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Red Internacional

El ministro de Seguridad bonaerense dijo que si no da para aplicar la pena de muerte en Argentina es sólo porque se podría matar a inocentes. Eso sí, se autodefine católico. Tal vez adscribe a aquella justificación de la jerarquía eclesiástica a los vuelos de la muerte. Hasta el momento nadie del Frente de Todos salió a repudiarlo. Miralo.

Jueves 11 de noviembre | 12:08

El miércoles a la noche el ministro de Seguridad bonaerense y mano derecha del Gobernador Axel Kicillof fue entrevistado en el programa “RM”, conducido por Romina Manguel en la señal A24. Allí dijo, entre otras cosas: “en esta situación, como está la provincia y con la lealtad que le debo a un gobernador que puso todo lo que había que poner para que ese plan integral funcione, no puedo dejarlo en el momento más difícil, con un diciembre que le puedo garantizar que va a haber que hamacarse”.

Fiel a su estilo bravucón y desbocado, el manodurista “soldado” de Cristina Fernández de Kirchner se montó nuevamente sobre la campaña securitaria azuzada desde la derecha política y su medios de comunicación afines. Así se refirió a su rol al frente de la Policía Bonaerense, pero también respondió preguntas referidas a la llamada “inseguridad”, incluyendo su idea sobre la pena de muerte.

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- Decime si estoy equivocada, pero me parece que es un debate falaz, porque es imposible de implementar, independientemente de que alguien esté a favor, pero entiendo que vos no estás a favor de la pena de muerte- dijo Manguel

- Mire, ehhh, en realidad, ehhh, si vamos a discutir la pena de muerte… - respondió Berni arrastrando varias vocales

- Yo quiero saber dónde estás parado, porque acá escuchamos tan fácilmente ‘balas a los delincuentes’- lo cortó la periodista

- Yo, desde el punto de vistaaaa… Soy católico y creo que la vida solamente la pueden sacar aquellos que la dan, o aquel que la da, depende la religión que sea… Pero desde lo técnico y lo moral no me temblaría el pulso en aplicarla. Pero hay un problema…

- ¿Desde lo técnico y lo moral no te temblaría el pulso?- preguntó incrédula Manguel

- Desde lo moral no me asustaría aplicarla. El problema es que técnicamente usted corre el riesgo de ejecutar a alguien inocente. Es por lo único, sacando la parte religiosa, de creencia, no me asusta discutirla. El único problema técnico que le veo es la imperfección del sistema judicial que puede hacer que usted cometa la injusticia de matar a alguien inocente.

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Es curioso que Berni se declare católico y a la vez diga que moralmente no tiene problema en aplicar la pena de muerte. Porque si bien la Iglesia a la que adhiere tiene un largo prontuario justificando la muerte de pueblos originarios enteros, o de las “brujas” bajo la Inquisición o de miles de obreros y obreras bajo la última dictadura, al menos en su discurso hace alarde del “imperativo moral” de preservar la vida y no matar a nadie, sea quien sea.

Sin embargo, hay que recordar que Berni tiene formación militar. Él fue carapintada en los años 80 y actualmente ostenta el grado de teniente coronel retirado del Ejército argentino. De allí, quizás, que para él la “moral” tenga tanta flexibilidad que, pese a la verba católica, la muerte de los otros sea algo tan relativo que hasta puede ser justificada en nombre de Dios.

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Vale recordar que la jerarquía católica cumplió un rol fundamental en la etapa previa al golpe genocida del 24 de marzo de 1976, propiciándolo y convocando a las Fuerzas Armadas a cumplir con su “deber patriótico”. Obispos, capellanes y vicarios daban entrevistas opinando que en Argentina hacía falta un estricto orden cristiano, sin escatimar costos ni consecuencias, frente a la amenaza marxista apátrida.

Una vez consumado el golpe por Videla, Massera y Agosti, la Curia tuvo la estratégica misión de legitimar y justificar las acciones de militares, policías, penitenciarios y servicios de inteligencia. Aún las vejaciones más inhumanas. Al punto de que quienes secuestraban, torturaban, mataban y hacían desaparecer cuerpos contaban con la “atención espiritual” de curas que ostentaban la curiosa capacidad de llevar “paz” a los antros del tormento, la violación y la muerte.

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De esas bocas saldría la justificación más categórica de los “vuelos de la muerte”. Hubo obispos que daban charlas a los militares convenciéndolos de que esas maniobras de descarte de cuerpos al mar eran la solución “más cristiana y purificadora” para las almas subversivas.

Entonces, no es novedad que Berni piense lo que piensa sobre la pena de muerte para “combatir” robos, violaciones o crímenes terribles en un mundo donde la precarización de la vida afecta a millones de personas. Lo llamativo es, en todo caso, que Berni hable en nombre del Frente de Todos sin que ninguna voz “progre” de esa coalición gobernante se levante para repudiarlo. Ni siquiera desde los organismos de derechos humanos que, al igual que él, se referencian con la vicepresidenta. ¿Total normalidad?

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