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Alberto Fernández y ¿el fin del patriarcado?

Este jueves, durante el acto de promulgación de la ley de aborto legal en Argentina, el presidente Alberto Fernández realizó una serie de declaraciones que generaron debates y polémicas en las redes sociales.

Viernes 15 de enero | 11:16

"Para muchas mujeres, es la culminación de un tiempo de lucha", aseguró en el acto donde lo acompañaron las ministras Vilma Ibarra y Elñizabeth Gómez Alcorta.

En su intervención, Fernández afirmó incluso que estaba "muy contento de haberle puesto fin al patriarcado". Toda una demostración de la sencillez con la que piensa la profundidad de las consecuencias que tiene este sistema, capitalista patriarcal, para la mayoría de nosotras.

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"Esta ley iguala en la capacidad de decisión", siguió Fernández, y aseguró que "junto a la ley de los Mil Días, que le va a dar salud e ingresos suficientes para que sus hijos puedan desarrollarse como corresponde, estamos ampliando la capacidad de decidir”.

La "ampliación" de la que habló (y ni hablar de la falacia sobre la caída del patriarcado o la "culminación" de una lucha) tiene límites y, además, no será igual para todas las mujeres y personas con capacidad de gestar, justamente porque el patriarcado existe y presta una colaboración inestimable para el sistema capitalista.

Como hicieron ante la conquista de otros derechos elementales, como la ley de divorcio, el derecho al voto femenino, el matrimonio igualitario, o la ley de Educación Sexual Integral, las cúpulas de las iglesias y sus representantes políticos, que estuvieron a la cabeza de poner todos los obstáculos posibles para impedir que sea ley, ahora buscarán impedir que este derecho se implemente. Las consecuencias, sin dudas, las seguirán pagando las más jóvenes y pobres, que son las que principalmente sufrirán las dificultades que habrá para acceder al aborto legal.

El poder que les dan a estos sectores los artículos que propuso el Poder Ejecutivo, justamente a pedido de las iglesias y organizaciones antiderechos, lo explica con claridad. Figuras como la objeción de conciencia en los establecimientos de salud (con ejemplos como el de Río Negro y Salta, donde más del 70% y el 90% de los profesionales -respectivamente- ya se declararon objetores); la imposición de un plazo de hasta 10 días para confirmar la realización de la práctica; la penalización para quien aborte después de la semana 14 y no pueda justificar las causales de peligro de vida, de salud o violación; la eliminación del concepto de salud "integral" en la promulgación de la ley, son algunos ejemplos de lo absurdo de las declaraciones del Presidente argentino, así como de las concesiones que se hicieron a los sectores más reaccionarios.

Mientras el Estado sigue financiando a las iglesias con los aportes de todos, amparado en los artículos de la Constitución y en los decretos de la dictadura que siguen vigentes, la injerencia de las Iglesias y su poder de decisión se mantienen. Y lo hacen, justamente, para seguir imponiendo su moral y su control sobre la vida de millones. Un rol siempre tan caro a los gobiernos de turno, más aún en tiempos de crisis.

La pelea por la aplicación efectiva de la ley, la necesidad de separar las iglesias del Estado, de mantener activa esta lucha en las calles y de unir la fuerza de la marea verde a la de las trabajadoras y jóvenes que enfrentan las consecuencias de la crisis que acompaña a la pandemia, están más vigentes que nunca.







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