Companc) y Renova (Glencore-Vicentin) y Viluco S.A (local, Lucci), T 6 (AGD, familia Urquía). Para el etanol de maíz, cinco empresas concentran la producción y se trata de grandes actores mundiales, Aca Bio Coop (31%), Pro Maíz AGD/Bunge (28%), Bio 4 (15%), Diaser (15%), Vicentín (10%), según un informe del sector elaborado por el ministerio de Economía de la Nación. Por último, en el etanol de caña de azúcar son al menos tres ingenios que dominan el mercado y de los cuales dos son de capitales nacionales (La Florida-Rocchia Ferro y Ledesma-Blaquier) y uno norteamericano (El Tabacal-Seabord Corp.).

En cuanto a los productos, el biodiesel se exporta entre un 50 o 60 por ciento, enfrentando restricciones de la Unión Europea o Estados Unidos (el principal productor mundial de biocombustibles) consolidando el peso de los actores involucrados. Mientras el bioetanol tiene como destino el mercado interno, reproduciendo de cierta manera, el esquema de subordinación del capital local a los negocios menores respecto del capital extranjero que concentra los negocios que se cotizan a valor dólar.

La liga bioenergética

Las provincias donde se encuentran los grandes productores de biocombustibles se asociaron a sus respectivos gobiernos en una suerte de liga de los “súper amigos”. Los “villanos” a combatir serían el gobierno nacional de turno –el cual regula el precio del producto- y las petroleras que ponen reparos de todo tipo para aceptar el corte de biocombustibles fijado por Ley, lo cual es lógico dentro de la competencia capitalista dado que les quita parte del negocio en los combustibles que se comercializan en el mercado interno.

Verdad V: Considerando que en mayo de 2021, vence la Ley 26.093 de Regulación y Promoción para la Producción y Uso Sustentables de Biocombustibles, promulgada en el año 2006, las patronales presionan al gobierno para elevar el corte de naftas y gasoil con biocombustibles. En el caso del bioetanol, en un documento presentado al ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, sugieren una nueva Ley que establece un aumento del corte del 12 al 15%, en 18 meses a 18% y en 2027 a 27,5% como hoy rige en Brasil (el principal productor mundial). En el caso del biodiesel proponen subir el corte de 10 al 15 por ciento.

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Medioambiente y dólares

Mito I: La Cámara Argentina de Biocombustibles dice: "El carbono verde es el que ya está en el inventario de la biosfera. Si quemamos o liberamos carbono verde a la atmósfera, no modificamos el balance final. Lo que entra en la atmósfera por combustión sale de ella por fotosíntesis: como un balance constante que circula entre dos cuentas corrientes.” Existe un amplio lobby mundial a favor de la producción de biocombustibles y para ello el fundamento de una supuesta disminución de la emisión de carbono es clave. Por otra parte, la promoción de los biocombustibles como “energías verdes” que vendrían sustituir a la energía proveniente de los fósiles es utilizada para redoblar la competencia entre empresas energéticas en un mundo donde el 80% de la energía que se consume proviene del petróleo. En este marco, autores como Fabiola Serna, Luis Barrera y Héctor Montiel en su informe, "Impacto social y económico en el uso de biocombustibles", resaltan que la producción de biocombustibles derivados de la producción agrícola redoblan el impacto ambiental debido a la utilización de combustibles fósiles en la propia actividad agrícola, el aumento de las hectáreas dedicadas exclusivamente a biocombustibles, ampliando la degradación de suelos al avanzar la frontera agrícola, el mayor consumo de agua para el riego de los cultivos, a lo cual hay que agregar el uso de los "paquetes tecnológicos" que implican agroquímicos de alto impacto ambiental. Por último, y no menor, es el impacto en los precios de los alimentos que implica la intervención del Estado en los precios de los biocombustibles, entre otras, desventajas.

Mito II: Las cámaras empresarias dicen que los biocombustibles le generan dólares al país. Las exportaciones de biodiesel pasaron de 1600 o 1400 millones de dólares en 2017 y 2018, respectivamente, a 700 millones en 2019 a partir de las barreras comerciales en la Unión Europea y Estados Unidos. En el caso del bioetanol los productores sostienen que por “sustitución” de combustibles importados le ahorraron al país unos 1634 millones de dólares entre 2017 y 2019. Si bien el aporte total de dólares es poco, considerando que el total del exportaciones del país se encuentra cercano a los 60.000 millones, el problema está en que estos sectores son los que concentran el grueso del total de las exportaciones (17 empresas, en su mayoría del agronegocio, representan el 40% de las exportaciones de Argentina) y así como generan la “oferta” de dólares, son también los primeros en demandar estos dólares para atesorarlos dentro o fuera del país. Lo que se denomina popularmente “fuga de capitales”. Además que la tecnificación del agronegocio ha llevado a este sector a ser cada vez más demandante de dólares de máquinas y tecnologías que el país no produce, achicando así el margen neto de dólares.

Con esta foto de su negocio y sabiendo que su poder económico no tiene límites para imponer su lógica de ganancias frente a la vida de la población y de la naturaleza se necesitan medidas ante ellos.

Frente a la especulación con el dólar, el monopolio del comercio exterior, facilitaría tener un control y un poder de veto frente a los principales exportadores del país, pero también sobre los principales demandantes de dólares para atesoramiento o “fuga”. Esto a su vez, exige la nacionalización del sistema bancario y la creación de un banco estatal único bajo control de los trabajadores porque de esta forma se pueden frenar los canales por donde se mueven los dólares que son fugados del país. Estas medidas necesitan tener control de las principales tierras productivas, por eso la expropiación de los 4000 terratenientes se torna fundamental para reorganizar la producción agrícola en función de las necesidades de la población trabajadora y con un plan racional de respeto del suelo y de la naturaleza. Para avanzar con por este camino está planteado organizar a la clase trabajadora ocupada y desocupada, en forma independiente de los gobiernos dado que solo su fuerza social puede frenar los negocios capitalistas.

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