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Ada Colau logra la aprobación de los presupuestos no tan “sociales”

Los presupuestos de BComú se aprueban automáticamente por falta de oposición. Colau hace gala de un aumento del 4% aunque hay varios puntos oscuros.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Lunes 30 de enero de 2017 | Edición del día

BComú no pudo aprobar los presupuestos en diciembre por no reunir una mayoría en el Consistorio. Solo 16 de los 41 regidores los apoyaron. Once de Bcomú y cinco del PSC. La oposición tuvo un plazo de un mes para tratar de montar una alternativa, pero era situación antinatura que hubiera una alianza de la izquierda con la derecha. Esta falta de alternativa fue la que permitió que el miércoles se aprobaran automáticamente los presupuestos.

Además, hubo sectores de la oposición que aprobaron aspectos parciales de los mismos conjuntamente con la alianza que gobierno el Ayuntamiento. Por ejemplo, Convergència i Unió apoyó el Plan de vivienda; y, Esquerra dio soporte a Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (PEUAT). Estos apoyos junto con la aprobación, le permitió salir reforzada a la alcaldesa, que podrá disponer de presupuestos sin grandes sobresaltos hasta el final de su mandato ya que se pueden prorrogar dos veces.

Gerardo Pisarello, el segundo de Colau, ha defendido que son unos buenos Presupuestos para la ciudad, ya que son sociales, redistributivos y "sin recortes", a diferencia de los presupuestos de la Generalitat catalana. Sin embargo, no es oro todo lo que brilla. Si se escarba un poco en los presupuestos se encuentran algunas manchas.

Algunas manchas

Las cuentas aprobadas por BComú-PSC prevén destinar unos 321 millones de euros para combatir la pobreza energética. Algo que es un objetivo clave y urgente, sin embargo se torna en su contrario. Una parte sustancial del mismo se utiliza para pagar facturas de aquellos usuarios que ya no pueden. Garantizando de ésta manera, el cobro a las grandes empresas energéticas y sus ganancias milmillonarias. El dinero de las arcas públicas se va a las privadas.

El presupuesto en transporte público aumenta hasta llegar a 153 millones de euros. Pero esto no quiere decir que los trabajadores de TMB que llevan años trabajando a tiempo parcial vayan a pasar a tiempo completo, mejorando sus condiciones laborales y el servicio de TMB. Esto quiere decir que harán las obras del Tranvía por la Diagonal, el cual será gestionado por fuentes privadas. Una vez más el dinero se lo llevan los privados.

El presupuesto en vivienda sumaría unos 120 millones de euros éste año. Sin embargo, este dinero tiene entre sus destinatarios los grandes bancos. Hace un año, Colau acordó con los bancos que pagaría la mitad de la reforma de los pisos que diesen en cesión y a cambio les pagaría unos 175€ al mes. Por supuesto, que los bancos cedieron los peores pisos, incluso algunos con gente dentro. El Ayuntamiento hace la faena sucia y además paga. Negocio redondo para la banca. Algo muy llamativo, más viniendo de una dirigente de la PAH, como lo era Ada Colau.

Vuelven los técnicos del PSC y de CiU

Esta música suena muy parecida a la del Tripartit y Convergència. Llenar de euros a las grandes empresas vaciando las arcas públicas. De los Ayuntamientos llamados “del cambio” se esperaban cosas radicalmente opuestas. De BComú, que está formando una “nueva izquierda” basada en la nueva política, se esperaba que se beneficie el común del pueblo trabajador y no las grandes empresas.

Sin embargo, hay que mirar quien le acompaña a Colau y Pisarello en el Ayuntamiento. En primer lugar, su socio es el PSC que históricamente dirigió Barcelona llevándonos a una gestión favorable a las empresas, a vender Barcelona como marca para el turismo dejando de lado los sectores populares. Y, como si fuera poco, entre los cuadros medios, metió a antiguos integrantes del PSC y de Convergència.

Parece mentira, pero quienes fueron echados mediante el voto popular, han entrado por la ventana y con unos sueldos exorbitantes. Tanto sufrir a Hereu y a Trias, para que nos metan sus amiguitos y continúen sus políticas. Pero si cuando Pisarello dice que estos presupuestos son tan sociales hace recordar a Junqueras cuando dice que los suyos son los más sociales.

¿Y los trabajadores del Ayuntamiento?

Los trabajadores del Metro se llevaron una desilusión tremando cuando comenzaron a reclamar que sus compañeros que están precarios pasen a la planta fija con los mismos derechos. En general, creían que Colau lo iba a hacer ipso facto. Sin embargo, la actitud de los “comunes” fue común a la de Trías. Colau les dijo que no podía negociar con huelgas. Y, aún siguen esperando.

O el caso de los técnicos de Movistar. Estos habían levando la huelga y la ocupación de la sede de Telefónica a cambio del compromiso de Colau para que presione a Telefónica en el cambio de las condiciones sociales. Nada de eso pasó. Aún siguen contratando a Telefónica. Incluso en las empresas subcontratistas hay persecución sindical a quienes dirigieron la huelga. Y, Mobile World Congress sigue en Barcelona durante todos estos años.

Otro caso es la subcontratación de servicios públicos en condiciones deplorables. Muchos trabajadores trabajan realizando servicios sociales como a la gente mayor, con salarios bajos, con una precariedad que asusta. Nada de esto cambió con el “Ayuntamiento del cambio”. Incluso está el caso de los manteros. Barcelona se constituyó como ciudad de acogida con la crisis migratoria generada por la guerra que sufre Siria. Pero a los que migraron jugándose la vida en el Mediterráneo solo les dan palo policial, expulsión CIE mediante u olvido, si tienen suerte.

Ni presupuestos sociales, ni Ayuntamientos del cambio. Una izquierda como la del Tripartit que gobernó Catalunya y Barcelona.







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