Géneros y Sexualidades

VIOLENCIA MACHISTA

Aislamiento social y violencia machista: una combinación que pone en peligro la vida de las mujeres

El aislamiento social puede provocar el aumento de situaciones violentas para muchas mujeres. Desde el gobierno se difunde una línea de atención de atención telefónica pero ante esta situación excepcional cabe preguntarnos ¿es suficiente?.

Miércoles 25 de marzo | 15:33

A medida que transcurren los días, el aislamiento social puede provocar diferentes situaciones.

En muchos lugares la casa tiene el significado de refugio, de lugar seguro . Sin embargo para muchas mujeres existe otra definición que se acerca más a su realidad, y entonces la casa se resignifica como un lugar peligroso.

Hasta noviembre del año pasado se registraron 290 femicidios de los cuales el 74% ocurrieron en la casa de la víctima. En el 89% de los casos el agresor era pareja, ex pareja o del círculo íntimo de la mujer.

Miles de mujeres conviven diariamente con parejas que las violentan física o psicológicamente, conductas que, ante el aislamiento social, pueden aumentar.

Una de las herramientas que brinda el Estado para estas situaciones es la línea de atención telefónica 144 que ofrece contención y asesoramiento a mujeres que enfrentan la violencia machista.

Como señalamos en esta nota, el Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad hizo público que en el primer día de cuarentena recibió más de cinco mil llamados por violencia de género, y alrededor de 500 de ellos referidos a casos de alto riesgo. En el país las denuncias por violencia de género al 144 aumentaron en un 30% durante la cuarentena.

Es evidente que debido a esta situación excepcional se presentan dos situaciones. Por un lado una intensa campaña de difusión de la línea 144 pero por el otro los escasos recursos para atender las necesidades de esas mujeres. Algo que hoy se transforma en un límite concreto de acción.

En este sentido Malena Galmarini, funcionaria de este gobierno a cargo de la empresa AySA, en el programa Minuto Uno, se refirió a este tema: "¿Cómo les decimos a las mujeres que tienen que estar en esas casas donde conviven a lo mejor con los violentos?. Hay que encontrar nuevas herramientas porque no pueden llamar por teléfono. Por supuesto que la línea 144 es sumamente importante pero no pueden llamar por teléfono porque están ahí con el violento".

Así las cosas se puede asegurar que hoy esta línea se ha transformado en un servicio esencial que, como mencionábamos en esta nota, está sostenido por trabajadoras precarizadas.

Desde este medio pudimos dialogar con una trabajadora del Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad quien nos indicó que dentro del organismo existen trabajadoras monotributistas y otras que tienen contratos que, si bien permiten acceder a derechos como aguinaldo y vacaciones, son por plazos determinados que pueden rescindirse a su finalización sin posibilidad de reclamo alguno por parte de ellas.

Ante la falta de respuesta del sindicato que las debería representar, estas trabajadoras decidieron visibilizar no solo su reclamo laboral sino también las malas condiciones estructurales del organismo, como baños que no están en condiciones, falta de alcohol en gel, es decir la ausencia de las condiciones mínimas sanitarias como para poder trabajar.

La respuesta por parte del Ministerio de las Mujeres fue una campaña masiva en redes sociales asegurando la incorporación de nuevos profesionales para atender la 144. Claro que en este caso no hablamos de simplemente atender un llamado. Es por eso que la capacitación de estas nuevas incorporaciones recayó sobre los hombros de las trabajadoras sumando así una carga extra en sus tareas.

Lo que las trabajadoras de la línea 144 están denunciando es que la emergencia sanitaria debe abordarse a nivel interinstitucional, esto es que no alcanza con difundir una línea, sino garantizar todos los espacios a los que pueden acceder las mujeres. Trabajar de manera articulada de forma correcta para no revictimizar a quienes ya se encuentran en una situación de violencia.

Es importante señalar que debido al aislamiento social obligatorio, muchas trabajadoras debieron tomar licencia por ser madres de niños pequeños o por otras de las razones que indica el decreto, un factor más que recarga de trabajo a quienes están sosteniendo esta línea.

Surgió entonces la posibilidad de hacer su trabajo de manera remota, pero por las características de las funciones no parece ser una opción muy adecuada.

De acuerdo a lo que nos indicaba esta trabajadora: “la atención en situaciones de violencia es muy complejo para hacerlo desde las casas. La gestión actual quiso implementar el home office, pero las trabajadoras no estuvieron de acuerdo, ya que para la atención de un llamado muchas veces se necesita consultar e intercambiar con los compañeros para elaborar una estrategia de contención para la persona que está llamando”.

En definitiva lo que esta pandemia pone sobre el tapete es la falta de un plan concreto, con los recursos y las partidas necesarias para enfrentar seriamente el flagelo de la violencia machista. No solo se necesitan campañas de difusión de una línea telefónica, sino que ante una situación de violencia se activen de manera articulada todos los mecanismos que permitan que esa mujer pueda salir de esa situación de una manera segura.

No es algo nuevo la falta de hogares refugio para las mujeres que necesitan irse de sus casas. Ante estar realidad y la ausencia falta de presupuesto necesario ¿ no sería una forma de garantizar lugares para las víctimas de violencia que en las provincias y los barrios se abran las viviendas ociosas, es decir las que están desocupadas, y se pongan a disposición de las mujeres y sus familias?

Tanto este, como otros puntos se encuentran incluidos en el proyecto que presentó el Frente de Izquierda el 8M pasado, que propone un Plan Nacional de emergencia contra la violencia de género, medidas que hoy cobran aún más vigencia.

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