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Red Internacional

Debates. Artistas reflexionan sobre la crisis social y la cultura, el FMI y el compromiso político

Artistas de distintos lenguajes reflexionan sobre las mismas preguntas. Desde el colectivo Contraimagen abrimos un espacio de debate e intercambio diverso relacionado a los problemas que enfrenta la producción cultural ante la crisis social y económica que atraviesa el país. En este segundo artículo tendremos las voces de les cineastas Sandra Godoy, Andy Testa y Alejandro Rath; de la colectiva de fotografía Luan de la Patagonia (muy activa en la lucha ambiental); y de Maxi Mamani, performer, drag y folklorista de Jujuy. Sus puntos de vista se suman a las de Anibal “Corcho” Garisto y Mayra Bottero (Cine), Susana Torres Molina (Teatro), Mario Fernandez (circo) y Verónica Jeria (museóloga) que publicamos en la primera entrega de este ciclo. Durante los próximos días saldrán nuevas opiniones. Diversidad de expresiones, formas de producción, perspectivas y experiencias atacando los mismos problemas.

Javier Gabino@JavierGabino

Martes 30 de agosto | Edición del día

En la primera entrega de esta serie de artículos, la semana pasada, escribía que las tres preguntas que estamos compartiendo con diversos artistas este año son “más directamente políticas”. Pero estas preguntas no son forzadas por un deseo izquierdista, ni entran por una ventana a una sala tranquila, Argentina parece vivir en los avatares políticos que semana a semana cambian el panorama y los humores sociales. La cultura está en una encrucijada, tal como lo está la mayoría de la población nacional, destinataria de un ajuste continuado diseñado desde las oficinas del FMI y aceptado por el gobierno actual convalidando el endeudamiento fraudulento del macrismo.

Hace pocos días el superministro Massa (nombrado por Alberto Fernandez y Cristina Kirchner) anunció un recorte del presupuesto de salud y educación en el presupuesto 2022, que incluye jardines infantiles o el programa conectar igualdad. En este panorama, y si tomamos la cultura de una forma estrecha, cortando las conexiones vitales que la producción del arte tiene con el mundo en que vivimos: ¿Cuánto falta para que el recorte llegue de manera directa a la producción artística y cultural?.

Por ahora la respuesta inmediata a esta pregunta es la negativa a tratar en el Senado Nacional, la ley que impide el apagón cultural. El fin de las asignaciones específicas que fomentan las actividades del Cine, la Música, el Teatro, los Medios comunitarios y las Bibliotecas populares que será el 31 de diciembre próximo, y por lo cual el frente Unidxs por la cultura realizó un bengalazo el jueves 25 frente al congreso Nacional.

Creo que estamos en un momento límite en el que todas las ambigüedades deberían descartarse. De igual manera no pretendo que las opiniones volcadas en esta introducción tiñan las demás respuestas que además son muy claras. Es importante abrir el debate, reflejar diversidad de voces, de formas de producción, de perspectivas, de experiencias atacando los mismos problemas. Durante los próximos días seguiremos publicando nuevas opiniones.

Las preguntas que abordamos fueron tres:

  • 1) ¿Cuáles son para vos las implicancias culturales de la injerencia del FMI sobre el país y cómo te afecta en tu profesión?
  • 2) En el último tiempo el sector de la cultura viene peleando contra el desfinanciamiento, el apagón cultural, que aún no se logró frenar. ¿Además de esta pelea, cuáles luchas deberían darse desde la cultura?
  • 3) Ante la agudización de la crisis social y el ajuste, ¿Cuál creés que debería ser el compromiso de les artistas con las luchas populares? ¿Cuál puede ser el rol de les artistas para colaborar en cambiar esta situación?

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Sandra Godoy

Documentalista, egresada del IDAC, realizadora y productora de diversos documentales como Agua de Fuego (2001), Un Gigante dormido (2008) y Juanas (2019). Realizó trabajos junto a Grupo de Boedo Films y el colectivo Kino / Nuestra Lucha.

1) Los planes de ajuste que nos está imponiendo el FMI nos lleva a más precarización laboral y pobreza, incrementando la crisis social existente. El ámbito de la cultura y el arte no está exento de estas decisiones de achicamiento, gran cantidad de trabajadores de la cultura nos vemos arrastrados a trabajar en condiciones inestables, aceptando labores temporales de baja remuneración, facturando como monotributista o autónomo, todo un clima de incertidumbre que desdibuja nuestro futuro profesional.

2) El poderío de las OTT (Netflix, Amazon, HBO, etc.) no solo afecta a las producciones audiovisuales que no son aceptadas para la exhibición en esas plataformas sino que las pocas producciones con llegada, son licuadas en cuanto a punto de vista, lenguaje, costumbres, tradiciones, quitándonos la posibilidad de contar nuestras historias, impactando directamente en nuestra soberanía cultural.
Sería importante poder ejercer el control, implementando políticas públicas que regulen la supremacía de estas plataformas, garantizando diversidad cultural y nuestra libertad de expresión.

3) Desde ya apuesto al arte que interviene y acompaña los conflictos sociales, con la intención de alzar la voz, de darle voz a las/os que no la tienen, buscando reacción y solución a los reclamos y pedidos


Colectiva LUAN

Es una colectiva de fotógrafxs independientes de la Patagonia. Recientemente han participado activamente en las luchas ambientales de la región.

Fotografía ©Néstor Sandoval

1) El reingreso del FMI implica que haya recortes en un área que no se considera de subsistencia, pero es la que da las luchas para lograr la justicia social, o al menos acercarse un poco a lo más parecido a la justicia. La cultura siempre fue el último rubro que importa, y el primero al cual recortarle el presupuesto. En nuestra profesión implica menos financiamiento y mas trabajo, ya que somos les pocos que estamos en la calle contando las consecuencias de sus políticas desiguales

2) Desde ya que debería ser el cambio climático, salir a la calle y pelear contra la megaminería, poner la voz en sus consecuencias tanto económicas como sociales y ambientales.Destruir nuestro mundo no puede ser algo factible ni aceptado por la sociedad. Ni hablar que implica riqueza para los de siempre y pobreza para quienes la pelean día a día.
Ante la agudización de la crisis social y el ajuste.

3) Todes les artistas debemos ser la voz de las luchas populares, porque somos quienes tenemos el poder de mostrar que es lo que realmente pasa con el ambiente y la sociedad. Somos testigues de la realidad y llegamos a donde los que toman las decisiones de endeudamiento y desfinanciamiento no llegan. La cultura tiene ese poder, si la utilizamos con responsabilidad es capaz de cambiar la historia, además de contarla.La historia de la humanidad es contada a través de la cultura, creemos que ese debe ser el rol, poder contar las luchas y desigualdades a través del tiempo, para lograr un cambio real en las políticas que benefician a los y las de siempre.


Andrea Testa

Realizadora egresada de la E.N.E.R.C. Dirigió el documental Pibe Chorro (2016) y Niña mamá (2019). Junto a Francisco Márquez dirigió la película La larga noche de Francisco Sanctis (2016). Es socia fundadora de Pensar con las Manos, e integrante del Colectivo de Cineastas.

1) Además de las consecuencias más lógicas que se pueden ver y prever, sobre la crisis económica que estamos viviendo y que afecta directamente en la cantidad de recursos destinados a la cultura, creo que hay otras implicancias que también están modificando al cine que estamos haciendo. En lo personal, me pregunto cuál es la película que hay que filmar y de qué manera, cuáles son los cines posibles en este contexto en donde la crisis se escabulle y emerge en las vidas de las personas, en sus cuerpos, en sus miradas, de qué forma eso sucede. Me gusta pensar al cine como la posibilidad de ser testigo de esta época, ese registro que evidencia el dolor y la injusticia violenta de este mundo. Las películas que hagamos van a ser modificadas por este contexto, lo hagamos más o menos consciente. Eso ya está sucediendo. No solamente por los diseños de producción que tenemos al alcance por los bajos recursos con los que contamos, con los costos y las condiciones de todo lo que implica hacer una película, es imprescindible que podamos crear nuevas formas de filmar. Y en estas nuevas formas de filmar pienso que es muy importante pensar en el tiempo, en todas sus dimensiones. El tiempo en el que estamos, cómo nos relacionamos, cómo lo podemos observar, pero también cuál es el tiempo, el ritmo, la forma cinematográfica que moldee cada película. Eso es lo que me estoy preguntando hoy. El hambre y la pobreza se ve en las calles. Se ven a las infancias sin futuro, sumergidas en la pobreza, y eso duele, a mí me duele. Pienso qué puede hacer el cine en esto. ¿Construir lenguaje alcanza, aporta, sirve para esta pelea en contra del hambre? ¿Cuáles son las imágenes, los relatos, que necesitamos para la eternidad? ¿Cuál es el registro de esta época? ¿Cómo se filma el presente? Creo que necesitamos estar abiertas a estas preguntas y a todas las que ahora no se me ocurren. Ese movimiento de pensamiento es lo que creo que el cine nos aporta, por eso la lucha por defender los recursos para un cine independiente es primordial para sostener una independencia del pensamiento. Las películas que todavía no existen son las que necesitamos. No es una frase vacía cuando decimos “las nuevas miradas”, invitamos con ello no solamente a pensar desde una renovación generacional, sino pensar lo nuevo como lo que no está pudiendo ser, existir. Esas nuevas miradas, creo yo, están hoy luchando en las calles, a pesar del frío, del hambre. Están allí porque no hay otro lugar posible. Porque si no es allí, dónde es. Para mí no podemos dejar que sigan destruyendo al mundo y que conviertan la vida de las personas en muerte. Porque al mundo lo incendian y convierten en cenizas lo viviente.

El cine puede reproducir esta forma de la violencia. O escurrirse, e incansablemente buscar nuevas formas para imaginar y construir un mundo nuevo.

2) Hoy esta es la pelea principal porque sin financiamiento se van a producir menos películas y las que subsistan serán las películas que tengan garantizados recursos privados, de las grandes corporaciones. No se puede separar el contenido de las películas de cómo se filman, a qué necesidades responden, el para qué están siendo realizadas. Creo que la pelea por frenar el desfinanciamiento debe estar unida a dos perspectivas conjuntas: cómo ampliar esos recursos y cómo redistribuirlos. La actividad cinematográfica no está exenta en su estructura de cómo está ordenado el mundo, existe en nuestra actividad una concentración de recursos que dan cuenta de que lo que conocemos comúnmente como cinematografía nacional, son las películas que se realizan en un 90% en CABA y dirigidas en un 80% por varones blancos de determinadas edad y procedencias. Esas miradas, que pueden ser distintas entre sí, no abarcan la diversidad de subjetividades que existen en todo el territorio sobre el cual las políticas públicas del audiovisual deberían incidir. Hay pequeños movimientos para intentar reducir esos porcentajes de disparidad, pero no alcanzan. Lo que hay que transformar es estructuralmente cómo se ordena nuestro mundo. Esa pelea de visibilizar, luego comprender e intentar desandar estas formas de dominación, es gracias a los feminismos que se han metido (felizmente!) en cada una de nuestras charlas, debates, interacciones. Por eso hablamos de un cine libre de violencias, no queremos sostener este estatus quo, queremos pelear por transformar (también!) cómo se produce cine en nuestro país y ampliar sin límites a quiénes puedan hacerlo.

3) Darle pelea al ego. Dudar de nuestra mirada. Abrazar sinceramente a lo colectivo. Expandir todos los días el lugar desde donde miramos y hacia dónde miramos. Creo que quienes nos dedicamos a alguna actividad cultural, quienes podemos del arte conformar nuestra profesión, tenemos que asumir un compromiso con el pensamiento crítico, con la praxis de nuestro quehacer.
Muchas de nuestras producciones son posibles por fondos públicos y eso requiere una mayor responsabilidad sobre lo que hacemos. No podemos quedarnos en los lugares de comodidad, mirando de lejos. Me parece que el arte es una herramienta poderosísima para juntarnos, unir, dejar ver, acercar sentimientos, emociones. Para quebrar el individualismo. Para despertar. No somos portadores de verdades sino que a través del lenguaje podemos amplificar algunas preguntas que nos hagan movernos. Frente a la crisis social y al ajuste, pienso en la solidaridad. Quizas, por momentos, haya que apagar las cámaras y dar un paso hacia el otre. Acercar esa distancia que aparenta lo imposible.


Maxi Mamani

Actor, bailarín, profesor de folclore. Performer y creador de Bartolina Xixa, la cholita drag. Activista, reivindica las luchas y derechos de "las maricas morenas de comunidades indígenas" frente a algunas construcciones estereotipadas de "lo gay"

1) Las implicancias en el plano cultural, pensado no solamente en los términos de la industria artística, o como lo cultural vinculado a lo culto, como el mundo burgués lo intenta construir; sino lo cultural en todas las manifestaciones artísticas, de expresión viva de los grupos sociales en los que habitamos, formas pensar y de construir paradigmas, todas esas posibilidades son para mi lo cultural. No solamente lo que se entiende en términos artísticos, sino todo lo que constituye nuestro ser en vinculación social. Y en ese sentido el FMI, al ser un pensamiento de política aplicada sin entender las particularidades de los espacios, es sumamente colonizador, es sumamente violento y sumamente nocivo hacia nuestras realidades.
Porque no están pensando en las particularidades que tenemos como pueblos vivos, como pueblos pensantes, como pueblos en resistencias; sino que todo lo contrario están buscando aplacar y homogeneizar políticas como modelos de construcciones económicas, que afectan directamente tanto nuestra corporalidad, como nuestra forma de construcción a nivel de redes sociales, de red cultural, de red de población.
Yo hago danza, y claramente nos vemos afectados. Nos afecta como estado nación en el recorte presupuestario y económico, y a la vez también afecta en las posibilidades imaginarias que tenemos de poder construir nuevos mundos. En ese sentido la vinculación con el FMI es una política de violencia totalizante, que nos afecta tanto económicamente, pero también las implicancias culturales, sociales, artísticas, de estilos, de estéticas, que se piensan para construir el mundo social, todas se ven sumamente afectadas.

2) Me parece importante que volvamos a discutir qué estamos pensando en términos de cultura, no solamente como lo están pensando los académicos. Está bueno discriminar los espacios, tenemos una Secretaría de Cultura de la provincia que claramente está pensando en sus propios intereses y en sus propios bolsillos; está anexada con la Secretaría de Turismo, y el turismo es una práctica netamente nociva, extractivista y capitalista. Tener vinculado la cultura con el turismo es simplemente cipayo, ser bufones para el sector turístico que llega a la provincia. Con todas esas construcciones andinas que no representan las verdaderas realidades y formas de concebir nuestras propias existencias. Entonces deberíamos empezar a re-preguntarnos por el término cultura.
Venimos peleando los sectores independientes, y es importante que nos pongamos a pensar que lo cultural no solamente está vinculado a la industria artística, sino a todas las expresiones vivas que tienen los pueblos en la provincia de Jujuy. Porque hay expresiones como los carnavales, los sicuri, las pachamamas, que no tienen esta idea del arte occidental de construcción de público espectador, sino que tienen otras lógicas de expresión artística, que también están siendo sumamente aplacadas por las políticas tanto provinciales como nacionales.
No solamente es importante que empecemos a vincularnos con estos sectores que producen arte en expresiones comunitarias y públicas, sino que también seamos creadores de esos espacios. Porque es injusto, ilógico y sumamente violento, que la Secretaría de Turismo y Cultura de la provincia tenga esa vinculación, como un objeto que sirve para la promoción turística, sin entender e intentar pensar políticas culturales que realmente fomenten y permitan la recreación de los cuerpos, y la recreación de los pueblos en sus máximas potencias.

3) El mundo artístico es algo demasiado amplio, en el cual existen artistas que juegan a la burguesía, que juegan en la derecha, y hay artistas en espacios independientes, y expresiones vivas que salen de las calles. Hay múltiples formas, no es algo homogéneo, es un terreno con muchos niveles, formas de expresión, intereses en particular. Y las personas que nos encontramos más vinculadas con las luchas populares, tenemos más reivindicaciones en torno a cómo queremos pensar ese arte.
Me parece que es un poco deslindarse de este ejercicio de la división social del trabajo. Si bien es importante la reivindicación de las personas que ejercen el arte como una profesión; en la lucha social es importante buscar los nexos que nos vinculan frente a la opresión. En sus diferentes matices, puede ser el patrón, el burgués, la masculinidad heterosexual, el macho hetero, puede ser el blanco frente a las realidades más racializadas. Pensar los opresores nos permite encontrar nexos como oprimides de esta realidad, y en esa vinculación poder formar sentidos colectivos.
La construcción de sentidos colectivos es importante. El mundo artístico neoliberal ha creado esta idea de la figura vanguardista, individual, el arte parece que tiene un autor, y ese autor es el único que tiene la epifanía de las realidades. Todo eso es de lógicas neoliberales y hay que intentar, como artistas diferentes a esas construcciones, y pensándonos en lo popular, pensar construcciones más colectivas. Eso podría ser una gran estrategia que podemos tener. En torno a este avasallamiento que ha tenido la individualización del arte, la industrialización de la cultura, la mercantilización y fetichización de nuestras identidades, frente a todo ese avance que viene del mismo germen que puede ser una matriz colonial, machista, capitalista; los oprimides en vez de buscar la individualidad, debemos buscar los nexos que nos permitan vincularnos de forma colaborativa, cooperativa y horizontal.


Alejandro Rath

Egresó de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido (UBA). Es montajista, guionista, director, productor y docente. Dirigió ¿Quién mató a Mariano Ferreyra? (2013), premiada en el FICIP 2014. Alicia (2019), protagonizada por Leonor Manso, y Manifiesto presentada en el festival Doc Lisboa 2019. Forma parte del colectivo Puente Films.

1) La política del FMI, que el tándem de los Fernandez-Massa parece dispuesto a llevar a fondo, implica un ajuste brutal sobre las condiciones de vida de las masas. El campo del arte se ve claramente afectado por el descalabro económico, la inflación desbocada y la devaluación (en el cine la mayor parte de los insumos técnicos son importados) hacen cada vez más complicado llevar adelante los proyectos. Al mismo tiempo, los salarios de los trabajadores y trabajadoras de la cultura van perdiendo terreno como los del resto de la clase obrera.
Todo este escenario sin empezar a hablar de los posibles zarpazos a los fondos que el estado destina al desarrollo cultural. Como muestra basta lo que está costando tirar abajo la caducidad de los impuestos específicos que se destinan a los institutos del campo de la cultura. En el contexto del recorte de las partidas de salud y educación en el presupuesto 2022, ¿cuánto falta para que el recorte llegue a la cultura? Y por otro lado, con este grado de sometimiento al imperialismo, ¿cómo impulsamos que las empresas proveedoras de contenidos online, que están ganando millones a costa de lo que producimos, aporten parte de sus ganancias a la producción cultural?
El ajuste también afecta a las posibilidades de la población de acceso a la cultura. Cuando cuesta cada vez más llegar a fin de mes, la posibilidad de destinar algo del ingreso familiar al acceso a las diversas manifestaciones artísticas no hace más que retroceder.

2) La producción de arte con cierto grado de independencia, que ya se encuentra restringida en sus posibilidades de realización y de encuentro con el público corre grave riesgo. El monopolio de la producción y difusión cultural por parte de grandes empresas nacionales y extranjeras avanza a pasos agigantados con la consecuencia que esto tiene sobre la cultura en términos generales. Nuestra expresión como sociedad se va ahogando en manos de productos artísticos que persiguen el lucro antes que el desarrollo cultural.
Para evitar esto deberíamos movilizarnos fuertemente desde el sector, para defender nuestras conquistas históricas y, desde una crítica implacable a los planes del FMI, dar los pasos necesarios para pasar a la ofensiva y reclamar que las empresas dedicadas al consumo audiovisual por internet aporten parte de sus ganancias. Esto se está discutiendo en el mundo entero y si queremos que esos posibles fondos vayan a la producción independiente tenemos que hacerlo desde una posición de movilización y fuerza.

3) En otros momentos históricos de crisis profundas y ajuste tarde o temprano hubo una reacción popular, esta vez no será diferente. En esos momentos de efervescencia y lucha las expresiones artísticas, con o sin fondos, se multiplican como hongos, se hacen parte de esos procesos y encuentran nuevas formas de encontrarse con el público. La creatividad del arte, la necesidad de expresarse se reflejan en el espejo de la creación y expresión del pueblo en lucha. Espero que en ese camino, como también ocurrió en otros procesos históricos, contingentes importantes de artistas se sumen a la lucha por un cambio radical de la sociedad, en la comprensión de que la única manera de conquistar la independencia del arte es en un mundo sin explotación, donde la posibilidad de expresarse artísticamente sea para todos y todas.



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