OPINIÓN

Acerca de la juventud pobre, el poder y sus políticos

El repaso combinado a las concepciones de juventud y pobreza, sumadas a las propuestas de seguridad de los grandes partidos del régimen uruguayo, evidencian un enfoque común en su raíz que es el no cuestionar el origen de la pobreza que es la propia formación social capitalista uruguaya integrada al sistema capitalista mundial.

Viernes 8 de noviembre | 20:27

Foto: 180.com.uy

Para el capitalismo y sus administradores políticos la juventud pobre es vista como fuerza de trabajo o sea un recurso (objeto) para el mercado. Entre los grandes operadores políticos se da una competencia de discursos centralizados en “ideas” de “integración” de la juventud con el objetivo de su utilización como recurso en el mercado capitalista. En dichos discursos predomina una noción culturalista y discriminadora que se plantean como fin el disciplinamiento de esa fuerza de trabajo que generalmente está condenada a la desocupación o la precariedad, a ser ejército de reserva asalariado.

Todo este fenómeno se da en el marco de la formación capitalista contemporánea que hay en el país, que por supuesto no es cuestionada en sus fundamentos, los cuales son la razón real de la pobreza de parte de la juventud uruguaya. En todos los discursos predomina la noción de “incapacidad” cultural para la adaptación de estos jóvenes en la vida contemporánea, reduciendo todo a conceptos como “marginalidad”, “falta de valores”, etc.

Si bien es cierto que la pobreza tiene raíces históricas venidas de las sucesivas crisis económicas sociales que van acumulando generaciones y generaciones condenadas al desempleo y la precariedad, también lo es que este fenómeno es parte fundamental del sistema.

Sin la pobreza de muchos es imposible la gran riqueza que vienen acumulando unos pocos. Y esta forma es la que se fomenta y no se cuestiona de ninguna manera por los principales políticos.

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El problema no es la supuesta incapacidad de la juventud pobre de “adaptarse al mundo contemporáneo” para se ser un número más a ser explotado por los dueños de los medios de producción, el problema es que esos mismos medios de producción no están al servicio de la mayoría de la población, sino de la ganancia y riqueza para unos pocos.

Los dueños de la economía y sus administradores políticos necesitan, son partidarios y promueven, esa división social en la fuerza de trabajo entre formalizados y desempleados o precarizados. Las sucesivas crisis cumplen la función de ir aumentando ese ejército de reserva y así ir precarizando el trabajo en general, para aumentar las ganancias capitalistas.

La criminalización de la pobreza

Uno de los argumentos preferidos para profundizar el disciplinamiento de la juventud y dividir las filas de los oprimidos es la criminalización. No solo por obra de los medios de comunicación que hacen su parte importante, sino por el discurso y la acción política-gubernamental, que centra la atención de los problemas del delito sobre los barrios más pobres y en especial en la represión a la juventud pobre.

La imagen que se impone del delincuente es la imagen del joven pobre, sobre al que hay que aplicarle el palo y la zanahoria, palo y hostigamiento policial, acompañadas de las propuestas (según el partido político) de “formación en valores”, políticas sociales de “inserción” o formación de “emprendedores” con “esperanza”.

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Pero lo fundamental del discurso y el accionar es el mantenimiento del orden social, en un sistema que reproduce la pobreza, la fuerza del Estado se impone, ocupando zonas llamadas “críticas” para sostener dicho orden, justificado con el argumento del “problema de la inseguridad”.

En definitiva el joven pobre no solo se lo discrimina por supuestamente ser un “incapaz” de integrarse a la sociedad, sino que además es un potencial delincuente pasible de hostigamiento y represión para que no se atreva a violentar la propiedad privada.

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En la campaña electoral los principales partidos se han referido al “problema de la inseguridad”, la juventud y la educación. Estos discursos políticos tienen como fin imponerse en la competencia demagógica por el gobierno para ser los futuros gestores de este problema estratégico. Las distintas variantes también dan un indicio de las formas particulares que se proponen para gestionar todos esos temas sin cuestionar por su puesto sus bases estructurales. O sea cada uno se propone darle continuidad al proceso fundamental a la vez que profundizar en ciertas formas según el modelo.

Asistencialismo y tecnificación policial

El FA desde que es gobierno puso en práctica su modelo de asistencia social para mitigar los aspectos más agudos de la miseria social mediante una política distributiva y de asistencia social (lo cual incluye desde subsidios, políticas de vivienda, primer empleo, salud y educación, entre otros), pero todo lo que ha hecho no resolvió el problema estructural que tiene que ver con el funcionamiento de la economía que es el origen de la miseria social.

En la carrera contra la “exclusión” sosteniendo en paralelo las bases fundamentales del capitalismo contemporáneo (beneficio a la inversión extranjera con exenciones impositivas y libre mercado, pago de la deuda externa, continuidad del modelo del trabajo precarizado y bajos sueldos, etc.), el resultado es una gran estructura que funciona como contenedor de la explosividad que puede provocar la desigualdad social, acompañado de la intervención represiva.

Y es que la contracara del asistencialismo, es la nacionalización de la guardia republicana, el aumento del presupuesto y tecnificación de la policía, los operativos de saturación, el PADO, la prepotencia de la guardia republicana en los barrios pobres con números casos de abuso policial e incluso casos de gatillo fácil como el asesinato de Sergio Lemos. Todo para sostener la paz social, bajo un modelo económico donde la mayoría de la clase trabajadora recibe bajos salarios, y si es joven también precarizada o directamente desocupada, mientras los fundamentos del modelo se apoyan en aumentar y sostener las ganancias de los grandes capitalistas (nacionales y extranjeros) bajo la idea de que la expansión de la economía alcanzará algún día a erradicar la “exclusión”, lo que los economista neoliberales le llaman teoría del derrame.

En última instancia el modelo no va más allá de plantearse la integración de la población al mercado, manteniendo un piso mínimo de bienestar material, pero ni siquiera en este objetivo se hace una explicación crítica de por qué incluso no se logra alcanzarlo.

La “esperanza” de los pobres con garrote en mano

El modelo de Lacalle Pou se propone terminar (supuestamente) con la amenaza de la “fractura social”, declarando la emergencia nacional en seguridad pública.

Fundamentada en la doctrina pregonada por su padre (Luis Alberto Lacalle Herrera) de ejercer y hacer sentir la autoridad estatal disponible por el orden constitucional.

Complementado esto con la transmisión de “la esperanza” para los pobres. En esta generalidad planteada el programa de Lacalle se refiere a un cambio en la gestión de la asistencia social, donde el objetivo sería crear las oportunidades para que los individuos salgan de la pobreza, a partir de la “nueva concepción de pobreza”:

“La pobreza no consiste en la insuficiencia de recursos que permiten satisfacer necesidades básicas, sino en la incapacidad de generar esos recursos de forma autónoma, ya sea a través de empleos dignos o de emprendimientos sustentables.”

O sea que, según esta definición, el problema de la pobreza es un problema motivacional e individual de cada uno y no un problema estructural de la sociedad.

La intervención del Estado se limitaría a recuperar esas subjetividades mediante una buena gestión del MIDES y el ejercicio “firme” de la autoridad estatal de acuerdo a la doctrina de la familia Lacalle. En definitiva con motivación, esperanza y “respeto” a la autoridad, el mercado haría el resto…

Pero más allá de esta verbalización motivacional, queda claro de lo que se desprende del programa de su partido y de los discursos de su elenco partidario, que la parte central se concentra en la profundización del accionar represivo que ya viene aplicando el FA.

En la larga lista de sadismo represivo que prepara Lacalle Pou (no hay que negar la gran imaginación que tienen en este punto) podemos destacar la propuesta de fortalecer más la guardia republicana (profundizando también su regionalización) y facilidades para el gatillo fácil: “introducir la presunción simple de legítima defensa a favor de los funcionarios policiales, cuerpo de Prefectura Nacional Naval, y guardias privados de seguridad armados, mediante la modificación del art. 26 del Código Penal, sin perjuicio de las eventuales responsabilidades por el exceso en el empleo de la fuerza”. Como si ya ahora la violencia policial y la ocupación de dichas fuerzas en los barrios pobres no fueran suficiente, Lacalle se propone profundizar ese rumbo para disciplinar con garrote en mano a todo un sector social.

La militarización para los ni-ni de Manini también con garrote en mano

Manini en consonancia con planteos de otras fuerzas políticas, centra su explicación de la pobreza y el problema de los jóvenes, a causantes individuales y las soluciones propuestas también combinan la “capacitación” y la represión.

La explicación de Manini como es conocida desde su época de comandante en jefe del Ejército, es su caracterización de los ni- ni (jóvenes que no estudian ni trabajan) como personas con falta de disciplina y sin ideas claras con respecto a lo que hacer con su vida. La solución propuesta es la educación militar, para “formar en valores” a los jóvenes y de paso represtigiar a las FFAA genocidas de la dictadura.

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La creación de un “cuerpo de serenazgo” compuesto por ni-ni para desarrollar tareas de seguridad y como política de primer empleo y la combinación de esto con los objetivos que se plantea de profundizar la represión, sería como una nueva expansión de las funciones represivas del Estado. Con la organización de elementos de la sociedad civil, o sea el Estado ampliado en dichas funciones, para mantener el “orden” y promover el “respeto a la autoridad”.

Por otra parte la formación masiva en este orden corresponde a una doctrina de defensa que implica la militarización de la sociedad. Con el objetivo de conducir esas fuerzas sociales disponibles hacia metas (represivas) bajo este mismo orden, mediante la homogeneización ideológica y técnica de los que se vean afectados por este método.

Rebelión contra la raíz de la miseria

El repaso combinado a las concepciones de juventud y pobreza, sumadas a las propuestas de seguridad de los grandes partidos del régimen uruguayo, evidencian un enfoque común en su raíz que es el no cuestionar el origen de la pobreza que es la propia formación social capitalista uruguaya integrada al sistema capitalista mundial.

Pero no es novedad el no cuestionamiento de esas raíces del problema, porque el enfoque político-programático de estos partidos es ser administradores del Estado capitalista uruguayo, para garantizar las ganancias de las clases dominantes, en este sentido la pobreza de muchos es parte necesaria para garantizar la riqueza de unos pocos. El que presenten “novedades” para la supuesta solución de los problemas aparejados reside en las estrategias demagógicas para ganar su posición de poder político y a su vez justificar sus agendas de “seguridad” e intervención en la enseñanza para garantizar la permanencia del orden social.

No hay salida posible dentro de los parámetros del sistema frente a la miseria y precariedad de millones, el pueblo trabajador chileno luego de décadas de soportar una versión más salvaje del mismo sistema económico- social se ha rebelado masivamente en las últimas semanas, haciendo saltar por los aires el modelo ejemplar de la región. Quedará por verse hasta donde llegará esa lucha del pueblo hermano, pero sin dudas marca camino a la hora de combatir contra un sistema estructuralmente injusto para las grandes mayorías trabajadoras.







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