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Arte e izquierdas en Argentina y Latinoamérica en los años 60 y 70

Ana Longoni retrata en su libro Vanguardia y revolución. Arte e izquierdas en la Argentina de los sesenta-setenta las relaciones entre arte y política de izquierdas.

Miércoles 22 de octubre de 2014 | Edición del día

En Vanguardia y revolución. Arte e izquierdas en la Argentina de los sesenta-setenta (Ariel, editorial Paidós) la investigadora y docente Ana Longoni, relata mediante aproximaciones, fragmentos y testimonios al conflictivo contexto que se vivió en Argentina y Latinoamérica en los años 60 y 70 y las relaciones entre arte y política de izquierdas.

En los últimos años, hemos visto como el arte y la política se ha tornado en un tema de “moda”, un material de estudio para la investigación académica, como también en el mercado del arte. Pero no hay muestra, escrito o acercamiento a este tema que no tenga más que recurrir a la experiencia a partir de los años ‘60 en América Latina.

Este libro hace una reconstrucción mediante la investigación de parte de la historia del arte, y centralmente los cruzamientos entre condiciones, que hasta ese entonces, parecía ser que iban por carriles paralelos. Artistas militantes, militantes como artistas. La política encontró en los medios de la plástica, en las expresiones colectivas e individuales de los artistas de “vanguardia”, una manera de comunicar, una manera de ser.

Longoni, retoma en este libro su continuidad con el libro Del Di Tella al Tucumán Arde que escribió junto a Mariano Mestman y teoriza sobre la unión entre la práctica artística y la práctica política.

Por otro lado, intenta explicar y conectar esa historia y como nos interpela en el presente. Haciendo un buen desarrollo entre los conceptos vanguardia y revolución y sus acepciones en el mundo de las artes. Dice: “vanguardia es una autodefinición recurrente, desde muy distintas posiciones en el campo artístico en ese período, para nombrar lo nuevo o lo experimental, auque se trata de una insistencia que puede resultar llamativa en un contexto internacional en que definir lo experimental o novedoso en términos de vanguardia resulta fuera de época o anacrónico (Alonso, 2003) ”(Ana Longoni, Vanguardia y Revolución. Arte e izquierdas en la Argentina de los sesenta-setenta -pág 23-).

Se mete en las experiencias concretas de ese momento, desarrollando cómo Tucuman Arde fue una práctica artística, política, contrainformacional. También toma las políticas de los artistas hacia las instituciones, si bien en el principio de los ‘60 -desde el mayor lugar de experimentación en el Instituto Di Tella-, se da un quiebre y los artistas de vanguardia comienzan a producir y hacer acciones por fuera de esto. En los ‘70 se da una situación particular, de buscar incomodar en esos espacios, ser parte de las muestras, premios, buscando llevar algo de lo que pasaba afuera para que repercuta. El “copamiento” y como las formas de la política, se mezclan. La violencia política de esos años es materia para el arte y hay una estrategia de parte de los artistas mediante estas acciones.

Por otro lado, retoma una práctica internacionalista en el arte. El contexto de la llamada “década larga”, que inauguró la Revolución Cubana y clausuró en la Argentina con el golpe genocida de 1976; la guerra y revolución eran ideas fuerzas. En el horizonte, estaban las expectativas revolucionarias.

Influenciados por el contexto pero claramente por las ideas de la izquierda revolucionaria, numerosos artistas argentinos fueron partícipes de un conjunto de iniciativas para constituir un movimiento regional latinoamericano en pos del “arte revolucionario”. El internacionalismo, desde la fundación de la primera Internacional en 1848, de Marx y Engels, proclamó la unidad entre los trabajadores del mundo. Si el capitalismo se compone por un sistema económico mundial hay que responderle con una política internacional. Hubo varias iniciativas internacionalistas entre los artistas donde se organizaron exposiciones colectivas en torno a un eje político. Son de destacar, la conocida “Homenaje a Viet-Nam” en 1966 impulsada por León Ferrari y Carlos Gorriarena y que reunió más de 200 artistas. En 1967 -a pocos días de la muerte del Che, un emblema para la juventud de la época- se organizó una exposición colectiva en su homenaje que fue clausurada por la dictadura militar. Entre otras para destacar, las iniciativas contra los emblemas del imperialismo, como Rockefeller o boicots a la Bienal de San Pablo.

En fin, un libro recomendado, material de uso para los tiempos que se vienen.







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