Cultura

MUJERES Y REVOLUCION

Aleksandra Kollontái: el amor y la revolución sexual

Alejandra Kollontái fue una de las marxistas rusas que trató de un modo más sistemático la cuestión de la opresión femenina y la revolución sexual desde el marxismo.

Clara Mallo

Madrid | @ClaraMallo

Miércoles 17 de agosto de 2016 | 22:38

No solo se dedica a incluir a las mujeres en la revolución socialista, sino que centra sus esfuerzos a teorizar sobre qué tipo de revolución necesitan las mujeres para finalizar con su opresión.

Su trayectoria en el movimiento socialista fue larga e intensa. Desde que se acercó al marxismo impresionada por la irrupción del movimiento obrero en la Rusia de finales del XIX su participación en el movimiento socialista fue intensa. Siendo en 1917 la primera mujer elegida para el Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado participó en el proceso revolucionario y dedicó gran parte de sus esfuerzos a la organización de las mujeres para lo que teorizó sobre la relación entre la emancipación de la mujer y la revolución socialista.

Con la burocratización del joven estado obrero Aleksandra Kollontái adoptó como postura el silencio, una posición de adaptación hacia el estalinismo que contradice su papel como revolucionaria durante los primeros años de la revolución. Desde 1922 dejó de posicionarse públicamente sobre las cuestiones partidarias, dedicándose exclusivamente a su actividad diplomática aceptando sin oposición los desvíos del nuevo periodo estalinista. Resulta más llamativa esta actitud impasible teniendo en cuenta sus posiciones políticas anteriores, especialmente en lo referente a la emancipación de las mujeres, quienes con la burocratización sufrieron un retroceso enorme respecto a los avances obtenidos en 1917.

Según el desarrollo teórico de Kollontái podemos definir que para el sostén del socialismo y el avance de la humanidad hasta su liberación total no bastaría con la abolición de la propiedad privada. Para Kollontái además era necesaria una ‘revolución de la vida cotidiana y de las costumbres’, forjar una ‘nueva concepción del mundo’ y construir una ‘nueva relación entre los sexos’. Únicamente con estos cambios podrían sentarse las bases para la emancipación de las mujeres, condición sin la cual no podrá hablarse de una verdadera revolución socialista, aun habiendo sido conquistado el poder político por parte del proletariado. Por sus planteamientos Kollontái tuvo numerosos enfrentamientos con algunos de sus camaradas varones los que negaban la necesidad de una lucha específica y defendían que los cambios relativos a la emancipación de las mujeres eran una simple cuestión de superestructura.

El marxismo y las mujeres

Kollontái plantea que según Marx no bastaba con trasformar las relaciones de producción, sino que además era necesaria la aparición de un hombre nuevo. Kollontái dedica gran parte de sus trabajos a la necesidad de la revolución ‘psicológica’ de la humanidad.

Para Aleksandra, la nueva clase en ascenso, el proletariado, requiere de una nueva ideología propia, que rompa con la moral y relaciones existentes en la sociedad burguesa. El proletariado necesita crear sus propios hábitos de vida, sus propios valores y sus modos de relacionarse. Para Kollontái esta revolución humana no podía posponerse a ningún triunfo político, sino que debía de integrase desde el minuto uno en el proceso revolucionario.

Tanto es así que Aleksandra afirmaba que tal cambio, tal ‘revolución psicológica’, había comenzado ya, es más, para ella esa revolución había comenzado en las mujeres, con la aparición de lo que ella define como la ‘mujer nueva’. Esta posición le supone grandes debates con sus camaradas ya que tradicionalmente tanto teóricos burgueses como algunos socialistas caracterizaban a la mujer como el sector más atrasado, reaccionario y conservador de la sociedad. Kollontai sin embargo sitúa a la mujer como parte necesaria y vanguardia del cambio social.

La clase obrera, para cumplir con su misión social, necesita no una esclava impersonal del matrimonio, de la familia, una esclava que posea las virtudes pasivas femeninas, sino una individualidad que se alce contra toda servidumbre, necesita un miembro consciente, activo y en pleno disfrute de todos los derechos de la colectividad de clase. (La nueva mujer. 1918)

La nueva mujer

La nueva mujer que nace en oposición a la mujer del pasado se encuentra en todas las clases sociales, son todas aquellas que dejan de ser un reflejo del hombre, que tienen exigencias y personalidad propias y que luchan contra la servidumbre de la mujer en el Estado, en la familia, en la fábrica y en la sociedad. La finalidad de su vida deja de ser el amor como ocurría en la mujer antigua, para ser su propio yo, su individualidad.

La nueva mujer como tipo generalizado para Kollontái es un producto de la evolución de las relaciones de producción y de la incorporación de la fuerza de trabajo femenina al mundo asalariado.

La realidad capitalista contemporánea parece esforzarse en forjar un tipo de mujer más próximo, en cuanto a la formación de su espíritu, incomparablemente más parecido al hombre que a la mujer antigua. (...) La transformación de la mentalidad de la mujer, se lleva a cabo ante todo, y muy especialmente en las profundidades sociales, allí donde, bajo el azote del hambre, se produce la adaptación de la obrera a las condiciones radicalmente transformadoras de su experiencia. (La nueva mujer. 1918)

Por tanto, es el capital quién engendra, el mismo, el sujeto revolucionario. Pero mientras que la mujer nueva de la clase burguesa no es más que un tipo accidental, episódico, son las obreras la auténtica vanguardia de la emancipación de la mujer. Es precisamente en las capas más profundas de la sociedad donde la mujer experimenta más rápida y profundamente la transformación psicológica, sentimental, moral e ideológica, avanzando en la toma de conciencia de su opresión.

El amor en la sociedad capitalista y patriarcal

Kollontái insiste en la necesidad de partir de un estudio completo de la sociedad actual. El análisis marxista le permitía estudiar las leyes sociales que estructuraban el capitalismo y la situación de la mujer en este contexto. Solo de ese modo podría comenzar a plantearse una estrategia dirigida a la emancipación de las mujeres. El análisis que Kollontái hace de la situación de las mujeres en la sociedad capitalista parte de tres ámbitos distintos: el trabajo, la familia y el mundo personal. Sin duda será en relación a este último donde Kollontái aportó más a los debates dentro del marxismo siendo una de las que plantearon como una cuestión central el análisis de las relaciones sexuales y afectivas y como un problema que no se restringe al ámbito privado.

Kollontái define el problema de la doble moral burguesa como uno de los más importantes que afronta la humanidad. Enfrenta la postura de algunos socialistas que decían que los problemas del amor son cuestiones relativas a la superestructura y que por lo tanto tenderán a solucionarse de manera "natural" cuando cambien las bases económicas de la sociedad. Del mismo modo no es ingenua y rechaza las tesis optimistas que pronostican la solución de la crisis sexual en la sociedad actual. Plantea que será necesaria una lucha específica para reeducar la psicología de la humanidad y que permita la liberación de la mujer, a pesar de que esta no llegará si no cambian las bases socioeconómicas que hoy sustentan la explotación.

Kollontái además irá más allá de la crítica de las burguesas a esta doble moral en la que se sustentan las relaciones en la sociedad capitalista. Uno de los debates que atravesaba el feminismo en el momento era la reivindicación del derecho de amar libremente. En una sociedad donde el matrimonio por conveniencia era la práctica más habitual en todas las clases sociales, las burguesas más liberales planteaban la necesidad del ‘amor libre’. Un concepto que para Kollontái era utópico llevarlo hasta el final en una sociedad dominada por los principios de propiedad. El amor libre se ha de caracterizar por negar los principios de propiedad y ha de basarse en el respeto de la individualidad y libertad del otro. En este sentido debería de rechazar la subordinación de la mujer dentro de la pareja y la hipocresía de la doble moral. Kollontái se plantea si es posible un amor tal en la sociedad actual, condicionada por la ideología impuesta por el capitalismo y el patriarcado. Según ella la sociedad capitalista ha fomentado una serie de relaciones humanas basadas en el individualismo y la falta de solidaridad. Para ella por tanto solo una sociedad basada en la solidaridad, el compañerismo puede dejar paso a la verdadera la unión libre entre personas.

Un nuevo concepto de amor y de las relaciones

Kollontái parte de la idea de que las mujeres de todas las clases sociales, aunque sea de manera accidental, están poniendo las bases para la transformación de la sociedad. Sin embargo, el cambio solo se podrá dar en el marco de en una sociedad libre de toda explotación. Esta idea llevó a Kollontái a definir qué tipo de revolución podía llevar a la liberación de la mujer.

Primero, para Kollontái las mujeres han de ser descargadas de los trabajos domésticos y hasta donde sea posible de los de la reproducción de la especie. La socialización de las tareas propias del ámbito privado y doméstico, así como la redefinición de la maternidad, eran tarea inaplazable para la revolución. Una revolución en el ámbito de la producción y reproducción en el espacio doméstico destinadas al cuidado y reproducción de la humanidad.

Esta cuestión gozaba de gran consenso entre los revolucionarios, no obstante, para Kollontái existe una segunda cuestión que debía caracterizar la revolución. Para ella, la efectiva emancipación de las mujeres no podrá tener lugar sin que se dé una verdadera revolución en la relación entre los distintos sexos y sin el desarrollo de un nuevo concepto de amor, lo que ella define como el amor camaradería. Esto explica la importancia que otorga la autora a la crisis sexual, un tema hasta el momento silenciado.

Este punto es fundamental en las elaboraciones de Kollontái. Pues bien, para ella sin la reeducación psicológica de la sociedad la profunda crisis sexual no tiene solución. Kollontái sostenía que esta reeducación psicológica necesita para desarrollarse un profundo cambio en las relaciones socioeconómicas, pero lo que la diferencia de sus posturas es la imperante necesidad de una lucha específica que combata la ideología y moral burguesas. Para Kollontái es en el mismo proceso revolucionario donde se comienza a configurar una nueva ideología y una nueva moral propia de la nueva clase hegemónica.

Una parte importante del orden social es la que establece la relación entre los distintos sexos, por lo que para Kollontái esa cuestión no es en absoluto privada. El amor para Kollontái como herramienta de cambio social debe ponerse al servicio de la nueva clase para avanzar en una nueva moral. Es el amor para Kollontai un poderoso instrumento para consolidar el poder. Para apuntar este argumento Kollontái señala que todas las sociedades en pugna por el poder han diseñado su propia idea del amor al servicio de las necesidades de organización socioeconómica. Por lo que Kollontái considera que el proletariado debe desarrollar su propio concepto de amor ayudado del método científico del marxismo y de la experiencia del pasado.

Los planteamientos de Kollontái en lo referente la emancipación de las mujeres fueron un valioso aporte para el socialismo internacional. La suma a la necesidad de una revolución en el ámbito de la producción y reproducción en el espacio doméstico, de una verdadera revolución en el ámbito de las relaciones personales supusieron un gran aporte en un periodo en que con el desarrollo de la revolución y los debates que se abrieron en ella, las mujeres consiguieron un avance en cuanto a derechos civiles nunca visto en la historia -expresado en El Código Civil de 1918-. La igualdad respecto a los varones ante la ley, el derecho al divorcio y el derecho al aborto legal y gratuito sentaron las bases hacia la verdadera independencia de las mujeres respecto a estructuras como la familia o la Iglesia. Pero esta situación trágicamente fue truncada por el estalinismo. Junto al destino de miles de revolucionarios perseguidos, encarcelados y asesinados, paradójicamente en nombre del socialismo, se desacreditaron todas las ideas, que como las de Kollontái, se habían debatido en los primeros años de la revolución.

Lo avanzado de los planteamientos de Kollontái respecto a la revolución ideológica, moral y sexual chocan de frente con la posición mantenida por Aleksandra en el periodo de burocratización del nuevo estado soviético, frente al cual mantuvo un silencio absoluto.

En los primeros años de la revolución se abrió un periodo de gran experimentación en todas las áreas de la vida a favor del desarrollo libre de los individuos en el que los bolcheviques tuvieron una política abierta sobre las relaciones personales, especialmente considerando el atraso social y cultural que se vivía en Rusia. Como Kollontái, otros dirigentes revolucionarios hicieron grandes aportes a estos debates. Lenin y Trotsky no se quedaron al margen de estas cuestiones aportando del mismo modo un gran legado en lo que a las relaciones entre individuos personales se trataba, desarrollando e insistiendo en la necesidad de la revolución en todos los niveles de las relaciones sociales. Para Lenin la igualdad en cuanto a derechos obtenida por las mujeres en 1918 no era suficiente, su visión queda reflejada en esta frase: ‘La igualdad ante la ley no es la igualdad frente a la vida’. Para él llegar a la emancipación de la mujer pasaba por un camino de profundos cambios en todos los niveles de las relaciones humanas. Trotsky desarrolló la idea de la Revolución dentro de la misma revolución e insistió en revolucionar todos los niveles de la vida humana.

Frente a la posición hermética y cómplice de Kollontái cabe destacar el esfuerzo de Trotsky por combatir hasta su muerte el estalinismo. El legado de Trotsky en este sentido es tremendamente valioso. Combatió contra el retroceso ideológico y moral que supuso la burocratización soviética. En la Revolución traicionada, Trotsky incluye un capítulo dedicado a “La familia, la juventud y la cultura”, en el que analiza cómo la degeneración y degradación del proceso revolucionario también se manifestaba en los aspectos más cotidianos de la vida, así como en las relaciones entre individuos. La restauración de la familia burguesa por parte del estalinismo y del nuevo papel de la mujer centrado en el ámbito doméstico y la familia es analizado por Trotsky como un freno en el impulso de transformación que había supuesto la revolución.







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