Cultura

ARTE CONTEMPORÁNEO

Bienal de arte de San Pablo: Afinidades afectivas (II)

Desde el 7 de septiembre al pasado 9 de diciembre se llevó adelante la 33° edición de la Bienal de arte de San Pablo, la segunda bienal más importante a nivel internacional.

Lunes 7 de enero de 2019 | Edición del día

33° edición

El recorrido por la Bienal es impactante, un edificio modernista que alberga obra en cada espacio y debido a sus ventanas podemos ver el afuera que nos rodea , el Parque Ibirapuera; logrando que las producciones artísticas dialoguen con la naturaleza de alguna manera.

En planta baja, está la muestra por el artista curador Antonio Ballester Moreno, que tiene de título: “La historia infinita de las cosas o el final de la tragedia de uno”, contando con los proyectos individuales de Alejandro Corujeira y Bruno Moreschi. Ni bien entramos nos topamos con la obra del español Antonio Ballester Moreno, en el piso con más de dos mil hongos realizados en arcilla, todos diferentes realizados por estudiantes de las escuelas de San Pablo que fueron convocados. También en el mismo espacio conviven imágenes que icónicamente refieren a la naturaleza y una instalación que contiene ilustraciones botánicas, donde participan en vivo artistas.

Por la propuesta novedosa del curador se ve mucho eclecticismo en cada uno de los proyectos, donde la conexión se da desde lo conceptual, pero no desde lo formal o lo técnico. En todas las propuestas hay producciones propias del arte contemporáneo con instalaciones artísticas y mucho despliegue técnico con obras con un gran cruce de lenguajes, que conviven a la vez con ilustraciones más clásicas realizadas con acuarelas, escultura o dibujo.

Alejandro Cesarco es el artista curador encargado de “Para nuestros padres” en el segundo piso, donde lo acompañan dos artistas curadores más, la argentina Claudia Fontes con “El pájaro lento”, y Wura-Natasha Ogunji con “Siempre, nunca”. En este piso también encontramos las muestras individuales de Lucia Nogueira, Luiza Crosman, Maria Laet, Nelson Feliz y Tamar Guimaraes.

También hubo lugar para la acción, en horarios fijos se realizaron performances que interactúan con los espectadores e intervenían en el espacio de la bienal para el cual fueron pensadas las acciones. En esto se basó una de las propuestas de la artista-curadora Sofía Borges, con performances en planta baja donde un grupo de personas trabajaban en el espacio con diferentes movimientos y desplazamientos.

En el último piso nos encontramos con la muestra curada por Mamma Andersson “Astrónomo II”, y “Las apariencias”. También podemos ver los proyectos individuales de los homenajeados Aníbal López y Feliciano Centurión, junto con la obra de Denise Milan, Siron Franco y Vania Mignone. Una de las propuestas más interesantes, ya que en las muestras individuales se podían ver el discurso completo, (o menos parcial) de cada uno de los artistas.

Ante tanta multiplicidad de discursos y soportes, es un tanto contradictorio que no se exprese en casi ninguna de las obras algo de la situación actual de Brasil, una sociedad que está viviendo mucha polarización y por los ataques debido a la asunción de Jair Bolsonaro.

Otras bienales se caracterizaron por la proliferación de las obras que tenían que ver con el contexto, como la anterior donde las crisis ambientales estuvieron muy presentes en diversas obras, como también estuvo atravesada por protestas por la destitución de Dilma Rousseff y el golpe institucional. En la apertura de la misma, artistas protestaron contra Temer.

Sin embargo, más allá de los textos de Goethe y Pedrosa que planteaban interesantes puntos de vista, en la bienal 33 no hubo lugar para la relación entre las obras y el contexto.







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