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Red Internacional

¿Por qué se silencian las denuncias de periodistas de acoso laboral y sexual contra Antonio Laje? Columna de Géneros en El Círculo Rojo, el programa de La Izquierda Diario en Radio Con Vos FM 89.9.

Celeste Murillo@rompe_teclas

Viernes 10 de diciembre de 2021 | 00:56

· La semana pasada se conocieron denuncias por maltrato, acoso sexual y laboral contra Antonio Laje (América TV). Las que denunciaron fueron periodistas y profesionales que trabajaron en su programa: la nutricionista Fiorella Viteli (panelista) y las periodistas Maite Pistiner y Eugenia Morea, después de que su colega María Belén Ludueña se despidiera del aire llorando.

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· La respuesta de Antonio Laje fue victimizarse y decir que no maltrataba sino exigía y que no tenía problemas en pedir disculpas “si alguien se sintió maltratado” (la fórmula que anula su responsabilidad y siembra dudas sobre la denuncia).

· Los testimonios evidenciaron la naturalización del maltrato general de trabajadores y trabajadoras en los medios y el acoso laboral y sexual. “Acostumbrate” o “evitalo” son una constante, también la amenaza de represalias: “Hay muchas cosas que en los medios no se dicen y se saben (...) porque el que las dice después se queda sin trabajo” (Maite Pistiner).

Silenciadas

· Esto último es clave para entender el pacto de silencio en los grandes medios. Casi ninguno se hizo eco de las denuncias, como muchas veces silenciaron las protestas de sus trabajadores y trabajadoras contra las malas condiciones laborales. Una de las pocas entrevistas la hizo el equipo de Pasaron Cosas en Radio Con Vos.

· El impacto de esta noticia es incomparable con la cantidad de horas televisivas o clicks infinitos dedicados a femicidios o abusos, siempre con menos foco en lo que dicen las personas que denuncian que en el morbo, como regla general que ordena los contenidos de canales y portales.

· Que se hable de la violencia patriarcal en los medios tiene mucho que ver con la visibilización de la movilización de las mujeres y los debates feministas, pero suele ser instrumental. Muchas veces se usa para instalar agendas como el punitivismo o la mano dura. Ni hablar de los resquicios más siniestros, en los que los medios aprovechan un hecho brutal como el asesinato de un nene en La Pampa, para señalar la sexualidad o la identidad de las personas como motivo de la violencia ejercida (un detalle que no se resalta cuando el agresor es un varón heterosexual, la enorme mayoría de las veces).

Organizadas

· Las periodistas respondieron de forma colectiva y subrayaron el caldo cultivo del acoso y el maltrato. Algo parecido a lo que había hecho Actrices Argentinas cuando conoció la denuncia por violación de Thelma Fardin contra Juan Darthes.

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· Hace dos años el colectivo Periodistas Argentinas publica un estudio sobre condiciones laborales y alerta sobre la violencia que se reproduce en todos los medios de manera sistemática: no es un canal, es un sistema. El maltrato es cotidiano y es parte de la forma de trabajar.

· Algunas de las cosas que son moneda corriente en los medios públicos y privados: “Insultos, humillaciones, acosos, negación y ninguneo de la palabra, degradación o pérdida de puestos de trabajo al regresar de la licencia por maternidad”. En ese panorama de desigualdad se reproducen las condiciones para el acoso laboral y sexual.

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Dónde crece la violencia machista

· En 2021 se cumplieron 15 años del lema Me Too, que nació mucho antes de las denuncias en Hollywood. Su creadora, la activista Tarana Burke, explicó que no le interesaba tanto que algunas celebridades fuera presas (como el productor Harvey Weinstein) sino que el objetivo era impactar “en los problemas sistémicos que se relacionan con el motivo por el cual la violencia sexual prevalece”.

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· Se refería al ecosistema que favorecen todas las versiones de democracias capitalistas: desigualdad, subordinación y una larga cadena de violencias, que se entrelazan con (y encajan en) las relaciones de poder del lugar de trabajo.

· Muchas veces escuchamos que los varones tienen que entender que NO es NO y es indispensable, pero es igual de importante pensar también qué valor tiene el NO en un contexto laboral. Por ejemplo en los medios: si el maltrato es la norma, si la precarización es la norma, si las mujeres cobran menos o se las reduce a objetos como regla general con algunas excepciones, ¿qué valor real tiene el NO?

· Por eso son valiosas las ideas que instalan movimientos como Ni Una Menos: que existen condiciones que habilitan y alientan el acoso, el abuso o la violencia patriarcal; que el Estado es responsable porque sostiene la desigualdad en las que se reproducen, porque sus instituciones silencian las denuncias y refuerzan estereotipos, entre muchas cosas.

· El acoso sexual hoy está visibilizado pero sigue estando naturalizado, como parte de un sistema que tolera muchas violencias y tolera la opresión: sacando las formas más extremas, que las mujeres trabajen de forma gratuita en el hogar y cuidando, que haya brecha salarial, discriminación, cosificación. Y el mundo funciona más o menos igual.

· Muchos discursos quieren convencernos de que si tenemos paciencia y pedimos bien las cosas, de a poco se avanza, nos “dan” derechos y hay “cambios culturales”. Pero que la violencia patriarcal persista en el núcleo duro de nuestras sociedades desmiente esta idea todo el tiempo.

· Reflexionando sobre qué es importante subrayar cuando denunciamos la violencia machista, la creadora del lema Me Too, Tarana Burke: “Tenemos que hablar de los sistemas que todavía siguen intactos y permiten que suceda”.




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