Cultura

ARTE CONTEMPORÁNEO

Bienal de arte de San Pablo: Afinidades afectivas (I)

Desde el 7 de septiembre al pasado 9 de diciembre se llevó adelante la 33° edición de la Bienal de arte de San Pablo, la segunda bienal más importante a nivel internacional.

Lunes 7 de enero de 2019 | 09:27

Una de las muestras más importantes de la región, el pasado diciembre terminó su edición número 33. Fue concebida y curada por el español Gabriel Pérez - Barreiro, con la propuesta de cambiar la categoría de curador, ya que se convocó a siete artistas distintos que cumplieron es rol, siendo “artistas-curadores”, rompiendo con el modelo de la bienal centralizada.

Con doce proyectos artísticos individuales, esta bienal llena los espacios del ya clásico edificio “Cicillo Matarazzo” que fue diseñado por Oscar Niemeyer y construido entre 1951 y 1954 para conmemorar el cuarto centenario de la ciudad de San Pablo.

Los “artistas-curadores” que participan son Claudia Fontes (Buenos Aires, 1964), Alejandro Cesarco (Uruguay, 1975), Antonio Ballester Moreno (España, 1977); Mamma Anderson (Suecia, 1962); Sofia Borges (Brasil, 1984) y Waltercio Caldas (Brasil, 1964) y Wura-Natasha Ogunji (Saint Louis, Estados Unidos, 1970).
Además Pérez-Barreiro decidió homenajear a artistas que no son muy conocidos en Brasil y presentan una relevante trayectoria artística: Aníbal López (Guatemala, 1964-2014), Feliciano Centurión (Paraguay, 1962 – Buenos Aires, 1996) y Lucía Nogueira (Brasil, 1950 –Gran Bretaña, 1998).

El afecto antes de la razón

En “Afinidades afectivas”, no hay lineamientos de la exposición en cuanto a lo formal de las obras, pero sí según el curador orienta en la forma de organizar la exposición “a partir de vínculos, afinidades artísticas y culturales entre los artistas involucrados”.

En el título se encuentran dos referencias. Por un lado del escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe con su novela “Afinidades electivas” (1809). En la misma se cuenta la historia de una pareja aristocrática y cómo se transformó su vida por la aparición de dos nuevos personajes, la hija adoptiva de la esposa y la amiga de la infancia del marido. A partir de esta historia el autor nos invita a trazar un paralelismo entre las afinidades electivas del mundo de la naturaleza y los conflictos emocionales y espirituales en los personajes de la novela, planteando que nuestras elecciones están gobernadas por leyes que no comprendemos el todo; enfrentándonos a un sistema organizativo que no es moral, ni cultural, ni biológico, sino una extraña amalgama de los tres, en la que nuestra afinidad, ya sea consciente o inconsciente está a la cabeza.

Por otro lado, otra de las referencias que toma Pérez-Barreiro es la tesis “La naturaleza afectiva de la forma en la obra de arte" (1949) del político y crítico de arte brasileño Mario Pedrosa. Usando la teoría de la Gestalt, Pedrosa desarrolla las formas en las que quien observa construye su propia comprensión de la producción artística en diálogo con las características formales del trabajo y su propia psicología, articulando una profunda perspectiva humanista a través de la cual comprende el arte y sus efectos (o afectos), independientemente. Como en el texto de Pedrosa, hay una propuesta de investigación de las formas por las cuales el arte crea un ambiente de relación y comunicación.

Mario Pedrosa, fue durante los años ´30 uno de los impulsores y organizadores de la Oposición de Izquierda en Brasil, si bien no ha sido trotskista durante toda su vida, su desarrollo político y como crítico de arte tienen que ver con la experiencia con el trotskismo y un fuerte internacionalismo, permitiendo reflexionar sobre las cualidades utópicas del arte moderno, contribuyendo al pensamiento sobre las relaciones progresistas entre arte y revolución. Pensó el arte desde una perspectiva de la libertad y para quién el afecto venía antes de la razón.

El curador de la Bienal, ya había rendido homenaje a Mario Pedrosa en una exposición en el Museo Reina Sofía, donde a través una selección de arte brasileño e internacional iba hilando las posiciones artísticas trabajadas por él a lo largo de su producción intelectual. Desde los años 30, Pedrosa desarrolló su pensamiento sobre la relación entre el arte expresionista alemán y la clase obrera con la obra de Kathe Kollwitz; con la cultura de masas en Brasil tomando como ejemplo la obra de Cándido Portinari y Emiliano Di Cavalcanti, también se interesó por la teoría de la psicología visual (Gestalt). Hacia la década del ‘60 el crítico y militante tras la dictadura militar se exilia en Chile, y luego en México y París, regresando recién en 1977 a su país, interesándose por el arte de las culturas afrobrasileñas e indígenas.

Estas referencias con la mirada del curador de descentralizar la curaduría, apuntan a una experiencia artística que pueda transformar la sensibilidad y la vida de las personas.

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