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Barcelona en Comú: ¿ayuntamientos del cambio y de izquierdas?

Ada Colau protagonizo un acto de Barcelona en Comú, junto Pablo Iglesias y Alberto Garzón, en la lucha encarnizada que mantiene con Esquerra Republicana para mantener el control de Barcelona.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Miércoles 22 de mayo | 18:16

Las encuestas dan un duelo muy apretado por uno de los presupuestos municipales más importantes de todo el Estado. El consistorio barcelonés es “objeto de deseo” para las fuerzas de Barcelona en Comú y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). De todas formas, no parece que haya formación que pueda gobernar en solitario y está en cuestión cuáles serán las alianzas. Y es ahí donde hay un baile frenético de números y políticas.

En un acto organizado en el distrito de Horta junto a los líderes de Unidas Podemos, la alcaldesa ha tirado de argumentación de izquierdas para poder atraer el voto útil y movilizar el electorado el próximo domingo. Precisamente, va ser en Horta donde obtendrá el grueso de los votos hace cuatro años cuando comenzó a gobernar la ciudad condal.

Ada Colau se reivindicó como “la única fuerza de izquierdas que quiere gobernar con fuerzas de izquierdas”. En lo que va de Campaña, la alcaldesa pretende llegar a un acuerdo con ERC y el Partit Socialista dels Catalans (PSC) para dirigir el Ayuntamiento.

Sin embargo, estas “fuerzas de izquierdas” pretenden gobernar con otras de derechas. Jaume Collboni planteó la semana pasada que buscaría un acuerdo con Ciudadanos y el PP. Y, Esquerra Republicana no se sabe si gobernaría con Junts per Catalunya, con quienes dirige la Generalitat con una política proempresarial.

La misma Colau ha denunciado que “Maragall estuvo en el gobierno durante décadas y nunca se atrevió a enfrentarse a los poderes”. Cuando el alcalde era Pasqual Maragall, reivindicado por los comunes y Ada Colau, Ernest Maragall era un edil destacado. Y, por supuesto no se enfrentó a los poderosos, sino que hizo muchos negocios con ellos. Seguramente, por eso Pasqual conocía eso del “tres por ciento”.

Ni son de izquierdas, ni quieren un gobierno de izquierda. Esa es la realidad. Sin embargo, el discurso de izquierdas de BComú, de estar al lado del pueblo contra los poderosos, no se condice claramente con la realidad. Hagamos un breve repaso por algunas de las acciones de gobierno realizadas por Ada Colau y su equipo político.

Tampoco BComú es de izquierdas

La ex lideresa de la PAH, agitaba en el acto del domingo que “Lo que está en juego es que sigan las políticas valientes y de cambio”. De hecho, el Ayuntamiento de Barcelona fue parte de los mal llamados “Ayuntamientos del cambio” puesto que lo único que cambió fue quién estaba al frente del mismo. Sin embargo, sus políticas fueron más o menos similares. Lamentablemente, tampoco se ha “enfrentado a los poderosos”.

Cuando Colau asumió la alcaldía, los técnicos de las subcontratas de Movistar estaban en lucha denunciando las condiciones con las cuales eran contratados y el Mobile World Congress. Colau, quien antes de asumir era crítica por la precariedad del MWC, asumió con el compromiso de mantenerlo en las mismas condiciones. No solo eso, sino que el “compromiso de las escaleras” que había acordado con los técnicos de las subcontratas quedó en papel mojado.

Con la lucha de los trabajadores de TMB Metro ha pasado más de lo mismo. Los trabajadores reclamaban conocer cuánto ganaban los máximos directivos y que los trabajadores precarios pasen a plantilla fija en las mismas condiciones que el resto entre otras reivindicaciones. Ada Colau, al igual que su antecesor Xavier Trias de Convergència, se negaba a negociar con los trabajadores en huelga.

Ese eslogan que agitaba Colau este domingo: “Somos la única garantía de un gobierno progresista” suena a vacío. No solo por enfrentar a los trabajadores de TMB y Movistar, sino también por perseguir sistemáticamente a los manteros, por precarizar a los trabajadores del Servicio de Asistencia a Domicilio mediante las empresas de Florentino Pérez, por aumentar el precio del transporte público, y un largo etcétera.

Por todo esto sorprende que Pablo Iglesias destaque que Ada Colau “despierta odio en los que han mandado siempre en Barcelona”. Difícilmente Colau despierte el odio de Telefónica luego del acuerdo con el MWC que firmó días antes de asumir. Tampoco Florentino Pérez, puesto que Acciona se enriquece gracias a la precariedad de los trabajadores del SAD. Ni lo 600 directivos de TMB con salarios superiores al Rey.

Alberto Garzón de Izquierda Unida hablaba de “tener acceso a una vivienda, a un trabajo y a los servicios públicos”. Lo cual es increíble. Los alquileres se han disparado en Barcelona y el área metropolitana, ante la mirada pasiva de la alcaldesa. Y, el acceso al trabajo se está haciendo de manera creciente precaria. Los servicios públicos son cada vez más difíciles de pagar con los salarios por debajo del mileurismo.

Cuando Iglesias dijo ayer, que “demuestra que algunas cosas sí que se pueden cambiar” habría que preguntarle a cuáles cosas se refiere. Ni son “la única garantía de un gobierno progresista”, ni con BComú seguirán “las políticas valientes y de cambio”. Es una “izquierda” que se adaptado al Régimen del 78 como se puede comprobar cuando Iglesias agita el librito de la Constitución y ruega al partido de la cal viva un “gobierno progresista”.






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