Cultura

MUJER Y CULTURA

Arte y violencia de género

Dos artistas trabajan en sus obras la triste realidad de cientos de mujeres en América Latina: la violencia machista.

Miércoles 14 de enero de 2015 | Edición del día

Podría decirse que en las últimos cincuenta años en América Latina, la situación de las mujeres ha mejorado, pero no es tan así. En Argentina, como en muchos otros países, la trata de personas es un negocio que genera millonarias ganancias a costa de la explotación sexual y los feminicidios son moneda corriente, además la mayoría de las mujeres no tienen derecho a decidir sobre su propio cuerpo, miles mueren por abortos clandestinos.

Aún con mujeres que llegaron a ser jefas de estado, Cristina, Dilma, Bachelet; la violencia hacia las mujeres y el machismo sigue siendo un pilar fundamental de este sistema.

El arte, no ha sido indiferente y ha expresado, esa violencia machista ejercida durante siglos hacia las mujeres. Si bien actualmente hay muchas más mujeres artistas reconocidas, aunque la historia del arte sigue estando escrita por y para los hombres; estas expresan una problemática común.

En América Latina, la violencia muestra su rostro más nefasto con los feminicidios y la trata de personas. Me voy a referir a dos artistas contemporáneas, que hicieron de su arte bandera contra la violencia, visibilizando y dando batallas sobre los lugares comunes machistas y la violencia. Artistas cuyas nacionalidades coinciden tristemente, con los más altos índices de feminicidios.

Lorena Wolffer, de México, quien hace más de veinte años trabaja desde su arte ligado al activismo, como una forma de empoderar a las mujeres. Participó de numerosos proyectos, y mediante performances, e instalaciones, dió batalla contra la violencia y plantea la igualdad de género.

Una de sus obras más reconocidas es “Mientras dormíamos”, del 2004, que tiene como tema el Caso de Ciudad Juárez, donde se retrata el cuerpo como mapa simbólico de esa violencia. Desde principios de los noventa, cientos de mujeres fueron asesinadas y muchas se encuentran desaparecidas. Esta obra pretende registrar este hecho, utilizando el propio cuerpo como un mapa simbólico para documentar y narrar la violencia en unos 50 casos registrados. En un ambiente de morgue, se reproducían en su cuerpo golpes, cortadas y balazos que esas mujeres sufrieron.

Otra artista reconocida que tomó como temática la violencia es Regina Galindo, de Guatemala. Ella, centralmente trabaja con la violencia hacia las mujeres desde una perspectiva histórica, visibilizando como las mujeres fueron ultrajadas, violadas, y asesinadas como botín de guerra desde hace siglos. También elige como medio la Performance, que pone en la centralidad su propio cuerpo.

Una de sus obras más impactantes data del 2007: “Mientras ellos siguen libres”, donde era atada a una cama, con ocho meses de embarazo, de la misma forma que las índigenas embarazadas era amarradas para ser violadas. En el lugar estaba el siguiente texto: "Durante el conflicto armado en Guatemala, la violación a las mujeres indígenas fue una táctica generalizada. El hecho del embarazo no fue ignorado por los agresores, estos manifestaban la intención directa de hacer abortar a la víctima para eliminar así hasta el origen de la vida. Los máximos responsables, jefes de gobierno durante los años más sangrientos de la guerra (Ríos Montt y Mejía Víctores) tienen orden de captura por parte de la Audiencia Nacional española, pero gracias a la impunidad guatemalteca han logrado dejar sin efecto la extradición para ser juzgados en el exterior y siguen libres" (Galindo, 2006).

Las vastas producciones de estas artistas (que estamos lejos de pretender mostrar en este artículo) son una muestra más de que lamentablemente en América Latina, el arte ligado a lo femenino no tiene muchas más opciones que hablar sobre la violencia.
La violencia hacia las mujeres y niñas, como temática de estas artistas, da cuenta de una situación que no es doméstica ni individual, sino que es una problemática de todas las mujeres y el lugar que les es asignado en este sistema patriarcal.

Por otro lado, si bien la performance tiene unas pocas décadas de vida en la historia del arte, en la acción de “poner el cuerpo” se entrecruzan la expresión más íntima y personal, como la acción de transformar, y el deseo de poder incidir en la realidad.
Es el activismo político que, apropiándose de herramientas propias del arte, denuncia, visibiliza y cuestiona esa violencia, que hoy, en el siglo XXI, sigue estando naturalizada.







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