Economía

POCA ENERGÍA Y MUY CONTAMINANTE

Argentina, el segundo país más contaminante de Sudamérica

Detrás de Venezuela, nuestro país es el que más emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera realiza en América del Sur. Vaca Muerta aumentará la contaminación ambiental.

Viernes 24 de octubre de 2014 | Edición del día

Según la edición 2014 del informe del Banco Mundial sobre indicadores mundiales de desarrollo, Argentina es el segundo país más contaminante de Sudamérica, después de Venezuela. Tras los problemas energéticos luego de una década signada por la extracción sin exploración de nuevos recursos, se le suman estándares altísimos de contaminación. La alta dependencia del gas contribuye a una mayor combustión de CO2. El fracking en Vaca Muerta aumentará la polución ambiental.

Argentina produce poca energía. En el año 2013 importó más de 10.000 millones de dólares en energías, y en el balance entre exportación e importación el déficit fue mayor a 6.000 millones de dólares. El 51% de la matriz energética del país depende del gas natural, que el país debe importar en gran medida desde los gasoductos provenientes de Bolivia y con los buques metaneros de GNL, con un altísimo costo. Es que el país, aun contando los aumentos de la producción de YPF, hasta el día de hoy sigue en una franca caída en la producción anual de hidrocarburos.

Pero eso no es todo. No sólo se produce poca energía, sino que la que se produce es altamente contaminante. Según el informe anual 2014 de los Indicadores de Desarrollo Mundial del Banco Mundial, Argentina es el segundo país más contaminante de Sudamérica, luego de Venezuela. La publicación determina que las emisiones de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera en Argentina equivalen a 4,5 toneladas métricas per cápita en un año. Este índice es muy importante, porque dicho gas que surge de la combustión aumenta los efectos de invernadero en el aire, con las consecuentes problemáticas climáticas y medio-ambientales. Venezuela, país que depende casi en su totalidad del consumo de petróleo, tiene un índice de 6,9 toneladas métricas de CO2, siendo así el primero en toda Sudamérica. Pero el resto de los países del continente están muy por debajo de Argentina: Brasil, el gigante sudamericano, produce emisiones que llegan a 2,2 toneladas per cápita, y el nivel medio de América Latina y el Caribe es apenas del 2,7.

Estos datos muestran que en toda la fase de crecimiento del gobierno kirchnerista en donde aumentó exponencialmente el uso de energía, importación mediante, no se innovó en tecnología que haga más eficiente su combustión, tanto para ahorrar consumo como para evitar mayores daños al planeta. Es más, en cuanto a eficiencia en el consumo de energía, Argentina es el 4to peor país de Sudamérica.

El fuerte desaceleramiento de la economía y las turbulencias que existen a nivel mundial preanuncian una recesión importante para el país. La improvisación frente al cuello de botella energético en los años de crecimiento se traducirá ahora en mayores concesiones a las grandes multinacionales, interesadas en las energías que extraerán de Vaca Muerta. Por eso el gobierno apuró el tratamiento de la Ley de Hidrocarburos, para que inversores como Chevron, que dejó un saldo contaminante enorme en el Ecuador, puedan producir y extraer petróleo y gas sin respetar ni los más mínimos estándares internacionales de polución ambiental. A la combustión de CO2 ahora se sumará un enemigo importante: el gran consumo de agua vía fracking, con el alto peligro de contaminar, vía los aditivos que le inyectan, las cuencas acuíferas y las tierras cultivables.

Los sucesivos gobiernos en Argentina han decidido favorecer a los grandes capitales, sin ningún plan estratégico de mediano y largo plazo que haga sustentable la producción energética para las necesidades populares y el medio ambiente. Es imposible cuidar el medio ambiente si se gobierna para las ganancias de estas corporaciones. En Argentina es posible una completa diversificación de la matriz energética, con mayor uso de la energía eólica, solar, hidráulica o incluso mareomotriz, pero para ello hay que partir de una nacionalización del conjunto de las ramas energéticas, dispuestas bajo un plan nacional de desarrollo, con administración en manos de los propios trabajadores y con participación de las comunidades que habitan la tierra donde están los recursos, como podrían ser por ejemplo las distintas comunidades mapuches afectadas por el desarrollo de Vaca Muerta. Un plan así es posible y podría ir mejorando progresivamente la relación de la industria con el medio ambiente, pero solo puede realizarse con un gobierno que rompa lazos con los intereses capitalistas. El kirchnerismo, con el proyecto de Ley de Hidrocarburos, muestra todo lo contrario.







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