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Alza en precio de alimentos y mala nutrición afecta a sectores empobrecidos

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publicó que Chile es el segundo país de dicho organismo en aumentar más el precio de los alimentos, los que han subido un 7,5% en el transcurso de un año. A esto se suma que según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), alrededor del 40% de los trabajadores no recibe ningún beneficio para alimentarse, lo que repercute directamente en la calidad de vida.

Jueves 6 de agosto de 2015

Chile vuelve a estar dentro de los primeros lugares en un listado realizado por la OCDE, donde esta vez se establece que es el segundo país de dicho organismo en aumentar más el precio de los alimentos, los que se incrementaron en un 7,5%. Sólo lo supera Turquía, país donde el alza en los alimentos llegó a un 9,3%. A esta dura realidad, que afecta principalmente a la clase trabajadora y los sectores populares, se agrega que según la OIT un 40% de los trabajadores chilenos no recibe ningún tipo de beneficio para alimentarse, una precaria situación que golpea día a día a la mayoría de la población.

Es así como en la actualidad un kilo de paltas cuesta alrededor de $3.300, la carne de vacuno supera los $5000 el kilo, el arroz está a más de $1000 el kilo, las legumbres en general cuestan más de $3000 el kilo, la leche sale más de $800 el litro, entre otros alimentos básicos que han aumentado estrepitosamente. Este aumento en los precios golpea diariamente los bolsillos de miles de familias trabajadoras y pobres que deben hacer “malabares” para poder alimentar a sus hijos y llegar a fin de mes, teniendo en consideración el “mini salario mínimo” de $225.000 que obtiene la mayoría de los chilenos y que claramente no se condice con el alto costo de la vida.

Esta crítica situación se suma a la serie de derechos fundamentales para vivir que deben ser costeados por las personas; educación, salud, vivienda, transporte, son parte de los costos diarios que salen de los bolsillos de los trabajadores del país; mientras que las autoridades ganan cada mes sueldos que superan fácil los $5 millones, una realidad diametralmente opuesta a la que viven miles de personas. Esta nueva alza en los precios de los alimentos es un nuevo golpe para la clase trabajadora y los sectores más empobrecidos de Chile.

La mala nutrición que tienen los trabajadores en el país

Además del importante aumento en el precio de los alimentos, se suma que según un documento emanado por la OIT que tiene por nombre “Un enfoque integral para mejorar la alimentación y nutrición en el trabajo: Estudio en empresas chilenas y recomendaciones adaptadas” (1), el 40% de los trabajadores chilenos no recibe ningún tipo de beneficio en las empresas para alimentarse, lo cual se agrava en las mujeres debido a que un 46% de estas no recibe alimentación.

Dentro de las principales causas que impiden que los trabajadores puedan alimentarse de una manera saludable y acorde al esfuerzo físico que utilizan en cada jornada laboral, se encuentran la falta de tiempo (50%) para poder comer, la ausencia de recursos entregados por las empresas y la falta de dinero de los trabajadores (17%), y la carencia de lugares establecidos para poder alimentarse (15%). Esta situación hace recordar la lucha que emprendieron los trabajadores portuarios hace un par de años por la exigencia de media hora de colación y un lugar adecuado para poder alimentarse, algo mínimo que debiesen garantizar los empleadores, sin embargo, es una cruda realidad que deben enfrentar miles de obreros y obreras cada día.

Además, según dicho estudio un “20% de la muestra no desayuna regularmente, un tercio no almuerza en forma regular, fundamentalmente por falta de tiempo o falta de recursos y una fracción importante almuerza en forma rápida, probablemente por restricciones de tiempo en la jornada laboral”. Esta aberrante realidad es permitida por la legislación laboral actual, pues el Código del Trabajo no les exige a los empresarios la entrega de alimentación para los trabajadores, sólo se determina que el establecimiento debe contar con un “lugar cómodo y limpio” y con 30 minutos para comer, algo que en muchos casos ni siquiera se cumple.

Por otra parte, muchas empresas optan por entregar bonos de alimentación, vales o “cheques de restorán”, los cuales poseen un monto muy por debajo del valor que tiene alimentarse adecuadamente, lo que se convierte en una medida parche e insuficiente, que lamentablemente está avalada por el Estado, la legislación laboral y ha sido mantenida por todos los gobiernos de turno.

Esta precaria situación es “pan de cada día” para miles de trabajadores, sobre todo para aquellos que laboran en calidad de subcontratados, en trabajos temporales, faenas o de manera transitoria, pues los derechos básicos no son garantizados por los empleadores y al ser trabajos más inestables e inseguros es mucho más fácil para el empresario pasar por alto las condiciones mínimas para vivir y trabajar en buen estado de salud.

La alimentación es crucial para la subsistencia y la calidad de vida de las personas, sin embargo, ni el Estado ni los gobiernos de turno se han hecho cargo de una realidad que golpea principalmente a la clase trabajadora y los sectores populares.

(1) Documento de la Organización Internacional del Trabajo (OIT): “Un enfoque integral para mejorar la alimentación y nutrición en el trabajo: Estudio en empresas chilenas y recomendaciones adaptadas”, Santiago de Chile, 2012. En línea: http://ilo.org/santiago/publicaciones/WCMS_201138/lang--es/index.htm







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