Cultura

EL TELESCOPIO

Aquellos años desorientados

Una ficción dedicada a todos y todas que dieron su vida por terminar con el capitalismo que solo tiene muerte y miseria para ofrecernos.

Viernes 14 de agosto de 2020 | 18:54

“Podemos hablar cien veces de lo mismo y no vamos a llegar nunca a ningún acuerdo. Porque partimos de comprender lo que sucede de modo distinto. Lo que intentás reprocharme no sucedió jamás en mí y te lo aclaré en el momento en que tuvimos aquella conversación…”

Esas últimas palabras que le escuché decir, resonaban en mi cabeza, mientras terminaba el whisky apurada.

Una tarde de sol, y sigo sentada sola en el bar, mirando al vacío, medio borracha y recordando a quien fuera una de las personas mas importantes que conocí en mi vida.

Hace más de 6 años que Felix ya no está y todavía me duele su ausencia.

Fue parte de los miles de asesinados y desaparecidos tras la derrota y contrarrevolución. Aquello de los que discutíamos no tenia mucha importancia... o si, pero lo importante estaba en esas palabras que siguen resonando en mi cabeza y que me hacían recordarlo por su inteligencia, lucidez y hermosa personalidad.

Era un tipo maravilloso, te enamoraba con su alegría y hasta el chiste mas absurdo te causaba ternura.

Era muy dulce, convincente, charlatán, agudo en sus disparates al punto que nadie podía dejar de reír de alguna de sus ocurrencias.

Con aquellas palabras logró hacerme comprender que los conflictos entre personas , como las relaciones mismas no vienen del cielo, no se generan espontáneamente, sino que muchas veces parten de no ver la realidad de manera objetiva y tomar lo que uno fantasea, cree o piensa como algo que realmente sucede, negando toda posibilidad de objeción.

Tardé en comprender lo que me estaba enseñando pero cuando lo hice, mi vida y mis relaciones cambiaron.

Ese fue el Felix que conocí: un luchador preparado para lo que dio y mucho más. Y lo dio todo, hasta su propia vida, hasta el final. Era mi amigo, lo amaba como la gente con buenos hermanos ama a un buen hermano.

Una semana con él, te hacía sentir como si lo conocieras de toda la vida. Así hablaban quienes quisieron acercarse a él y conocerlo y disfrutar como yo de su encanto. Otros solo se alejaban, inventando calumnias para desprestigiarlo. (No se puede generar la simpatía de todos.)

De sus debilidades o defectos, conocí su terquedad, su ansiedad, su cuelgue, su resistencia a los límites, su obstinación por quererlo todo, todo el tiempo. Su poca paciencia, su mal humor por las mañanas, sus ataques de ira, sus canciones depresivas y mal escritas, pero que cada tanto escuchaba para que flotaran sobre mis pensamientos.

"Vamos a seguir durante años

Buscando el sentido de lo que no aceptamos,

Solamente por descubrir

La inevitable sensación de haber perdido.

Y lo que siento es una pérdida,

Por haber jugado mis pocas fichas,

En acomodarte el juego,

En dejarte ganar,

En darte la mano para caer los dos en el fondo de un mar revuelto

Por miserias,

Frustraciones

Y finales abiertos.”

Aquella noche, cuando presentó el disco que le daba nombre a esa canción, descubrí que todo su entorno lo seguía por algo más profundo que su simpatía y hermosura. Lo seguían por lo que encarnaba.

“Cuando me acerque a vos,

No imaginaba llegar al extremo,

El que me encuentra

Cada vez

Que se agota

La imaginación

Y pretendo torcer el viento con una mirada”

Sonaba la canción, Años Desorientados, mientras recordaba que desde aquel primer momento, se convirtió en una de mis favoritas. Por su fuerza, por el énfasis en que cantaba (como si gritara a las fuerzas más hostiles de su vida), esas estrofas simples, acompañadas por la poderosa fuerza del bajo y la batería.

Cuando lo conocí, a los 15 años en la vereda de la calle Ituzaingó de Barracas, se negaba a pensar que su voz podría ser parte de una banda respetada en el mundo del rocanrol local. Y sin embargo nunca cantó bien. Era un renegado, pero siempre con esa dulzura y elocuencia que hasta el último día en que lo vi, lo mantuvo cerca de mucha gente muy importante, pero que también le valió enfrentarse a enemigos que se escondían en una falsa cordialidad.

“El poder,

Me hubiera gustado tener el poder…

De torcer tu voluntad hacia algo superador,

Liberador,

Algo por lo que merezca seguir vivo

Y amar la vida.

Un viaje,

Una revolución,

El cambio… o el fin.

Tan doloroso

Y tan posible,

Tan difícil

Y tan cercano.

Tan fugaz

Y tan profundo…

Se pierde,

Y hay que saber perder y asumir las consecuencias.

Soledad,

Odio,

Vacio,

Impotencia,

Dolor,

Dolor…

Dolor!


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Cada vez que escucho esta canción lo recuerdo y lamento el olvido en que cayó su historia de vida, como la de tantos otros que lo acompañaron y fueron codo a codo junto a el, participes de grandes proezas de nuestra clase. Aunque errados en su estrategia, sus aciertos parciales permitieron la conquista de grandes avances para el conjunto de la humanidad.

La historia esta llena de derrotas y también de este tipo de pérdidas. Como yo perdí a mi amado amigo Felix, perdimos una enorme generación de luchadores como él. Luchadores que tendrán el día de su justa venganza,porque no murieron en vano, sino para que preparemos el triunfo.

“Entre las miles de atrocidades que mi ser pudo desplegar,

Y otras que no vieron la luz,

Se concentraron en el acto final,

Nuevamente desentendiendo al héroe.

Desorientado

Hoy encuentro tu sonrisa

Solo en sueños,

Tu mirada

En el sol

(que no me deja y me deja ver),

Y tu voz

En el viento,

Cuando fijo la mirada

En el horizonte que se aleja y desvanece

Pero sigue ahí…presente.”







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