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Red Internacional

Francia.Anasse Kazib, el ferroviario que quiere ser candidato presidencial y hacer la revolución

Anasse Kazib es trabajador ferroviario en París Nord y representante sindical de Sud. Se presenta como candidato del Nuevo Partido Anticapitalista en las elecciones presidenciales. Reproducimos a continuación un artículo del sitio francés Street Press.

Martes 18 de mayo | 12:22

Reproducimos la nota de Inès Belgacem y Nnoman Cadoret publicada en el sitio francés Street Press en la que realizan un perfil de uno de los referentes de Révolution Permanente, sitio en francés que es parte de la red internacional de La Izquierda Diario, y de la Corriente Comunista Revolucionaria del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA). Se hicieron aclaraciones mínimas para que sea mas comprensible para quienes no siguen de cerca la política francesa, manteniendo el contenido del artículo original.


“Este domingo, haré un anuncio importante, amigos. ¡Ellos no están listos!” La noticia, publicada en las redes sociales el 4 de abril, efectivamente causó revuelo. “Hoy hemos presentado para el debate en el NPA mi precandidatura para las #Presidenciales2022”. Anasse Kazib, 34 años, trabajador ferroviario en Paris Nord, representante sindical de Sud Rail y marxista revolucionario, se vería bien en la carrera por la presidencia. Parafraseando la convocatoria del Comité Central de la Comuna de París en 1871, promete: "Quienes mejor les servirán son los que elegirán entre ustedes, los que viven la misma vida que ustedes, los que sufren sus mismos dolores". A lo que su familia política, el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), responde en un comunicado con un lapidario: “Cierto. Pero es una pena olvidar lo que sigue: ‘Concedan sus preferencias de voto a los que no busquen sus votos; el verdadero mérito es modesto, y depende de los votantes elegir a sus hombres, no a esos hombres postularse’.”

Este anuncio provocó cierto revuelo, especialmente en los círculos militantes de la izquierda radical. Un trabajador ferroviario poco común –si no es el único– que tiene una página de Wikipedia, y es seguido por más de 38.000 personas en Twitter. Querido en los medios de comunicación, acosado por la fachosfera, apoyado por militantes antirracistas y contra la violencia policial, la personalidad de Anasse Kazib divide aguas. “La cara que ya tenían los burgueses y los reaccionarios cuando obreros como Poutou o Besancenot eran candidatos. Ahora imagínense si además de trabajador es árabe y musulmán”, tuitea Taha Bouhafs, periodista de Média y buen amigo de Anasse. Antes de agregar un fotomontaje del candidato presidencial en el Palacio del Elíseo.

"Podríamos…"

“¡Hoy tenemos a Anasse Kazib! ¿Cómo van las cosas desde Les Grandes Gueules (programa de televisión francesa en la que Anasse era cronista, NdelT)? ¿Todavía trabajador ferroviario, todavía sindicalista, todavía revolucionario?” Hacía tiempo que Christophe, anfitrión del programa radial Le Grand Forum en France Maghreb 2, quería invitar al militante a su programa. Anasse acaba de sentarse, sin aliento por su tapabocas y las corridas. Tenía la dirección equivocada. Con un buzo azul en los hombros y gorrita en la cabeza, Anasse Kazib responde con una gran sonrisa: "Sí, siempre".

Con soltura, jovial, sagaz ante cada broma, sabe ser más incisivo cuando se trata de política. El anfitrión lo lanza sobre el tema de Rassemblement Nationale (RN, partido de la ultra derecha, NdelT) y de la islamofobia. “Surfean sobre el desempleo”. Desarrolla sus argumentos. El día 5 de cada mes, cuando se cobra la “Renta Laboral Solidaria", las colas en el correo parecen no terminar nunca. Agrega “los patrones viven del Covid”. Su tono se eleva gradualmente y las fluctuaciones de su voz dan muestra de su pasión. Anasse Kazib habla de "nosotros", de "clases", de "camaradas". "Podríamos ...", promete, antes de echarles la culpa a "ellos", "los que están en el poder", "los que saquearon servicios sociales y hospitales". Después de casi diez minutos de monólogo ininterrumpido durante los cuales el estudio absorbe sus palabras, es la publicidad la que obliga a Christophe a cortar este entusiasmo: "Es un golpe de rabia que se puede entender. Y es compartido”. Eso es Anasse Kazib: un orador franco y terriblemente simpático, que llama la atención. El anfitrión comenta:
“Por lo general, corto directamente. Pero él habla con tanta fuerza y ​​tanta potencia".

Una gran voz

Christophe soñaría con tener al polemista en su programa. “Tiene cierto talento y una facilidad para defender sus ideas. Seguramente sirvió su experiencia en el programa Les Grandes Gueules.” Los oyentes que se comunicaron con la producción conocen todos al ferroviario, por su participación en un programa radial de RMC. El espectáculo que parece un ring es escuchado y visto por más de dos millones de personas diariamente. "Iba al programa como iba a una asamblea sindical", recuerda Anasse Kazib, divertido. Cada intervención es una oportunidad para hablar sobre lucha de clases, de críticas al capitalismo y violencia social. Defiende –desde la primera hora y contra todos– a los Chalecos Amarillos. Al día siguiente de la muerte de Ibo –un joven de 22 años que murió en una motocicleta tras cruzarse con la policía en octubre de 2019 en Villiers-le-Bel–, el trabajador ferroviario dio la versión de la familia en vivo, mientras la prensa retransmitía la de la prefectura. “Los proletarios que luchan por ir a trabajar… ¡Me llena de bronca!” suelta también. Un electrón libre con opiniones disonantes del resto del paisaje televisivo francés y, sobre todo, del resto de los columnistas de su programa:

“¡Estaba viviendo mi mejor momento! Los ponía furiosos, salía con una sonrisa y, además, me pagaban por ello. Una bomba!"

Este hombre ama el debate de ideas, incluso se divierte. "Schiappa me esquiva todo el tiempo. Tampoco tuve la oportunidad de discutir con Zemmour. ¡Lo habría puesto furioso!” Apreciado por su elocuencia y su réplica, el idilio mediático sigue estando en los canales de noticias o en C8, en los programas de Cyril Hanouna. Anasse Kazib se negó a convertirse en columnista allí: el tiempo de intervención le parecía insuficiente. Pero hay ahí, cuando la actualidad lo permite, una buena tribuna. Como cuando protestó contra Jean-Baptiste Djebbari, ministro a cargo del transporte, y recordó las demandas de sus compañeros ferroviarios en huelga.

Una especie de maldición, siempre es el hombre más de izquierda del estudio. Resultado: a menudo muestra las contradicciones. Lo que a veces se convierte en injurias. Fadila Mehal, una política del partido de Macron La République en marche (LREM), lo acusó de "terrorismo verbal" cuando la interrumpió en Cnews. Anasse se va del programa. O cuando es amenazado de muerte en Twitter por el funcionario de RN Thierry Veyrier, lo que provocó indignación. "Esto es una locura! Estas personas tienen discursos con un nivel de racismo increíble, pero siguen siendo invitadas en los medios. A mí, por un hecho del que yo no fui parte, me despidieron…” haciendo referencia a su experiencia en el programa Les Grandes Gueules que terminó abruptamente en marzo de 2020. La emisión fue interrumpida por la irrupción de huelguistas, y se negó a denunciar la acción de "sus compañeros de lucha”, aunque lo instaban los presentadores y los cronistas. Para él, no hay duda: fue esta intervención la que provocó su salida del programa. Aunque la dirección de la cadena nunca lo ha confirmado. Él comenta:

“¡Soy marxista! Estoy aquí para hacer la revolución. Sé que no soy de su ambiente y que en algún momento me iban a joder."

Hombre de terreno

Tribunal de Justicia en la localidad de Bobigny, mediados de abril. Anasse Kazib llega con un equipo, acompaña a los trabajadores de vías de la estación Gare du Nord. Ríe, charla. Son una docena los que demandarán por segunda vez a su empleador, la SNCF (empresa ferroviaria estatal francesa). Desde el 18 de enero han iniciado una huelga renovable en los servicios nocturnos, para exigir mejores condiciones laborales. Invisibles para el público, trabajan en instalaciones defectuosas y garantizan la seguridad de los trenes. "Aguantan las condiciones laborales más difíciles, trabajan bajo la lluvia, la nieve, de noche, y muchas veces tienen la categoría más baja", insiste Anasse Kazib, que ha aceptado ser portavoz de las demandas de estos trabajadores. Elegido en el radical Sud Rail, un sindicato ferroviario histórico, le gusta decir que "la huelga es como una guerra, se prepara":

"Estás buscando la falla de tu adversario, ¡no vas en pelotas! "

Y ese día de abril, el error de la SNCF fue su manejo de la huelga. Algunas semanas antes, ya acusada de atentar contra el derecho a huelga, la empresa ahora es acusada por fallas en el mantenimiento de las vías por parte de los trabajadores ferroviarios, quienes hacen uso de su derecho de alerta sobre la seguridad para llevarla ante el juez. Mala suerte, este último se va de vacaciones el mismo día y no piensa llevarse sus archivos de viaje. El veredicto se emitirá el 19 de mayo. Para Anasse Kazib es demasiado tarde. "Necesitábamos el veredicto más rápidamente, era para influir en la relación de fuerzas y en las negociaciones", comenta con la abogada y los trabajadores ferroviarios al salir de la sala del tribunal.

"Conocí a Anasse por el programa Les Grandes Gueules. Ya en ese momento, me gustó su personalidad más aguda que el resto de las personas en la televisión ", dice Olivier Abysique, uno de los trabajadores de vías que está en huelga:

“Él me representa más. Incluso los columnistas que vienen de los barrios, parece que se han olvidado de dónde son. Él tiene credibilidad. "

Anasse Kazib es señalero en Le Bourget desde 2012, gana alrededor de 1.800 euros según sus bonificaciones y trabaja según el tres-ocho [una forma de organización de trabajo limitada en Francia, que consiste en dirigir tres equipos en turnos de ocho horas consecutivas en el mismo puesto, para asegurar un funcionamiento continuo durante 24 horas]. Como Olivier y los demás. “¡Anasse! ¡¿Sabés que un chico me preguntó cómo eras en la vida real?! ¡Parecía que estaba hablando de un famoso!” dice uno.

Padre e hijo, ferroviario

Lo hace reír cuando lo cuenta. Su vida no son los medios, asegura. Son sus dos hijos, de ocho y cinco años. Los lleva a las manifestaciones con él o al piquete de huelga. En un video de su celular, su hijo menor sostiene el megáfono y canta "el canto de los ferroviarios enojados". "Me dijo: ’¡Cuando sea mayor me gustaría ser huelguista!’” Su esposa también es trabajadora ferroviaria y delegada de Sud Rail. Se casaron a los 21 años. “Éramos muy jóvenes”. Anasse, que creció en Sarcelle, estudiaba arquitectura y organizaba fiestas en París. Pero los materiales de estudio son caros. “Y la vida familiar me dio responsabilidades”. Deja todo para seguir los pasos de su padre, también trabajador en la SNCF. "¡Fue casualidad! Originalmente él tenía que ir a Oxford a trabajar en tareas de limpieza con un amigo. ¿Te imaginás? ¡Habríamos sido ingleses!” El migrante se unió a la SNCF en 1974. En ese momento, la empresa estaba construyendo ciudades enteras para sus trabajadores ferroviarios. “Me dijo que no iba de compras a Carrefour, sino a tiendas de ferroviarios, donde todo era más barato. No queda nada de las conquistas [sociales] de antes”. Su padre también fue uno de los 848 marroquíes que demandaron a la SNCF, a la que acusan de discriminación por su origen. El sonríe :

“Mi familia me apoya mucho. Todos siempre hemos sido de izquierda. No nos gusta la injusticia en general. Nos educaron repitiéndonos: ´No debemos hacerle mal a la gente´."

Son cinco hermanos y hermanas. Él es el último. “Así que había que hacerse escuchar en mi casa”, cuenta. “¡Toda mi familia podría estar en Les Grandes Gueules! ¡Es más difícil discutir con mi hermana que con un ministro! También es trabajadora ferroviaria y sindicalista. "¡Ella se expresa tan claramente! "

¿El colectivo?

En los distintos movimientos sociales en los que ha participado Anasse, sus compañeros a menudo le piden que hable por ellos, él, que se siente tan cómodo. "Si sigo hablando y ellos no han aprendido a tomar la palabra, significa que es una huelga de mierda”. El revolucionario preferiría ser el ejemplo a seguir: “Lo que los patrones llaman una ’mancha de aceite’. "

Entonces en cada levantamiento social, una cámara de Révolution Permanente está ahí para inmortalizarlo. “Para apoyar y mostrar a los invisibles. Los patrones saben que cuando Anasse está, va a salir en los medios”, promete el ferroviario. El sitio web, que se define a sí mismo como un medio de las luchas, está sostenido por militantes de la Corriente Comunista Revolucionaria del NPA, una rama de la cual Anasse Kazib es la fuerza impulsora. Con su grupo Révolution Permanente lanzó su precandidatura a las elecciones presidenciales. “Se han emancipado de todas las reglas colectivas”, comenta Julien Salingue, miembro de la dirección del NPA, donde esta candidatura hizo enojar a la gente. “En nuestra organización, nunca hemos organizado una primaria y por buenas razones: rechazamos la personificación de los debates políticos. Discutimos el proyecto, el contenido y el tipo de campaña que queremos hacer. "

Con su precandidatura lanzada en las redes sociales, Anasse Kazib y Révolution Permanente han pasado por alto todo. “Todas las corrientes del NPA les dijeron que no lo hicieran. Para nosotros, es una ofensiva contra el NPA, llevada adelante por un grupo que juega su propio juego y quiere construir su propio negocio", dice Julien Salingue, quien fue miembro del equipo de campaña de Philippe Poutou. Anasse Kazib, promete que quiere modernizar su partido:

“La política de la NPA ha sido un fracaso. Ley de seguridad global, jubilaciones, Chalecos Amarillos, violencia policial, ley de Trabajo, ha habido un recrudecimiento de las luchas durante cinco años. Los chalecos amarillos se autodenominaron apolíticos. En lugar de decir: ‘¡No a los partidos capitalistas y sí al NPA’!"

Sin embargo, fue después de las manifestaciones contra la ley de Trabajo de Myriam El Khomri que el trabajador ferroviario se encaminó hacia los movimientos sindicales y al NPA. “Y luego existe un lado subversivo”, continúa. “Joven, racializado, musulmán, obrero surgido de los barrios populares. Nunca debería haber pasado”, sonríe. Sin embargo, el sindicalista no participa para ganar las elecciones. ¿Y además conseguirá reunir las 500 firmas de los alcaldes para acceder a la candidatura? [1] "Dar sus firmas a un magrebí, ¿te imaginas?” Sin investidura y por lo tanto sin las redes del NPA, la misión parece casi imposible. En cualquier caso, a Anasse Kazib le gustaría encarnar "una cierta izquierda llamada ’radical’". Y, sobre todo, ¡empujar los debates!


[1Para presentar un candidato presidencial se requiere el aval de 500 alcaldes, lo que hace casi imposible que se presenten candidaturas independientes





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