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Red Internacional

Es una semana especial. El jueves se cumplirán 46 años del golpe cívico-militar. Mientras los ministros negocian la inflación con “los dueños del país”, vale recordar cómo la corporación alimenticia golpeó las puertas de los cuarteles y se benefició con la dictadura.

Lunes 21 de marzo | 13:04
Foto: Videla en la Sociedad Rural junto al Secretario de Agricultura y referente de la COPAL, Jorge Zorreguieta

"Vamos a exigirles a los empresarios que retrotraigan los precios que no tienen justificación". La frase corresponde al ministro de Producción, Matías Kulfas. Es uno de los “soldados” de la “guerra” que anunció Alberto Fernández contra la inflación. Se podría decir que el hombre viene perdiendo unas cuantas “batallas”, sino todas. Pero les sigue hablando con el corazón a los grandes empresarios. Y ellos le contestan con el bolsillo. ¿Qué esperaba?

Hoy se realiza una reunión de la que participaron Kulfas y otros funcionarios, junto a dirigentes de la Coordinadora de Productores de Alimentos (Copal), de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU) y otras empresas líderes. Antes lo hicieron con el Comité de Enlace rural y las cámaras de la industria cárnica.

Matías Kulfas (Producción) y Daniel Funes de Rioja (UIA-COPAL)
Matías Kulfas (Producción) y Daniel Funes de Rioja (UIA-COPAL)

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Las reuniones se dan en un contexto especial. Esta semana se cumplen 46 años del golpe cívico militar de 1976. Y hay un dato que seguro escapará a las noticias, a la cobertura de los grandes medios, pero es importante tener en cuenta. La mayoría de los “formadores de precios” que el Gobierno intenta convencer con discursos o tibias medidas, son los mismos que impulsaron aquella sangrienta dictadura cívico militar. Fue justamente para imponer un plan económico que sostuviera sus ganancias contra el bolsillo y la mesa de millones.

Repasando la historia, uno de encontrará con las mismas cámaras empresarias, las mismas marcas, incluso con los mismos hombres.

Un golpe al bolsillo

Con el golpe, asumieron el poder no solo los militares sino también los grupos económicos “nacionales” y extranjeros. Por eso José Alfredo Martínez de Hoz, dirigente del Consejo Empresario Argentino, fue el ministro de Economía.

Una de sus primeras medidas, en abril de 1976, fue retomar la relación con el FMI. Otra, ese mismo mes, fue atacar duramente a la clase trabajadora, con represión, desapariciones, liquidando leyes y convenios que encarnaban muchas de sus conquistas. Pero además se ensañó con el bolsillo obrero y popular. Como cuenta Rodolfo Walsh en su carta abierta: “Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: "Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos". En otro fragmento Walsh denuncia una inflación anual del 400% y que “los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%”.

Copal: alimentando el genocidio

Es más conocido el apoyo de la Sociedad Rural a Videla y compañía. Pero otro de los pilares fueron sus socios industriales, también “formadores de precios”.

Semanas después del Rodrigazo se comienzan a reunir “los dueños del país”. La oligarquía rural, la Cámara de la Construcción, el Consejo Empresario y los principales grupos capitalistas fundan la APEGE (Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias). Desde allí convocan a “la defensa de la propiedad y la empresa privada”, tras denunciar que “se entrega al país al sindicalismo continuando su camino hacia el marxismo”. Pocas semanas después los Bunge & Born, los Blaquier, los Reyes Terrabusi y los industriales de las golosinas agrupados en la CIPA fundan la COPAL, la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios, Bebidas y Afines. El ascenso obrero que había despuntado con el Cordobazo y protagonizado las huelgas generales de junio y julio de 1975, también se sentía en sus fábricas. Allí estaban los trabajadores de los ingenios azucareros tucumanos y jujeños, de frigoríficos como Swift, de las plantas de Terrabusi, Matarazzo, Bagley, Molinos.

Rápidamente se convierte en fanática de los preparativos golpistas. Cuando la APEGE convoca el lock-out (paro) patronal del 16 de febrero de 1976, la Copal organiza la misa que “bendice” el llamado a los cuarteles, en la Iglesia de Nuestra Señora de los Inmigrantes.

Su primer presidente fue un hombre de Bunge & Born, Enrique Eskenazi. El rol de los empresarios alimenticios lo resume Martínez de Hoz en un almuerzo en octubre de 1978: “Quiero expresar mi satisfacción por estar en este tercer aniversario de la COPAL muy cerca de lo que será el tercer aniversario de nuestro gobierno. Y la COPAL ha mostrado desde un principio su voluntad de colaborar con el proceso”.

Los favores fueron mutuos. Las Fuerzas Armadas se encargaron de perseguir el activismo que se había organizado desde los 60 en los ingenios azucareros, las alimenticias del Gran Buenos Aires, en los frigoríficos, desapareciendo a comisiones internas y cuerpos de delegados enteros. La resistencia obrera también escribió sus páginas.

Blanca Freitas, hermana de Avelino Freitas (delegado desaparecido de Molinos) - Foto de Adriana Lestido, "Madre e hija"
Blanca Freitas, hermana de Avelino Freitas (delegado desaparecido de Molinos) - Foto de Adriana Lestido, "Madre e hija"

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Impunes

La Copal salió de la dictadura y se acomodó a los nuevos tiempos. Antes gozó de un “último” beneficio: cuando Cavallo estatizó la deuda externa privada sus empresas estuvieron entre las favorecidas.

Para dejar marcada su prepotencia e impunidad, los alimenticios eligieron a Jorge Zorreguieta como su titular. El hombre había sido, nada más ni nada menos, que el Secretario de Agricultura de la dictadura.

Años después, hubo que hacer un “refresh”. Carlos Pedro Blaquier (Grupo Ledesma) y Luis Pagani (Arcor), eligieron a Daniel Funes de Rioja como nuevo presidente. El abogado asesoraba a las multinacionales para atacar derechos obreros y comisiones internas combativas como Kraft o PepsiCo. Tenía el mérito de haber sido el primero en firmar un convenio flexibilizador en 1994, junto a Rodolfo Daer. Pero Funes también tenía su historia “oscura”. Había sido funcionario del Ministerio de Planeamiento en 1979 y representante empresario ante la OIT (Organización Internacional del Trabajo) durante toda la dictadura. Allí se había encargado de defender todas las medidas antisindicales. Era un hombre de confianza, sin dudas.

Enrique Eskenazi, el hombre felicitado por el ministro de Videla, terminó siendo modelo de “empresario nacional” del kirchnerismo. Por eso se quedó con el Banco de Santa Cruz y encarnó el relato de la famosa “argentinización de YPF”.

Del mismo palo

La Copal no es la única cámara que esconde ese pasado. Entre los que discuten la inflación, hay otros sectores que no tienen nada que envidiarle.

Por ejemplo la Cámara de Exportadores de Cereales, donde están los Vicentín, los Pérez Companc y las multinacionales aceiteras. Después de perseguir a las comisiones internas de sus plantas, sacaron una declaración que resume su ideología: “Queremos que el mundo sepa que la decisión de entrar en la lucha la provocó e impulsó la subversión, no fue privativa de las fuerzas armadas. Por eso queremos refrendar nuestro apoyo a aquella dolorosa pero imprescindible decisión. En idénticas circunstancias volveríamos a actuar de idéntica manera”. Volveríamos a actuar de la misma manera. Tranca.

También se reúnen con el gobierno los grandes supermercadistas. Entre ellos está el Grupo La Anónima, perteneciente a la familia Braun. En los 70 Armando Braun condujo la golpista Cámara Argentina de Comercio, pero también eran dueños de Astilleros Astarsa. Allí se forjó una de las rebeliones más grandes de la clase trabajadora de esos años. Por eso también fue uno de los lugares donde más se ensañaron los militares y gerentes.

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Ayer y hoy

Pasaron 46 años, es cierto. La dictadura cayó con un enorme repudio popular. Pero como vemos muchos de los personajes siguen siendo los mismos. Con las manos manchadas de sangre obrera, los empresarios alimenticios siguen haciendo negocios con el bolsillo y el estómago de millones.

La izquierda plantea sus propuestas para terminar con la inflación, repudia la impunidad de los empresarios golpistas y levanta la bandera de miles de trabajadores y trabajadoras que protagonizaron gestas históricas que el golpe buscó apagar. Son las mismas banderas que vamos a levantar este 24 de marzo en todas las plazas del país.

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