Internacional

ELECCIONES EN BRASIL

Atilio Borón y la miseria del "voto útil" en Brasil

En un reciente y extenso articulo publicado en su blog de TeleSur, Atilio Borón busca “demostrar el grave error en que se incurriría” si ante la reñida segunda vuelta electoral en Brasil, en lugar de optar por Dilma, se optara por el voto nulo o en blanco. Alarmado por la paridad técnica entre la candidata del PT y su contrincante del PSDB, Borón intenta aportar argumentos que buscan ganar algún voto, a base de comparaciones históricas ridículas y un intento de hacer digerible (al no poder embellecerlo por izquierda) el voto a Dilma.

Diego Sacchi

@sac_diego

Miércoles 22 de octubre de 2014 | Edición del día

Borón inicia su artículo desarrollando largamente como la política ultraizquierdista del Partido Comunistas en los años 30 en Alemania lo desarmó para enfrentar el ascenso del nazismo. Esa extensa presentación sirve para advertir a las organizaciones de izquierda sobre las consecuencias que podría traer la abstención, y no optar por el voto a Dilma ante un posible triunfo de Neves en las elecciones. Entonces ¿Será qué Neves es un Hitler encubierto? Es obvió “que Aécio no es Hitler” dice la nota. Seguramente entonces, en Brasil, están abiertamente en disputa las fuerzas de la revolución y la contrarrevolución como en Alemania, “va de suyo” que no es eso, nos dice el autor. El único motivo por el cual se utiliza esta desopilante comparación histórica entre la Alemania revolucionaria de los años 30 y la segunda vuelta electoral brasilera, es para darle un tinte de reflexión estratégica contra un supuesto “ultraizquierdismo”. No es casual que se utilice a Marx, Lenin, Trotsky o Gramsci buscando “autoridad”, ya que los argumentos que Borón utiliza para apoyar el voto a Dilma, “hacen agua” como el Titanic.

El principal argumento del politólogo argentino se reduce a que, el triunfo de Aécio Neves, significa la vuelta de “la versión dura del neoliberalismo”. Para evitar eso sería necesario votar al PT aún teniendo en cuenta “que en su triste involución pasó de ser una organización política moderadamente progresista a un típico “partido del orden” al cual el adjetivo de “reformista” le queda grande.” según Borón. Basado sobre ese pilar, Borón repite los argumentos sobre los que se busca mostrar a Dilma como el “mal menor” y la única forma de evitar el avance de una derecha que, con el triunfo en brasil, avanzaría sobre el continente.

El autor se las rebusca para evitar decir claramente en el articulo que son las políticas llevadas adelante por el PT, o como gusta decir Borón la transformación del mismo en el “partido del orden”, lo que acentúo la crisis del lulismo y fortaleció la amenaza de una derecha renovada. Mucho menos toma nota de las jornadas de Junio del 2013 que mostraron la crisis de representatividad o como las dificultades electorales de Dilma muestran el deterioro de las bases económicas que mejoraron las condiciones de vida de los brasileños en los últimos años; el choque entre las aspiraciones generadas por el lulismo y los límites impuestos por los problemas estructurales del país.

Esto no es una particularidad de Brasil, es parte de la declinación y fines de ciclo de los gobiernos pos neoliberales. Se puede ver en Argentina, donde también aparece una derecha “renovada” que procura y promete mantener lo más sensible de los planes de los gobiernos actuales. Este avance de las fuerzas de derecha surgen ante el propio giro a derecha de los “gobiernos progresistas” y, como demostraron los debates entre Dilma y Aécio, sus programas no difieren sustancialmente.
Dar cuenta abiertamente de este proceso, equivaldría a reconocer que el PT en el gobierno no solo se ha ido “moderando” si no que se ha transformando en el garante de los negocios de los grandes capitalistas y que ante el deterioro de las condiciones económicas del gigante Latinoamericano se prepara para aplicar el ajuste, no sin enfrentar resistencia. Estos elementos emergieron en la campaña electoral, los escándalos de corrupción en Petrobras, la crisis de los indicadores económicos y el anuncio del ingreso en una “recesión técnica”, y un aumento de la conflictividad obrera pos junio de 2013, que tuvo una primera etapa antes de la Copa del Mundo y que volvió a expresarse en las recientes huelgas.
Reconocer el giro a la derecha que viene realizando el PT en el gobierno, equivaldría a tirar por los aires los “consejos políticos” que da el politólogo de “aprovechar los cuatro años restantes para reorganizar el campo popular desorganizado, desmoralizado y desmovilizado por las políticas del PT. Y someter al segundo gobierno de Dilma a una crítica implacable, empujándola ‘desde abajo’…”.
El "voto útil" o el "menos malo", lejos de permitir “reorganizar el campo popular” no puede más que generar expectativas en un PT, que ya no puede recrearse, y que es parte fundamental de un régimen político que fue sacudido y cuestionado en las calles durante las jornadas de Junio. Llevaría desarmar la experiencia que los trabajadores y los jóvenes comenzaron (más allá de las urnas donde la visión de Borón no parece llegar) en las calles desde junio hasta hoy.

Contrariamente a las conclusiones de Atilio Borón, para enfrentar el avance de la derecha, de lo que se trata es de fortalecer la organización y disposición de lucha de los trabajadores y la juventud. Construyendo una alternativa política de los trabajadores que retome el camino de las jornadas de Junio y de las huelgas recientes. Desde aquí las conclusiones de Lenin, Trotsky o Gramsci que gusta utilizar Borón, no serán meros accesorios para embellecer al PT y “su deplorable capitulación ante las clases dominantes del Brasil, su incapacidad para comprender la gravedad de la amenaza imperialista que se cierne sobre su país -¡el más rodeado de bases militares norteamericanas de toda América Latina!- y el abandono de su programa original” como él mismo tiene que reconocer.







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