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En el segundo semestre de 2020 los niveles de pobreza escalaron a 42 %. De ellos, 10,5 % son indigentes, se trata de 4,5 millones de personas que pasan hambre y el 57,7 % de los menores de 15 años son pobres. Pero el Gobierno prioriza negociar con el FMI y resguardar las ganancias de los empresarios, las medidas para revertir esta crítica situación social son más que insuficientes.

Guadalupe BravoEconomista | @GuadaaBravo

Miércoles 31 de marzo | 21:00
Fotografía: Matías Baglietto

El Indec confirmó que durante el 2020 la pobreza ascendió a 42%, una suba de 6,5 % en la comparación interanual. Estos datos del segundo semestre de 2020, reconfirman una cruda realidad que golpea con dureza a más de 19,2 millones de personas proyectado a todo el país, es decir, con una población de 45,8 millones de habitantes. Son 3 millones más de nuevos pobres respecto a 2019.

La indigencia registró un crecimiento interanual de 2,5 puntos porcentuales, totalizando 10,5 % en la segunda mitad del año, se trata de más de 4,5 millones de personas que pasan hambre directamente.

Con respecto al primer semestre de 2020, se registró un aumento de la pobreza 1,1 puntos porcentuales, mientras que la indigencia se mantuvo en el mismo valor para el conjunto de la población cubierta por la encuesta.

En la desagregación por rango etario, el Indec confirmó que el 57,7 % de los niños y niñas (de 0 a 14 años) viven en condiciones de miseria. Se trata de 6,3 millones de menores que se encuentran por debajo de la línea de pobreza, como el 49,2 % de los jóvenes de entre 15 a 29.

Si observamos los distintos niveles de pobreza en el territorio nacional, las mayores incidencias tienen lugar en las regiones Gran Buenos Aires (GBA) y Noreste (NEA); y las menores, en las regiones Pampeana y Patagonia. Siendo Resistencia (Chaco) la ciudad con mayor nivel de pobreza con el 53,6 %, seguida por los partidos del Gran Buenos Aires, con el 51%; Concordia, 49,5%; San Nicolás-Villa Constitución, 43,6%, y el Gran Tucumán, con el 43,5% del total.

Las mayores tasas de indigencia, por encima de la media nacional se registraron en el Gran Buenos Aires con un 15,2% y en el gran centro urbano Neuquén Plotier con el 12,3%. Mientras en Resistencia, Salta y Mar del Plata, el nivel de indigencia fue apenas superior al 10%.

Fotografía: Matías Baglietto

Pobres más pobres: crece la brecha de canastas e ingresos

El Indec realiza la estimación de la línea de pobreza e indigencia como resultado de la capacidad de los hogares de acceder a la a la canasta básica alimentaria (CBA) y a la canasta básica total (CBT), según el nivel de ingresos. Siendo la brecha la diferencia, lo que falta, entre los valores de esas canastas y los respectivos ingresos de los hogares que cada vez compran menos producto de la creciente suba de precios y la constante caída del poder de compra.

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Es decir, un método que sólo tiene en cuenta ingresos y es cada vez más obsoleto para reflejar la multidimensionalidad de factores que implican vivir en la más miserable pobreza en un contexto de pandemia. Aun así, y pese a las declaraciones de funcionarios como Trotta que intentaron manifestar que las medidas como el IFE-eliminado en 2021- sirvieron para reducir la desigualdad profundizada por la pandemia. El Indec es categórico al señalar lo contrario: "El ingreso total familiar promedio de los hogares pobres fue de $29.567, mientras la CBT promedio del mismo grupo de hogares alcanzó los $50.854, por lo que la brecha se ubicó en 41,9%, el valor más alto de la serie por quinto semestre consecutivo. De esta manera, no solo hubo un aumento en la incidencia de pobreza respecto del primer semestre de 2020, sino que la situación de las personas bajo la LP empeoró por la mayor distancia entre sus ingresos y la CBT."

La pobreza estructural se profundiza ante cada crisis

Las condiciones sociales y laborales de los trabajadores sufrieron un duro revés al calor del plan neoliberal implantado en la última dictadura genocida, profundizado bajo el menemismo. Mientras el salario real nunca recuperó los niveles previos al golpe, según los datos de un documento del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (CEPED) en 2006 el salario real era un 44 % inferior al de 1974; en el caso de la pobreza se pasó de niveles inferiores al 10 % a consolidar hacia el año 2000 un piso de pobreza estructural que rondaba el 20 %.

En octubre de 2002 la pobreza alcanzaba un récord afectando al 57,8 % de la población. Postales de un escenario catastrófico combinado con suba de precios, principalmente de los alimentos que llegaron al 75 %, y pérdida de ingresos. Explicada en gran medida por el congelamiento de salarios, jubilaciones e ingresos, y una aumento del desempleo.

Fotografía: Matías Baglietto

A pesar de la recuperación bajo el kirchnerismo no se logró atravesar el piso estructural de pobreza, basada en un modelo con precarización creciente de los empleos que viene desde hace décadas destruyendo los ingresos de las grandes mayorías. Luego de la debacle económica del macrismo, que incluyó endeudamiento récord, devaluación, inflación y fuga de capitales, la crisis económica que se profundiza por la pandemia, lanza un alerta necesario. En declaraciones a Ámbito, Agustín Salvia, Director del Observatorio de Deuda Social de la UCA analizó sobre esta situación que “el 42% constituye un promedio de dos situaciones distintas, un tercer trimestre con niveles de 39% de pobreza que incluyo el IFE, el aguinaldos de julio y las ayudas sociales y un cuarto trimestre con un 45%”.

Si partiendo de la experiencia se puede señalar que aún con ciertos niveles de recuperación, es difícil volver a las condiciones sociales previas a las crisis. La dramática situación actual, un mar de pobres, que se combina con suba del desempleo, la inflación, cierre de comercios y fábricas, podría marcar el rumbo hacia un piso más alto de pobreza estructural.

Salir del Fondo

El periodista Ismael Bermúdez señaló en Clarín que en los últimos 3 años “7.700.000 personas cayeron en la pobreza. Y de ese total 2,4 millones descendieron aún más: pasaron a ser directamente indigentes.”

“A fines de 2017, sumaban 11.300.000, el 25,7% de la población. Y desde entonces, según las mediciones semestrales del INDEC, no paró de subir, hasta alcanzar el 40,9% en el primer semestre del año pasado, 18,5 millones de personas”, agregaba Bermúdez.

Nada es casual, hace 3 años atrás de la mano del macrismo el FMI otorgaba un crédito histórico, el Stand By de 44.000 millones de dólares. Una estafa que se usó para financiar en gran parte la fuga de capitales, y el gobierno nacional del Frente de Todos se empecina en renegociar y pagar.

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La socióloga Paula Abal Medina, señalaba en un reciente artículo frente al aumento de la miseria que “El gobierno nacional definió terminar el IFE con la emergencia social a cuestas en noviembre de 2020. Los resultados están literalmente a la vista, a la vuelta de cada esquina. En algún momento inicial de la pandemia distintos funcionarios del gobierno nacional participaron del debate impostergable: salario social o ingreso universal. Esta discusión se esfumó justo cuando las condiciones que la fundamentan se agravaron: hambre, pobreza, desempleo, trabajo no registrado.” El ajuste fiscal contenido en el Presupuesto de 2021, incluyendo la eliminación del IFE, son sólo algunas muestras que Guzmán preparó para negociar con el FMI.

No es posible revertir esta dinámica, sin antes invertir el orden de las relaciones económicas del país, priorizando fines sociales como el trabajo, la vivienda y la salud, y enfrentando los intereses empresariales. Las medidas del Gobierno son muestra de lo contrario, con resultados a la vista al elegir a los bancos, a las grandes empresas, a los especuladores y no a los jubilados y los sectores vulnerables, sólo aumenta el deterioro social y la miseria de las amplias mayorías.

El impacto de la pandemia en el mundo aumentó la desigualdad social que reproduce el capitalismo. También retrocedieron las condiciones laborales, peligrando puestos de trabajo. Una salida obrera a la crisis debe impulsar la más amplia auto organización de los sectores en lucha que enfrentan el chantaje patronal y salarios de miseria como en Arrebeef, la histórica huelga nacional de los trabajadores de las viñas y los sectores de salud. Otro ejemplo son los jóvenes de Hey Latam en Rosario que pusieron en pie una cooperativa ante el fraude patronal, en Francia los petroleros de Total enfrentan despidos hace meses, mientras en el País Vasco, ayer trabajadores de Tubacex quemaban sus cartas de despido tras casi 50 días de huelga. Es por ahí. Ante la emergencia social, económica y sanitaria se debe imponer un programa de fondo que beneficie a los trabajadores, desconociendo la deuda odiosa.

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