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Red Internacional

Ley de Etiquetado de Alimentos.Alto en lobby: el rótulo para la puerta del Congreso

La ley de Etiquetado Frontal de alimentos se trataría este martes en diputados. Negocian el quórum. ¿Qué es lo que tiene, que logra unir con la misma fuerza a jóvenes y trabajadores que la defienden y a monopolios y gobiernos que la rechazan? ¿Qué debates en torno a la alimentación se abren?

Guadalupe OliverioEstudiante de antropología, Facultad de Filosofía y Letras UBA

Domingo 3 de octubre | 15:28

Aunque costó, logramos en octubre de 2020 la media sanción en el Senado de la Nación de la Ley de Etiquetado Frontal. Pero a los meses vino Sergio Massa -después de una reunión con Manzur y empresarios azucareros en Tucumán- y giró el proyecto para que sea discutido (o cajoneado) en seis (¡seis!) comisiones. Gracias a la pelea en las calles, obtuvimos que sean menos… cuatro comisiones: industria, legislación general, defensa del consumidor y salud.

Los meses pasaban y oficialistas y opositores macristas proponían modificaciones, y hasta la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina tuvo el descaro de intervenir para dar argumentos en contra. Pero con la presión que metimos, en julio de este año, logramos obtener un dictamen de mayoría en la Cámara de Diputados. Sin embargo, el tiempo siguió transcurriendo y la Ley de Etiquetado Frontal, o mejor llamada Ley de Promoción de la Alimentación Saludable, estaba a punto de perder estado parlamentario, que se pierde todo los años en el mes de noviembre, poniendo en peligro de tirar por la borda todo el esfuerzo hecho hasta ahora. Este martes 5 de octubre, vuelve a tratarse en el Congreso. La única confianza que tenemos contra tanto lobby es que solo la fuerza en las calles puede conquistar la ley. Es por eso que se está convocando a una movilización para ese mismo día, a las 11 am, en la puerta del Congreso, la institución que debería tener el rótulo, si fuese un alimento, de “Alto en lobby”.

Pero ¿qué es lo que tiene esta ley que logra unir con la misma fuerza a organizaciones ambientales, madres, padres, jóvenes y trabajadores de la alimentación para defenderla y, por otro lado, a empresarios, monopolios y gobiernos pero para rechazarla?

Con la ley, se está proponiendo un etiquetado que sea claro en todos los alimentos que se consumen hoy en día en Argentina. Las heladeras de supermercados y kioscos empezarían a mostrar productos que llevarían en su parte de adelante rótulos negros, con forma hexagonal, indicando si ese objeto comestible tiene exceso de grasas saturadas, de calorías, de sodio, o bien si es alto en azúcares. Se pretende advertir a la población, de forma evidente, la presencia de excesos de uno o más nutrientes considerados críticos para la salud del organismo. También, con esta iniciativa se busca defender el derecho a la información de toda la población. Hoy, para saber qué tiene lo que comemos, tenemos que ir con lupa al supermercado. E, incluso, se sabe que solo un 13 % de la población en Argentina dice entender las etiquetas de estos productos.

Somos de las pocas especies omnívoras que existen en el planeta. Contamos con la ventaja de no depender de un solo tipo de alimento para sobrevivir y deberíamos tener la posibilidad de poder disfrutar de todo tipo de sabores, gustos, texturas y combinaciones. Como humanidad, desarrollamos la tecnología a niveles impensados, con la capacidad de producir alimentos para el conjunto de la población mundial. Sin embargo, el capitalismo como sistema impide esto. Hoy 811 millones de personas en el mundo sufren hambre, mientras que quienes pueden alimentarse ya no saben qué se están metiendo en su cuerpo, cómo está elaborado ese producto y qué ingredientes se utilizan. Y algo peor: como comensales, no podemos saber si nuestros alimentos nos están enfermando a largo plazo. ¿Qué es el “glutamato monosódico” y el “guanilato disódico” que tiene mi sopa instantánea? ¿Qué significa que mi yogurt tenga “aromatizantes idénticos al natural”? ¿Cómo llegó ese “exaltador de sabor” a una simple barra de cereal?

Infancias y adolescencias en la mira

Uno de los puntos de la ley propone cuidar a las infancias y adolescencias, negando el ingreso a las escuelas de productos que tengan al menos uno de estos rótulos. Además, se prohibiría que las empresas que los producen sean objeto de contratación preferencial por parte del Estado.

El avance de las enfermedades crónicas no transmisibles en esta franja etaria alarma a madres, padres y especialistas. Como plantea el Licenciado en Nutrición Ignacio Porras (MN 7270), en nuestro país les niñes ven en promedio unas 60 publicidades semanales, de las cuales 9 de cada 10 son productos de baja calidad nutricional. Se está intentando regular el aparato de marketing poderosísimo que tienen las grandes empresas productoras de alimentos, con sus packagings de colores estridentes, dibujos y personajes que cautivan a los más pequeños. Con la ley, estos productos dejarían de poder ser objeto de publicidad para niños, niñas y adolescentes en nuestro país.

En Argentina, les niñes ven en promedio unas 60 publicidades semanales, de las cuales 9 de cada 10 son productos de baja calidad nutricional.

Manzur: lobbistas contra la ley dentro del gobierno

A las empresas de alimentos monopólicas como son Mondelez-Kraft, PepsiCo Snacks, Arcor, Coca-Cola, Nestlé, y tantas otras, esta idea no le gusta para nada. Claro, estos "sellos de advertencia" podrían alcanzar hasta el 100 % de sus productos, inclusive a todos esos que se dicen "light", "naturales" o "repletos de nutrientes".

Kantar, una agencia especializada en consultoría, conocimientos y datos, realizó el siguiente informe sobre las marcas más consumidas en Argentina durante 2020. Y no es casualidad que encontremos en ese listado los nombres de los principales lobbistas contra esta ley.

Informe sobre las marcas más consumidas en Argentina durante 2020 (Agencia Kantar).

Entre los primeros 20, encontramos al grupo Ledesma, propiedad de los Blaquier. Por eso, el Centro Azucarero Argentino (CAA), asociación de los principales empresarios del azúcar del país, es un ferviente opositor al proyecto. Su presidente, Jorge Feijoó, fue a las comisiones de la cámara de diputados a plantear que esta iniciativa “busca demonizar al azúcar”.

Ahora con Manzur como Jefe de Gabinete de gobierno, la ley encuentra un obstáculo más. Recién llegado desde Tucumán, provincia azucarera desde hace años, viene a defender a sus amigos. En 2017, ya se había declarado en contra de los impuestos a las bebidas azucaradas, diciendo que “científicamente no está comprobado que el azúcar genere un daño para la salud”.

Él es médico y fue ministro de Salud de la Nación bajo el gobierno de Cristina Kirchner. Sin embargo, no está hablando desde la ciencia, sino desde los negocios de su feudo. Tucumán tiene 15 ingenios activos con 500.000 hectáreas de caña de azúcar, en las que la explotación de los trabajadores llega a niveles extenuantes. Si la incorporación en gran escala de azúcar en la mayoría de los productos que se consumen en el país destruye la salud de millones, no les importa. Al contrario, cada vez van a tener más billetes en el bolsillo.

Es por esto que la preocupación no solo está en el cajoneo de la ley, sino también en la fase siguiente si se aprobara: su reglamentación, donde los amigos del poder -comenzando por el propio Manzur- van a querer meter mano.

Voces para repensar la alimentación que nos merecemos

En la vereda de enfrente a estos planteos está, entre otros especialistas, Marcos Filardi. Él es abogado de Derechos Humanos y fundador del Museo del Hambre. Lo entrevistamos en el marco del ciclo de charlas “Comer: alimentación para un mundo volátil” y le consultamos sobre la importancia de esta ley. Nos respondió que le parecía “fundamental para contrarrestar la verdadera pandemia que es el sobrepeso y obesidad que estamos enfrentando en Argentina y que está fuertemente asociada a las principales causas de mortalidad en nuestro país”. “Nos morimos centralmente de enfermedades crónicas no transmisibles, hoy el 73,2 % de nuestras muertes son por esta causa”, sentenció. “Está muy asociado a este modo dominante de producir estos objetos comestibles que entran en nuestras bocas y nuestras mesas”.

La antropóloga Patricia Aguirre, especialista en alimentación, a su vez plantea en este sentido que hoy los alimentos son "buenos para vender, pero no para comer". Es que la lógica de su producción es la misma que la del resto de las mercancías: son productos que están pensados desde la ganancia empresarial, nunca se pone atención en la salud, mucho menos en que sean sustentables para el ambiente. ¿Realmente estamos en condiciones de afirmar que la industria alimentaria es un factor importante de los problemas de salud? Sí.

Según el Indicador Barrial de Situación Nutricional (IBSN) el 42,1 % de les niñes y adolescentes de +2 a 18 años que asisten a comedores y merenderos presentan malnutrición. El 39,2 % es por exceso (18,6 % por sobrepeso y 20,6 % por obesidad) y el 2,9 % por déficit (bajo peso). Según datos de UNICEF, la malnutrición impide el adecuado crecimiento de 1 de cada 5 niños y niñas menores de 5 años en América Latina y el Caribe.
La Encuesta Mundial de Salud Escolar (EMSE – 2018), realizada en Argentina, muestra resultados similares: el exceso de peso en les estudiantes de 13 a 17 años es de un 37,7 % (30,3 % sobrepeso y 7,4 % obesidad).

No llegamos a esta situación como región porque “no sabemos qué es lo que tenemos que comer”, continúa Aguirre, “sino que hoy en día millones de personas en nuestro país no pueden comer como sabemos que tenemos que comer”.

Salarios, bajos ingresos y precarización laboral: variables de una mala alimentación

El salario mínimo o la Asignación Universal por Hijo no alcanzan para comer durante todo un mes como los nutricionistas indican. Ni hablar de quienes percibían el IFE que fue recortado por el gobierno en plena pandemia. Los trabajadores ocupados y desocupados están obligados a elegir productos de bajo precio y con gran capacidad de saciedad. Como argumenta Aguirre, “se buscan alimentos rendidores que van a “solucionar” el tema de la comida: fideos, hidratos de carbono, pan, papa, fideos, las grasas vacunas y las carnes grasas y los azúcares. Eso sesga los consumos hacia ciertos productos y no otros. Van a desaparecer un montón de verduras que no son rendidoras y en nuestra estructura de precios son relativamente caras. Por eso, la obesidad desde hace décadas se está desplazando desde los sectores de mayores ingresos a los de menores ingresos.”

Así, el problema de los bajos ingresos en nuestro país se suma a la incertidumbre de los trabajos de forma precarizada, superexplotada y los ritmos laborales cada vez más acelerados que imponen las patronales. Le sacan tiempo y no dan presupuesto a una alimentación balanceada y planificada, y es ahí donde los productos ultraprocesados entran en escena.

¡Todes al Congreso, este martes 5 de octubre!

La pelea por la soberanía alimentaria en Argentina tiene una batalla inmediata, que es lograr la efectiva aprobación de la Ley de Etiquetado Frontal de Alimentos. Para eso hay que pelear y enfrentar el lobby que están haciendo empresarios argentinos y enormes monopolios imperialistas que reciben el apoyo del gobierno de Alberto Fernández y los gobernadores oficialistas y opositores de derecha en las provincias. Por eso, es fundamental movilizarnos este martes, a las 11 de la mañana, a la puerta del Congreso para acompañar el tratamiento de la ley y que se escuchen nuestras voces. Estamos convocando a todas las organizaciones ambientales, partidos políticos, centros de estudiantes, coordinadoras y federaciones estudiantiles, como también a los sindicatos y comisiones internas de los trabajadores.

Su implementación (sin modificaciones) sería un paso muy grande, que nos permita seguir debatiendo, imaginando y peleando por otra forma de producción de los alimentos que no dependa más del agronegocio, el uso de transgénicos y glifosato; otra calidad en los alimentos producidos y elaborados en el país, transformando los materiales e ingredientes que se usan masivamente de forma planificada y certificada por los trabajadores de la alimentación, la comunidad de científicos, nutricionistas, biólogos, físicos, entre otros, y las y los usuarios y consumidores.




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