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Acuña, los médicos sí se contagian

Según la ministra de educación, los médicos en los hospitales de niños no se han contagiado. Pero, en el Garrahan a pesar de que se atiende con guantes, barbijo, máscara facial o antiparras, cofia, camisolín y cubre calzado, hay más de 600 trabajadores contagiados por covid-19 desde que empezó la pandemia.

Cristal Chechelgis

Enfermera | Hospital Garrahan

Florencia N. Vargas

Delegada Junta interna ATE Garrahan | Agrupación Marrón Clasista

Martes 2 de febrero | 22:04

La Ministra de Educación porteña dijo en una entrevista, el día de ayer, que “tenemos millones de papers científicos que confirman que los chicos no son un factor de transmisión masivo, que las escuelas abiertas, al revés de lo que se pensaba, son un espacio, con protocolos, no solo necesarios sino posible”. En este sentido, comparó la situación de las escuelas con la de los hospitales pediátricos: “En los hospitales de niños, donde los pediatras le ponen una maderita en la lengua, donde los chicos patalean, escupen, lloran, los pediatras no se han contagiado”, y aseguró que es porque “tienen cuidados, y porque los chicos contagian menos que los adultos”.

Durante el 2020 todos los trabajadores de los hospitales tuvimos que pelear para que nos den los equipos de protección personal (EPP) de la calidad adecuada y en la cantidad suficiente, y se preparen los sectores adecuadamente para así poder atender a los pacientes. El gobierno, las autoridades de los hospitales y los sindicatos lo único que hicieron fue dar la espalda a la situación. Nosotros fuimos los que estuvimos alertas para que se cumplan los protocolos, la realización de los hisopados y el aislamiento preventivo en el caso de trabadores con síntomas o contacto estrecho.

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En el Garrahan, por ejemplo, hay contabilizados más 600 trabajadores contagiados, pero, solo fueron testeados el personal con síntomas o de contacto estrecho. No fuimos testeados periódicamente para tener, no solo una medición certera de cantidad de contagios, sino también para detectar precozmente casos, activar protocolos y aislar a tiempo. Ahora el plan de vacunación comenzó, sin embargo, sólo fueron vacunados algunos cientos, de 6 mil que trabajamos en el hospital.

Acuña no solo desconoce la situación en los hospitales. Tampoco ha pisado las escuelas para ver lo que hace falta realmente para la presencialidad. No conoce la realidad de las y los niños que allí asisten. Las familias que se atienden en el hospital son las mismas que van a las escuelas públicas. Por lo tanto, quienes trabajamos en salud, como los docentes, sí conocemos las condiciones en las que viven las familias. Hacinadas, sin agua (tan importante y esencial), con padres que han quedado desocupados en la pandemia o con trabajos precarios.

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No alcanzan las vacunas, no hay edificios en condiciones para el comienzo de las clases, no existen escuelas seguras, ni hay cantidad suficiente de docentes para la bimodalidad (presencial y virtual). Las escuelas se abren con recursos, no con discursos. Por eso es importante que, en lugar de recortar, se destine un mayor presupuesto para educación y salud en forma urgente. No más plata para el FMI. Protocolos claros y discutidos por el conjunto de la comunidad educativa y sanitaria. Llamamos a las y los trabajadores de la salud y docentes a dar juntos esta pelea.







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