Economía

PROMESAS DE CAMPAÑA

Alquimistas: las inversiones que salvarán al país según Scioli, Macri y Massa

Cuanto menos falta para la votación presidencial más aumentan las promesas de los candidatos patronales. Hablan de inversiones, pero solo planean un ajuste contra los trabajadores. ¿Qué plantea el Frente de Izquierda?

Pablo Anino

@PabloAnino

Miércoles 30 de septiembre de 2015 | Edición del día

Daniel Scioli no se cansó de repetir en el acto que realizó en el Teatro Opera la semana pasada la palabra “desarrollo”. Y para lograrlo prometió 30 mil millones de dólares de inversión en infraestructura.

En estos días subió la apuesta: dice que va a incrementar la inversión en educación del 6 al 8 por ciento del PBI. Los docentes bonaerenses, que en más de una oportunidad tuvieron que esperar mucho tiempo para cobrar su salario, no le creen nada.

Pero la letra chica de este “contrato social” con el votante la escribe Miguel Bein. El asesor estrella de Scioli dice que frente a los buitres “Argentina irá con el planteo de obtener una quita significativa y un estiramiento de plazos”. Suena parecido al canje de bonos que impulsaron Néstor Kirchner y Roberto Lavagna en 2005: los especuladores hicieron ganancias del 300%.

Esa negociación (negoción para los buitres “buenos”) no fue tan soberana como se la promovió. No sólo por la enorme rentabilidad que ofreció, sino también porque la orquestaron los fondos especulativos Fintech (del magnate mexicano David Martínez, socio del Grupo Clarín en Cablevisión), Fidelity y Gramercy. Hay buitres y buitres. Además ese canje, como el de 2010 de Amado Boudou, extendió la jurisdicción para los litigios a EEUU. En base a esa concesión el longevo juez Thomas Griesa juega con los títulos argentinos desde Nueva York. ¿Bein quiere repetir la historia?

En una entrevista dominical en el oficialista Página 12 Miguel Bein planteó algunas pistas para descifrar el enigma del desarrollo: “Lo que se necesita ahora es una agenda que genere divisas.”. Y más adelante agregó: “Hoy en el mercado internacional de capitales hay mucho entusiasmo con la Argentina que viene”.

Este alquimista sabe olfatear cuando en el “mercado” hay “entusiasmo”. En 2000 como Secretario de Programación Económica de la Alianza implementó el “blindaje” que trajo casi 40 mil millones de dólares al país. También trajo recorte de salarios estatales, de jubilaciones y congelamiento de partidas públicas. En esos días Fernando de la Rúa festejaba que “a partir de ahora se inicia una nueva etapa de crecimiento sostenido en la Argentina”. Un año después la historia tuvo el desenlace conocido: un presidente huyendo en helicóptero de la Casa Rosada.

¿Quién da más?

Para no ser menos en la subasta de promesas de inversiones Sergio Massa resaltó que "Proponemos dejar de ser amigos de los malos del mundo". ¿Un gesto de pleitesía al capital imperialista? Es muy probable. Estaba hablando en un encuentro con corresponsales de prensa extranjeros en el país.

Massa tiene antecedentes en ser amigo de los “buenos” del mundo: en el 2009 frente a la protesta de los obreros de Kraft salió corriendo a la Embajada de Estados Unidos a defender a la empresa. Estos gestos ayudan a mejorar el “clima de inversiones”.

Ahora está rodeado de los famosos economistas Roberto Lavagna y Aldo Pignanelli que hicieron su aporte a la salida devaluatoria de la convertibilidad que licuó el salario. Lavagna también se postula para negociar “duro” con los buitres. La experiencia del canje de 2005 no lo deja bien parado.

El que no se quedó atrás en grandilocuencia es Mauricio Macri. Prometió un “Plan Marshall del Norte" para desarrollar la infraestructura con inversiones por 16 mil millones de dólares y 250 mil viviendas para las provincias más postergadas. El “Plan Marshall” permitió reconstruir Europa después de la guerra y de paso buscar detener al comunismo. El de Macri no se sabe si apenas le va a permitir salir del escándalo de Fernando Niembro. Todavía no está claro si esta original propuesta va a contar con la repatriación de los fondos que Macri tiene en sus cuentas bancarias de los Estados Unidos y Suiza.

Rogelio Frigerio (nieto), referente económico del PRO, señalo que "es importante que Argentina recupere el crédito y en consecuencia es importante que Argentina resuelva el problema de default". Esto significa arreglar con los buitres. Una vez más los referentes económicos son quienes, aunque tratan de maquillar el discurso, borronean la letra chica.

El verdadero plan

La idea de los políticos patronales es que la entrada de capitales extranjeros ayudará a establecer empresas y a dar trabajo. Puro mito.

De lo que se cuidan de hablar Scioli, Macri, Massa y sus respectivos asesores es que la inversión productiva no sólo escasea en la Argentina, sino en todo el mundo. Los capitales van a donde los trabajadores tienen salarios miserables, donde pueden expoliar los recursos naturales o donde pueden hacer ganancias financieras rápidas.
Durante los últimos años Brasil, junto a otros países de América Latina, constituye un claro exponente del último caso. Ahora se están viendo afectados negativamente por la salida de capitales. No hay ningún paraíso capitalista a la espera de Argentina como aseguran quienes dicen que estamos “aislados del mundo”.

Los capitales que se esperanzan en traer no vendrán en favor del país. Exigen condiciones de mano de obra súper explotada, como bien lo conocen los obreros chinos, y beneficios extraordinarios por parte del gobierno. Pero dados los desequilibrios que acumuló el “modelo”, a la Argentina también le exigen una devaluación y ajustes de todo tipo.

Incluso las llamadas inversiones “productivas” tienen como correlato una fuerte salida de dólares por giro de utilidades. En la Argentina kirchnerista las empresas extranjeras giraron utilidades por 70 mil millones de dólares y, mientras tanto, en los mejores momentos de la década, la inversión no estuvo ni siquiera a la altura del nivel de crecimiento de la economía. Es otra prueba de que lo que falta no es “dinero”. El peso de las remesas de utilidades sobre la economía nacional fue durante estos años el doble que en los años noventa. Apostar a la inversión extranjera es profundizar esta gangrena.

Como muestran los dólares fugados por la burguesía argentina durante las últimas décadas, sobrarían recursos para invertir sin apostar a la deuda o el capital imperialista. En el exterior hay fugados unos 400 mil millones de dólares. Es más que el PBI del país en un año. Como demostró el fraude del HSBC, los bancos vehiculizan esos recursos que se fugan.

Como es evidente no hacen falta más buitres extranjeros para “desarrollar” el país.

¿Qué plantea el Frente de Izquierda?

Medidas como el no pago de la deuda implicarían un enorme ahorro no sólo de divisas sino también fiscal. Este 2015 los pagos de deuda serán de unos 15 mil millones de dólares. Su no pago liberaría enormes masas de dinero para inversiones productivas.

En 2014 las exportaciones sumaron casi 72 mil millones de dólares y las importaciones 65 mil millones. Ese superávit de 7 mil millones de dólares se termina volatilizando en fuga de capitales, remisión de ganancias de las empresas extranjeras y pagos de la deuda. Mediante el monopolio estatal del comercio exterior se pueden orientar todos esos recursos en función de necesidades sociales.

Tranquilamente se podría llevaría adelante un plan de obras públicas bajo gestión de los trabajadores que asuma de manera urgente la construcción de viviendas necesarias para los casi tres millones de familias que sufren el déficit habitacional. También para que lleve las cloacas y todos los servicios públicos a todos los hogares que lo necesiten. Un solo ejemplo: dedicando sólo 30% del presupuesto público durante tres años se soluciona el problema del déficit habitacional.

Históricamente la llegada de inversiones extranjeras terminó beneficiando al capital imperialista. Desde los ferrocarriles ingleses dispuestos para llevarse las riquezas hasta la privatización de los ’90, con el emblemático caso de Repsol que no invirtió un peso y saqueó los recursos hidrocarburíferos. Esto no hizo más que agravar los desequilibrios de la economía argentina, entre otras cosas por la dependencia de insumos industriales importados que al día de hoy caracteriza nuestra industria.

En Argentina los grandes proyectos de desarrollo económico, de inversión en ciencia y tecnología, los realizó el Estado, con un enorme esfuerzo de trabajadores y técnicos. En la mayoría de los casos para terminar privatizándolos. Así fue con la puesta en pie de YPF, la creación de una industria siderúrgica, Aluar que contó con un enorme apoyo estatal, INTA, INTI, Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), el INVAP, ARSAT y varios ejemplos más. En un Estado capitalista estas empresas son utilizadas para generar condiciones de rentabilidad al conjunto de la burguesía. Pero muestran en potencia lo que podría lograr un gobierno obrero con la socialización de los principales resortes económicos.







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