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Red Internacional

RUSIAGATE. Alarma por la prisión preventiva para el exjefe de campaña de Trump

Una jueza dictó este viernes la prisión preventiva para el exjefe de campaña de Trump, Paul Manafort. El fiscal que investiga el "rusiagate" estrecha la investigación en torno del presidente.

Juan Andrés Gallardo@juanagallardo1

Viernes 15 de junio de 2018 | 15:18

Los problemas para Trump se acumulan de forma acelerada en torno a la investigación sobre la injerencia rusa en la campaña presidencial de 2016, conocida como "rusiagate".

Una jueza ordenó este viernes la prisión para Paul Manafort, el exjefe de campaña del presidente de EE.UU. tras ser acusado de obstruir a la Justicia por lo que tendrá que esperar en la cárcel a ser juzgado por diferentes delitos en el marco de la investigación de la trama rusa. La obstrucción tiene que ver con un intento de soborno de Manafort a un testigo para que no hable sobre la relación de la campaña de Trump con Rusia.

Manafort permanecía en régimen de arresto domiciliario desde que se entregó al FBI el pasado octubre, pero ahora tendrá que esperar en prisión hasta que se alcance la fecha del juicio en la corte federal de Washington.

De acuerdo a medios locales, el exjefe de campaña del magnate se declaró no culpable de los dos últimos cargos: conspiración de obstrucción a la Justicia y de obstrucción a la Justicia.

Mueller vs Trump

El fiscal especial que lleva la causa Robert Mueller, ha denunciado que el mismo esquema de intromisión que se vio en el año 2016 se estaría practicando hacia las elecciones de medio termino que se celebraran en unos meses. Por eso viene acelerando la causa, lo que puede terminar en el golpe político más importante contra Trump. El magnate neoyorquino lo sabe y también ha preparado una batería de acusaciones contra Mueller para intentar retrasar la investigación todo lo posible.

La presión sobre Manafort y sobre el exabogado personal de Trump, Michael Cohen (que acaba de alejarse del presidente y buscar una nueva defensa en la causa), tiene el objetivo de lograr un acuerdo que puede terminar en alguna suerte de delación que comprometa a Trump en la trama rusa. Esa es la estrategia de Mueller a la que Trump le tiene pavor.

Manafort encara en los próximos meses dos juicios ante dos cortes en las que se ha declarado no culpable: uno fijado para el 24 de julio en Virginia y otro que comenzará el 17 de septiembre en Washington, apenas dos meses antes de las elecciones legislativas de noviembre.

Cohen por su parte, estaba entre la espada y la pared desde el allanamiento a sus oficinas, cuando se conoció que había pagado a una actriz porno 130.000 dólares en nombre de Trump para que no hablara sobre una relación entre ambos.

El fiscal Mueller cree que Rusia pudo haber aprovechado esa relación para extorsionar eventualmente a Trump.

Este miércoles se conoció que Cohen buscaba un nuevo equipo legal que lo represente en la investigación que el FBI hace sobre sus negocios.

Trump respondió agresivamente a Mueller ante la posibilidad de que Manafort y Cohen puedan llegar a un acuerdo de delación con la fiscalía.

El magnate aseguró este viernes que la investigación del fiscal especial está "totalmente desacreditada" y parece "ser muy partidista".

Mueller lleva meses negociando con los abogados de Trump para interrogar al jefe de Estado, pero por ahora no ha habido un acuerdo.

La investigación parece estar acercándose vertiginosamente a Trump al mismo tiempo que ya comenzaron las campañas para las elecciones de medio término, en las que los demócratas abrigan alguna esperanza de arrebatarle la mayoría de la cámara baja a los republicanos.

Así las cosas, los republicanos enfrentan una disyuntiva amarga: apoyar a Mueller contra Rusia o apoyar el ataque de Trump contra Mueller.

Como dice la publicación The Hill, los republicanos "enfrentarán riesgos potencialmente catastróficos en las elecciones de mitad de término si atacan a Mueller, mientras éste lucha contra Rusia". Es por eso que los demócratas apoyan sin fisuras a Mueller mientras que los republicanos se encuentran cada vez más divididos.

No hay en el fondo una sensibilidad de patriotismo antiruso, sino el espanto de que Trump termine defenestrado y que arrastre a su partido a una derrota estrepitosa.




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