Política

OPINIÓN

Alberto Fernández, el equilibrista de lo imposible

El candidato presidencial del Frente de Todos intenta dejar conformes a todos los sectores. El difícil intento de hacer equilibrio en un país tensionado social y políticamente.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Viernes 19 de julio | 21:50

Collage * Martín Cossarini/Enfoque Rojo

“Pero el pasado nunca vuelve a ser lo que fue. El pasado es solo una manera de no encontrarse con el presente”. Tomás Eloy Martínez.

Habla a favor del derecho al aborto, pero recorre el país de la mano de Juan Manzur. Denuncia el fraude de la deuda con el FMI, pero afirma que pagará hasta el último dólar. Es el candidato de Cristina, pero también el de Schiaretti.

Ansioso de agradar a quiénes quieran escucharlo, Alberto Fernández camina sobre la cuerda de lo imposible. Presenta, para propios y ajenos, un nestorismo mejorado, autocrítico, capaz de sacar al país de la crisis sin grandes traumas. Pero la única verdad es la realidad.

Entre Manzur y los pañuelos verdes

La casta política que administra el país en favor del gran capital apela, cada tanto, al tópico discursivo del consenso y el diálogo, haciendo llamados a una ficticia unidad nacional en aras de fantasmales intereses generales. Así, el peronismo abreva en la historia nacional para recordar al tercer Perón, el “león herbívoro” que se abrazaba a Balbín mientras montaba la Triple A. Por su parte, macristas y radicales vuelven la memoria hacia Raúl Alfonsín, anestesiando el recuerdo de la hiperinflación o la impunidad para los genocidas.

Por estas horas, ese republicanismo duerme el sueño de los justos. La agenda macrista elige la polarización como herramienta electoral. La furia discursiva se acompaña con maniobras de todo tipo, como bien lo sabe José Luis Espert, quien está a punto de perder su candidato a gobernador en Buenos Aires.

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En la vereda de enfrente, buscando evidenciar moderación, está el Frente de Todos, con un Alberto Fernández que intenta hacer equilibrio entre intereses, sensibilidades y expectativas. Esa tarea imposible multiplica su imposibilidad en un país signado por tensiones sociales, políticas y culturales.

Este jueves, desde Córdoba, condenó la existencia de abortos clandestinos y propuso “caminar” hacia el aborto libre y gratuito. La pregunta se impone. ¿Se puede hacer ese camino de la mano de Juan Manzur? La respuesta parece sencilla, obvia e innecesaria: no.

El hombre que obligó a parir a una niña de 11 años reaparece constantemente junto a Fernández. Sin ir más lejos, esta semana lo acompañó a la reunión con los popes de la CGT, aquellos que garantizan una tregua infinita al macrismo.

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Manzur no es, ni de lejos, el único pañuelo celeste que habita las filas del Frente de Todos. Es solo uno de los rostros más conocidos. Pero, en tanto gobernador de Tucumán controla resortes que limitan avanzar hacia ese derecho. Señalemos, al pasar, que los “pro-vida” argentinos empalidecen frente a sus pares de EEUU, como muestra Reversing Roe, un documental que se puede hallar en Netflix.

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Peronismo desequilibrado

El equilibrista también marcha sobre el sinuoso camino de un peronismo aún fragmentado. El Frente de Todos, presentado como la unidad de aquel movimiento, no logra encolumnar ni entusiasmar a, valga la redundancia, todos.

También este jueves, rumiando el voto cordobés, proclamó no ser “el candidato de Cristina” y que “sus socios serán los gobernadores”.

El mensaje está dirigido, en primer lugar, a Juan Schiaretti y sus votantes. En las elecciones del pasado 12 de mayo, una Córdoba reticente castigó con su voto a macrismo y kirchnerismo.

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En segundo lugar, se destina a los llamados “mercados”, ese eufemismo que oculta al gran capital nacional y extranjero. Para una porción de los dueños del poder económico, la ex presidenta sigue representando el “cuco” del populismo. Un populismo que, recordemos, les permitió levantarla en pala por más de una década.

Los mandatarios provinciales son sinónimo de orden, gobernabilidad y ajuste. Nadie olvida que fueron los firmantes del Pacto Social que desembocó en ese monumental robo a los jubilados llamado Reforma previsional. Tampoco que avalaron el Presupuesto 2019, el mismo que impone el ajuste pautado con Christine Lagarde y el staff del FMI.

Cuentas desequilibradas

El equilibrista de lo imposible denuncia lo obvio. Los U$D 57.000 millones prestados por el FMI sirven de garantía para la libre fuga de capitales. Garantizan la felicidad plena a los especuladores mientras hunden en la desesperación a millones de familias trabajadoras.

A pesar de eso, Alberto Fernández garantiza hasta el pago del último dólar. Agrega, en sus promesas, que será sin ajuste. El candidato del Frente de Todos promete la cuadratura del círculo y rememora 2003. Pero aquel mundo no existe hace tiempo. Tampoco las condiciones nacionales que hicieron posible aquel ciclo, falsamente presentado como épico.

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Un necesario ejercicio de la memoria obliga a recordar la mega-devaluación de Duhalde, sostenida luego por Néstor Kirchner, Lavagna y el hoy candidato presidencial. Aquella medida, al hundir un 30 % el salario real en 2002, constituyó parte del secreto de la recuperación posterior.

Aquel mundo le ofrecía a la Argentina un boom de la commodities que hoy está ausente. El planeta de Donald Trump y Xi Jinping está a una distancia sideral del que permitió la negociación "exitosa” con los fondos buitre, luego del default ocurrido en diciembre de 2001.

La Argentina de 2019 camina por otros andariveles. El enorme endeudamiento, como lo admiten los economistas que asesoran a Alberto Fernández, determina poco más que todo. La recesión en curso empuja las tensiones sociales hacia adelante y hacia arriba. De eso puede dar testimonio el gran empresariado que reclama, a viva voz, una reforma laboral esclavista. Todo muy lejos, demasiado lejos, de los equilibrios y los consensos.







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