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Debates. Atentado contra Cristina Kirchner: no dejar pasar ataques que podrían usarse contra el pueblo trabajador

Algunos trabajadores y trabajadoras tienen desconfianza sobre lo que pasó y sobre lo que dicen los dirigentes políticos. Otros dicen que no es un tema que nos tenga que preocupar porque el problema es el ajuste que sufrimos. Acá debatimos con esas dos opiniones.

Eduardo Castilla@castillaeduardo

Laura VilchesConcejala PTS - FIT Córdoba. Legisladora provincial PTS-FIT (mandato cumplido) | @VilchesLaura

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Viernes 2 de septiembre | 14:55

Muchos trabajadores y trabajadoras opinan con desconfianza sobre el atentado contra Cristina Kirchner como parte de la desconfianza que hay contra toda la dirigencia política de los partidos tradicionales que están alejadas de lo que viven las mayorías populares. Hay quienes dicen que estuvo “todo armado” y que esto es un montaje para tapar el ajuste y las luchas que hay en curso. Que por ese motivo no hay que preocuparse, agregan.

Pero eso no es así. El ataque se da en el marco de una situación de muchísima polarización y división social y política, como resultado de las acusaciones cruzadas entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Hay, además, una gran polarización social producto del ajuste que aplicó el gobierno de Macri y que continuó con el gobierno del FDT: esto genera un enorme repudio al conjunto del régimen político.

Esto se da, en un clima de sentimientos de odio y violencia política creados y alentados por la derecha. Un odio que se desarrolla entre sectores políticos que se alinean con partidos patronales pero que, también, está muy direccionado desde el poder contra las organizaciones sociales, sindicales y su derecho a protestar.

¿Qué otra cosa es la demonización de los cortes de calle en los grandes medios? ¿Acaso eso no es sembrar odio contra los más pobres que salen a luchar? A esa estigmatización contra las organizaciones sociales contribuyeron todas las fuerzas políticas patronales, desde Juntos por el Cambio y la Libertad Avanza hasta el Frente de Todos.

En la creación de ese clima, la derecha política, mediática y judicial juega un papel muy importante. Esa derecha es la que encarna más abiertamente Milei en este momento. Pero también es la derecha de Patricia Bullrich. Ellos dos no condenaron el ataque. Pero esta derecha es, también, la que pide más ajuste. La que pide más flexibilización laboral y que los empresarios puedan despedir gratis y cuando quieran. Esa derecha es la que pide que la clase trabajadora no tenga derechos sindicales. Es la misma derecha que pide que dejen hacer negocios “tranquilos” a los empresarios, sin que nadie “moleste” denunciándolos por evasión o por la fuga de capitales.

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Esa derecha es la que dice que hay que reprimir las movilizaciones y meter en cana a quienes salen a reclamar. Es la que dice que los movimientos sociales y las organizaciones de desocupados no pueden protestar. O, directamente, que hay que disolverlas.

No es casual que ni Milei ni Patricia Bullrich hayan condenado el atentado.

En este contexto político y social se produce un atentado (individual o bancado por algún sector político o social, se verá). En un clima de malestar donde circulan múltiples ideas de odio Es posible que un individuo, envalentonado, decida pasar "de las palabras a los hechos". Hay que agregar que en las imágenes de sus apariciones en los medios y lo que se vio en sus redes sociales lo muestran con un perfil claramente de derecha.

La hipótesis de que se trató de algo completamente armado -un “circo” dicen algunos compañeros y compañeras- resulta cuestionable. ¿El kirchnerismo buscó un joven de origen brasilero, públicamente de derecha, y se puso de acuerdo con él para hacerlo aparecer en un determinado momento y lugar, gatillar dos veces sin que salga un disparo -en un arma que tenía cinco balas- y luego dejarse atrapar?

Es muy importante que los y las trabajadoras, ocupados y desocupados, sepamos que, si se dejan pasar estos métodos fascistas contra una dirigente política que, además, es la vicepresidenta de la nación, mañana los van a empezar a usar contra la clase trabajadora y los sectores populares que salen a luchar. Contra quienes quieran organizarse para evitar los despidos, los recortes salariales o quienes reclamen por nuevos derechos.

¿Qué frenaría a los empresarios para contratar sicarios o asesinos y usarlos contra dirigentes obrero o populares? ¿Qué les impediría armar bandas paramilitares que vayan a atacar físicamente a quienes salen a reclamar por sus demandas?

Esto ya pasó en la Argentina muchas veces, a lo largo del siglo XX. Los grandes empresarios y la derecha armaron bandas paramilitares y paraestatales para asesinar luchadores obreros, populares y juveniles.

Por eso tenemos que denunciarlo desde ahora. La condena al atentado contra Cristina Kirchner es, además, una forma de defenderse a futuro para la clase trabajadora y el pueblo pobre que sale a luchar.

Ahora, hay compañeros y compañeras que dicen que el peronismo está usando este ataque para tapar el ajuste. Eso está ocurriendo. Es cierto. Los dirigentes del Frente de Todos -desde Alberto Fernández a la CGT- hablan de este ataque y nos llaman a la “paz social”, a “defender la democracia” y la “unidad nacional”. Justo en un momento en que trabajadores de distintos sectores como las y los docentes, del neumático, portuarios, alimentación, entre otros están saliendo a pronunciarse y luchar por el salario, las jubilaciones y las condiciones de vida que cada vez son peores.

Ellos le llaman “paz social” y “unidad nacional” a que la clase trabajadora y el pueblo pobre no luchen por sus demandas, en el marco de un ajuste cada vez más duro. Piden “unidad” los mismos partidos de la oposición patronal que votaron el acuerdo con el FMI, que lleva al país a una situación cada vez más crítica socialmente.

Por todo eso, como ya lo planteamos desde el PTS, es fundamental la condena al intento de asesinato. Sin embargo, eso no implica adherir ni respaldar las posiciones del Frente de Todos -y otros sectores patronales- que llaman a movilizarse en defensa de “la democracia”, una democracia que está puesta al servicio de los grandes empresarios, banqueros y terratenientes y permite que sean estos sectores los que deciden todos los días contra el pueblo trabajador.

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