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CÓRDOBA/CUARENTENA

Barrio Nuestro Hogar 3: el gueto y la peste

Hostigamiento policial, discriminación, pobreza y abandono estatal, son solo algunos de los elementos que esta pandemia a profundizado en los barrios de la periferia de Córdoba. En Nuestro Hogar 3, con el reciente hallazgo de casos de Covid-19 positivos, esta situación ha llegado a niveles insostenibles. A pesar de esto, la solidaridad crece en la organización desde abajo.

Javier Musso

Dirigente del PTS Córdoba

Sábado 25 de abril | 09:57

Ubicado en la periferia sur de la ciudad de Córdoba, el barrio Nuestro Hogar 3 fue construido en 1997 sobre el terreno donde se encontraba un viejo basural periurbano. Hoy cuenta con 6 mil habitantes aproximadamente, según información del centro vecinal.

El barrio no escapa a la fisonomía del resto de los dormitorios urbano marginales que se encuentran cruzando la circunvalación yendo desde el centro de la ciudad. Dominan las viviendas precarias, algunas construidas con material y otras con lo que se puede. La mayoría de las calles son de tierra, por supuesto,
no hay cloacas, el agua corriente escasea y el suelo está contaminado. No hay escuela de ningún nivel, pero sí un destacamento policial. La mayoría de los niños y niñas van a la escuela cercana en Villa Angelelli.

El barrio se fue poblando por las familias trabajadoras golpeadas por la pobreza y la hiper desocupación de fines de los años 90, y por trabajadores y trabajadoras migrantes llegadas de Bolivia y Perú, y luego de más de 20 años la situación económica no cambió para la gran mayoría de las personas que pueblan el lugar. La precariedad laboral o la desocupación es la norma.

Trabajo informal ligado a la construcción, empleo doméstico en otros hogares, cuidado de niños.
Gonzalo, de 41 años, tiene en su historia heridas comunes a muchos de los habitantes del barrio. Nacido en Tarija, Bolivia, llegó con su primo a Argentina a mediados de los 90. Sin terminar la escuela secundaria se vio expulsado por la pobreza y la desocupación del país vecino. Luego de pasar un tiempo en Mendoza como trabajador golondrina en la cosecha, giró por el país buscando ganarse la vida en muchos empleos precarios, mientras fue aprendiendo algunos oficios de albañilería y especializándose como yesero. Después de un tránsito por la ciudad de La Plata y el conurbano bonaerense, se asentó en Córdoba en el 2005. Junto a su hermano menor que vino después de él vivieron en el barrio 6 de Agosto que en su gran mayoría es poblado por inmigrantes bolivianos mientras se fue construyendo su casa en Nuestro Hogar 3. Las dificultades económicas para acceder a lo más básico fue la norma en su vida y hoy es parte de las personas que se encuentran dentro del cordón sanitario de 9 manzanas en el barrio, luego de que a un niño de 3 años del lugar le diera positivo el análisis de Coronavirus.

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El hacinamiento es otra de las características de Nuestro Hogar 3, rasgo que comparte con decenas de barriadas populares de la ciudad. Según una encuesta realizada entre 2015 y 2016 por el Foro de Análisis de la Construcción, uno de cada cinco hogares de la provincia de Córdoba tiene déficit habitacional ya sea por hacinamiento o cohabitación. Esas estadísticas se hacen presentes en el barrio y por esto se encendió la alarma cuando se confirmó un caso de Covid-19.
El niño que se contagió del virus fue "expulsado" de la cuarentena porque tuvo que acompañar a su madre a realizar una denuncia por violencia de género. Como él, miles de vecinos del barrio se ven expulsados todos los días para conseguir lo necesario para sobrevivir. Los vecinos de Nuestro Hogar 3 no gozan de licencias pagas por cuarentena porque la gran mayoría trabaja en la informalidad y por la misma razón jamás los llegó a beneficiar el decreto de prohibición de despidos. A muchos y muchas tampoco les llegó la escasa ayuda del gobierno nacional de 10 mil pesos porque son inmigrantes que no tienen documentos. Sobre esta realidad el virus puede hacer estragos si se propaga.

Cuando la información llegó a oídos del gobierno provincial que conoce muy bien la situación del barrio y sus habitantes, pero que jamás hizo nada, se montó un mega operativo coordinado con el gobierno municipal para realizar un cordón sanitario de 9 manzanas alrededor del hogar en el que vive el niño infectado. El gobierno de Schiaretti echó mano a lo que mejor sabe hacer y donde tanto él como su antecesor De la Sota pusieron mayores recursos. En un operativo conjunto con el ejército se desplegaron las fuerzas especiales del E.T.E.R. que tienen más capacidad de intimidación que de brindar un servicio sanitario.

Junto con este despliegue de las fuerzas de seguridad se instaló un centro sanitario de emergencia para tratar a personas con síntomas de Coronavirus ya que el precario dispensario del barrio lejos está de poder dar respuesta a la gravedad de la situación.

El cordón sanitario lleva más de dos días, la intimidación es permanente. En el primer día sobraron las fotos en los principales medios de comunicación de personal del ejército bajando bolsas con alimentos de camionetas para los vecinos que se encuentran en la zona de aislamiento. Lo que no mostraban esos medios, es que dentro de las bolsas había un par de paquetes de fideos, uno para hacer polenta y una salsa. Pareciera que aislamiento obligatorio y a punta de pistola de los y las pobres no merece verduras, carne, leche, azúcar.

Gonzalo nos cuenta que las fuerzas de seguridad tampoco permitían circular por esas manzanas para comprar lo necesario para el día. El centro sanitario que se montó en el barrio sólo atiende a personas con síntomas de coronavirus, por lo que nadie puede recibir asistencia médica si tiene otra enfermedad o padecimiento. Ni siquiera hay remedios. Tampoco se pueden comprar pañales y elementos de higiene personal y del hogar.

Los y las vecinas empezaron a hacer una red con representantes de las distintas manzanas afectadas por el aislamiento para exigir estas demandas mínimas a las autoridades, incluso que haya un contenedor para depositar la basura, aclarando que sea retirado todos los días. La experiencia le da importancia a los detalles.
En donde faltan respuestas sobran titulares y por la tarde de ayer nuevamente aparecieron las frases grandilocuentes en los medios locales sobre la provisión de "alimentos frescos", para no decir que hace más de dos días que los y las trabajadoras del lugar no podían acceder a ellos. Tampoco se dijo qué contenían las nuevas bolsas que llegaron. Pañales, leche y azúcar van a quedar para la próxima, como si no fuera una necesidad de todos los días. También se denuncia que la ayuda no es para todos y todas. En el sector donde vive Gonzalo esas bolsas llegan a cuentagotas y la respuesta es que hay que esperar, pero los recursos nunca llegan.

Tampoco se sabe cuál es el plan a seguir. El despliegue de botas y armas es muy visible, pero detrás de esas cortina los testeos e hisopados son escasos.

Barrio Nuestro Hogar 3 es uno de los tantos guetos de la pobreza que se encuentran en la periferia de la ciudad de Córdoba. Durante la primer gobernación de De la Sota proliferaron los "barrios ciudades" donde se fue amontonando la pobreza y que continuaron en estas dos décadas ininterrumpidas de gobierno del PJ local. Alejados de las luces led del centro, cercados por retenes policiales, se encuentran hacinadas decenas de miles de familias con trabajos precarios, desocupadas, sin acceso a los servicios básicos. Esta situación convive en la ciudad de los dueños de Arcor, Montich, las automotrices y las edificaciones de lujo. En realidad, ellos son los dueños efectivos de la ciudad.

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"La peste" desnuda esa realidad que pareciera natural para los medios adictos al poder, pero también desnuda la "naturaleza" del estado cuya principal respuesta es el aumento del control social mediante las fuerzas de seguridad. Bajo la hegemonía de "la peste" se justifica el hostigamiento y la miseria en el gueto.

Gonzalo, junto a un viejo amigo, intentaron poner en pié un sindicato de yeseros hace unos años. Se reunían clandestinamente en un local cerca de la vieja terminal de ómnibus. Cansados de la informalidad, la falta de medidas de seguridad en la obra de construcción, los maltratos del patrón y la escasa paga, buscaron organizarse. La conducción de la UOCRA desarticuló ese intento apenas fue informada. Seguramente ese secretariado sindical debe estar cómodo en sus casas en barrios caros disfrutando la cuarentena de los ricos mientras cientos de obreros de la construcción habitan Nuestro Hogar 3.

Ese intento fallido de organización que impulsó Gonzalo hace unos años también es parte de la historia individual de muchos vecinos que sin ir más lejos hace un par de semanas empezaron a organizar un corte de porque la cuarentena de la pobreza se volvía insoportable. Los sensores de la burocracia, esta vez la territorial, se encendieron para apagar el foco de incendio.

Nuestro Hogar 3 anticipa las respuestas oficiales si se propaga el coronavirus en los guetos urbanos, en historias de vida como la de Gonzalo están latentes las respuestas desde abajo cuyo único recurso es la lucha.







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