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Red Internacional

Cada 29 de agosto se celebra el día del abogado en nuestro país en homenaje a Juan Bautista Alberdi.

Nadia DubienskiEstudiante de historia

Domingo 29 de agosto | 11:53

El día fue elegido en el año 1958 por la Federación Argentina de Colegios de Abogados. Un 29 de agosto de 1810 en San Miguel de Tucumán, nació Juan Bautista Alberdi. Su obra más importante Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina , es considerada la fuente principal de la Constitución Nacional aprobada en 1853. Se desempeñó en cargos diplomáticos y fue miembro de la Cámara de Diputados. Aunque más que un político, hay que considerarlo como uno de los pensadores e intelectuales más lúcidos de la historia Argentina de fines del siglo XIX. Fue una de las pocas personalidades que se opuso al genocidio que fue la Guerra de la Triple Alianza.

Sus padres fueron don Salvador de Alberdi, un comerciante de origen español, y Josefa de Araoz y Valderrama, proveniente de una prominente familia tucumana . Quedó huérfano a los 12 años junto a sus 4 hermanos, con quienes se dedicó a atender el negocio de su padre. Pero la vida de Juan Bautista dio un giro inesperado: el gobernador de Buenos Aires, Martín Rodríguez, por un decreto que firmó el 2 de enero de 1823 junto al entonces ministro Bernardino Rivadavia, ofreció costear en Buenos Aires la enseñanza de seis jóvenes de cada provincia. La influencia de su familia materna impuso la elección del joven tucumano.

Juan Bautista partió de Tucumán en un viaje de tropa de carretas que duraría dos meses, gracias al cual conocería otras provincias, sus pueblos, su pobreza y al final el Río de la Plata. Ya en Buenos Aires, el adolescente Alberdi inició sus estudios en el Colegio de Ciencias Morales (actual Nacional Buenos Aires), cuya disciplina no le hacía mucha gracia y abandonó sus estudios por un empleo de cadete en una casa de comercio. Dos años después, mediante la intercesión de un primo, el joven pudo reincorporarse. En 1830 sus estudios fueron interrumpidos nuevamente, pero esta vez por razones que lo excedían: el colegio fue cerrado producto de la censura del régimen rosista a todo aquello que era o pareciera opositor. Muchos de los becados fueron obligados a volver a sus provincias de origen. Alberdi, para entonces, había entablado una gran amistad con Miguel Cané quien lo llevó al hogar de su abuelo, Mariano Andrade.

Alberdi completó finalmente sus estudios para ingresar a la universidad en la carrera de Derecho. Es en este período de su vida cuando entra en contacto con la literatura romántica francesa. Pero Alberdi no estaba solo, sino que toda una camada de jóvenes tomó contacto con estas ideas y con los debates acerca de qué estructura de gobierno y organización económica necesitaba una nación en construcción; varios de estos muchachos conformaron la Generación del 37. Algunos de estos jóvenes tenían como referente del movimiento romántico nativo a Esteban Echeverría, con el cual fundaron el club literario-intelectual Asociación Joven Argentina. Finalmente Juan Bautista se recibió de abogado en 1834.

A todo esto, Rosas no estaba nada feliz con las ideas en circulación y el movimiento romántico fue perseguido cada vez más. Tanto Echeverría como Alberdi reivindicaban los ideales revolucionarios de Mayo de 1810 y lo divulgaban a través de publicaciones como La Moda, gaceta que tuvo que cambiar de nombre a El iniciador en 1838 y se publicaba desde Montevideo para evadir la censura rosista.

El gobierno de Rosas mientras tanto, tiene que soportar varios frentes de batalla: en Buenos Aires, la oposición ideológica de la Joven Argentina y la resistencia armada de varias facciones de unitarios; por el este, el bloqueo anglo-francés; y por el norte la formación de la Confederación Perú- Bolivia con la cual la Confederación Argentina tenía problemas territoriales. El régimen rosista aumentó su ofuscación y persecución contra los jóvenes de la Generación del 37 por lo cual debieron exiliarse a Montevideo. Juan Bautista Alberdi esperaba que fuera algo temporal, sin embargo tardaría 40 años en regresar.

Desde el exilio montevideano, se fueron organizando decenas de exiliados y varios periódicos como parte de una conspiración que buscaba derribar al gobierno de Rosas. Dicha conspiración aunó unitarios porteñocentricos y federales críticos del rosismo. Alberdi se sumó a esta conspiración pero distanciándose de las facciones unitarias y federales. Fue una pieza clave por un lado, para convencer al general Lavalle de que era el indicado para comandar las fuerzas de asalto y por otro, fue el encargado de dirigir la propaganda y la prensa desde Montevideo. Ante reiteradas campañas, derrotas e inacción y lentitud de algunos dirigentes, según palabras de Alberdi en la lucha por deponer a Rosas, en 1842 decide irse a conocer Europa.

En su gira de excursiones por ciudades y bibliotecas europeas es que conoce en persona al general José de San Martin. Repentinamente decide regresar a América pero echó anclas en Chile, en la ciudad de Valparaíso en 1844, donde se reencontró con otros exiliados. Fue en su estadía en Chile donde se desenvolvió como diplomático y hasta rechazó un cargo de senador. Será un periodo donde alterne entre su oficio de periodista y la profesión de abogado y donde se enterara de la muerte (1851)de su querido amigo Esteban Echeverria, enfermo de tuberculosis, al cual le dedicó una despedida afectuosa desde el periódico El Mercurio.

Mientras tanto se gestó el pronunciamiento de Urquiza, en el cual se aceptaba la renuncia de Rosas al manejo de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina y Justo José de Urquiza se propuso como presidente de la misma, lo cual significaba guerra entre ambos caudillos. En esta nueva situación Alberdi dijo estar del lado de Urquiza si vencía a Rosas y con la Liga del Litoral si, y sólo si, se volvía una base para la unión nacional, es decir un precedente en el camino de formular una carta magna, una constitución. Así las cosas Alberdi se va un mes a Perú donde recibe la noticia de la victoria de Urquiza sobre Rosas y el exilio de este. Casi inmediatamente inició la redacción de las Bases, que organizaría institucionalmente el país.

En las Bases propuso, a grosso modo, establecer un gobierno central firme que respete las autonomías provinciales, así consagraba la libertad de circulación de los ríos para que las provincias puedan comerciar con el exterior. Además como consideraba con estima la inmigración europea les otorgaba los mismos derechos civiles y políticos que a los ciudadanos nacionales. Y por último planteó que Buenos Aires debía ser la capital nacional pero que el puerto debía ser nacionalizado y los ingresos aduaneros distribuidos equitativamente. En este último punto, los porteños pensaban lo contrario y terminaron separándose de la Confederación Argentina. Domingo Faustino Sarmiento, en defensa de la separación de Buenos Aires y Alberdi, a favor de la unidad nacional debatían mediante ensayos y estudios críticos, los proyectos que se convertirían en 1853 en la Constitución Nacional, de ahí la gran trascendencia que estos personajes tendrán en la historia argentina. Alberdi fue nombrado por Urquiza, como Ministro de Hacienda y tuvo como primer misión que Europa reconozca a la Confederación como nacían independiente; cuestión que logró y por lo cual el tucumano se ganó la rivalidad política de Bartolomé Mitre y de Sarmiento, que dijo que Alberdi era un “traidor” por oponerse a la Guerra de la Triple Alianza.

Con Sarmiento logró retomar relaciones, todo lo contrario que sucedió con Mitre. Este último persiguió a Alberdi por haberse pronunciado contra la matanza que fue la Guerra de la Triple Alianza. A través de su diario, La Nación, se encargó de desacreditar a Alberdi, boicoteando la impresión de sus Obras Completas y su nombramiento como embajador en Francia. Abatido por la situación, Alberdi se marchó a Francia, más precisamente a París donde falleció a los 73 años el 19 de junio de 1884.




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