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Red Internacional

El cura Pepe di Paola habló en nombre de Francisco en la audiencia de Diputados por la legalización de la interrupción legal del embarazo. Un discurso “progre” para ocultar la defensa del aborto clandestino. De los crímenes atroces que la Iglesia promovió y sobre los que aún calla, ni una palabra.

Daniel Satur@saturnetroc

Jueves 3 de diciembre de 2020 | 00:02

Este martes comenzó el debate en la Cámara de Diputados sobre la legalización del aborto. En reunión conjunta de las comisiones de Legislación General, de Legislación Penal, de Mujeres y Diversidad y de Acción Social y Salud Pública comenzaron a exponer diferentes personalidades de los más diversos ámbitos.

Minutos antes de las 16, luego de la participación de los ministros Ginés González García y Elizabeth Gómez Alcorta y de la secretaria legal y técnica Vilma Ibarra, se dio inicio a la ronda de exposiciones. En un guiño a la Iglesia católica, el primer invitado a hablar fue el cura José “Pepe” Di Paola, de muy buena relación con Alberto Fernández y muchos funcionarios.

La diputada Cecilia Moreau del Frente de Todos, que preside la comisión de Legislación General, lo presentó con cariño: “Le doy la bienvenida y me alegra mucho que sea parte de este debate, por la calidad humana y por lo que representa, al padre Pepe di Paola, sacerdote de la Arquidiócesis de Buenos Aires y cura villero”.

Probablemente desde el oficialismo no esperaran que Di Paola fuera tan poco recíproco. Lo cierto es que después de un “muchas gracias por la invitación queridos hermanos y hermanas”, el cura atacó de forma directa a quienes presentaron el proyecto oficial, acusándolos de perseguir intereses espurios.

El padre Pepe dijo que en medio de la dolorosa situación generada por el covid-19, “con sorpresa e indignación” vio “el apuro del Poder Ejecutivo por sancionar rápidamente la ley del aborto”. “Sería interesante que (el presidente) nos dijera ante quién se comprometió” a enviar el proyecto al Congreso, dijo el cura, ninguneando conscientemente al enorme movimiento de mujeres que desde hace décadas lucha por el derecho al aborto.

No sólo eso. Di Paola se arrogó la representación ya no de la Iglesia sino de la sociedad. “¿A quién se lo prometió? Al pueblo seguramente no, al pueblo de la villa menos, al de las provincias tampoco”, enumeró en su interpelación a Alberto Fernández.

Pero además de confrontar con los funcionarios, para sustentar su posición Di Paola vistió su discurso con un ropaje casi progresista. Hasta se animó a decir (en sintonía con el giro retórico de la Conferencia Episcopal Argentina) que el aborto legal es una “flagrante violación a los derechos humanos”.

Tan decidido estaba a encarnar la defensa a ultranza de los “valores” eclesiásticos (la defensa del aborto clandestino) que ni siquiera hizo referencia a su cargo de prosecretario de la Comisión Provincial por la Memoria (organismo de derechos humanos público bonaerense). Solo se presentó como vocero del Papa, mostrando papeles que, según él, son cartas que le mandó Francisco de cara a este debate.

Eppur si muove, Padre Pepe

Aunque el objetivo central es defender el dogma reaccionario de su institución, Di Paola buscó no quedar como un fundamentalista. Para eso saltó de lo esotérico a lo científico y, luego, a lo político. Pero lo hizo con recursos que no hacen más que dejarlo en evidencia.

Por un lado dijo que Bergoglio le escribió en sus cartas que “la deformación en la compresión del aborto nace principalmente en considerarlo un tema religioso”. Pero que “el asunto del aborto no es esencialmente religioso” sino “un problema humano previo a cualquier opción religiosa”.

Agregó que “Francisco sostiene que muchos creen que el ‘no al aborto’ es una postura opinativa, no científica” y que en verdad debería circunscribirse a una “discusión científica donde se decida si hay vida o no”. Y aseguró que, por un lado, “en la tercera semana de embarazo ya está diseñado todo el organismo y late el corazón” y, por el otro, que “el embrión posee un ADN único y sus secuencias se mantendrán durante toda su vida”.

Suficientes razones, piensa él, como para afirmar que la persona humana existe desde la unión del espermatozoide con el óvulo y que toda interrupción de su desarrollo natural es una crimen de lesa humanidad. Audaz.

¿Hace falta recordar que a lo largo de los siglos la Iglesia fue una de las instituciones más negadoras y resistentes a los avances científicos? Hasta se tomó casi 400 años para declarar “inocente” a Gelileo Galilei, después de que la Inquisición lo declarara hereje en 1633 por haber descubierto que la tierra se mueve alrededor del sol y no al revés. Eppur si muove, padre Pepe, y las mujeres no van a parar hasta conseguir sus derechos.

“Antimperialismo” antiderechos

Dando un paso más en su construcción discursiva, el padre Pepe reiteró algo que ya había dicho en las audiencias de 2018 respecto a “la innegable vinculación entre la legalización del aborto y las políticas de la usura internacional”. Y agregó que en aquella oportunidad la legalización del aborto estaba atada a la aprobación del préstamo del FMI al gobierno de Mauricio Macri.

Así, la interrupción voluntaria del embarazo por parte de millones de mujeres sería parte de un plan integral de quienes funden al país con sus políticas promercado.

Para Di paola no es “mera coincidencia” que el ministro Martín Guzmán pida al FMI un acuerdo de “facilidades extendidas” y al mismo tiempo, “en forma apresurada y contradiciendo manifestaciones anteriores”, se anuncie “uno de los principios que impulsa fuertemente el sistema de usura internacional: la legalización del aborto”.

Así, según la particular versión vaticana, que millones de mujeres tengan el derecho elemental de no morir tras prácticas clandestinas y de no ir presas cuando logran sobrevivir sería una mera imposición del FMI, de los fondos buitre y de gobiernos que, como el de Macri o el de Fernández, les hacen caso.

Al padre Pepe le faltó decir que para ser un buen antimperialista hay que ser un buen antiderechos. Amén.

Derechos y humanos

Desde que el Gobierno anunció que presentaría un proyecto de ley propio (y no el de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto), diversos referentes de la jerarquía católica decidieron colocar a la interrupción del embarazo en la categoría de crimen de lesa humanidad. Más allá del despropósito, la curia sabe que eso siginifica demasiado en un país con 30.000 desaparecidos, 500 niñas y niños apropiados y un genocidio que dejó profundas marcas económicas y sociales.

La maniobra no es nueva. Cada vez que defiende sus intereses oscurantistas y medievales, la Iglesia apela discursivamente a valores supremos como “la vida”, “el amor” o “la humanidad”. Un chantaje que, de todos modos, no alcanza para ocultar que esa misma Iglesia está ligada, como pocas instituciones en la historia, a enormes crímenes masivos donde las víctimas inocentes se cuentan por millones.

Ya se relató en varios artículos de este diario la historia criminal de la Iglesia católica argentina. No hace falta redundar. Solo afirmar que nunca la Conferencia Apiscopal Argentina pidió perdón por esos crímenes de los que participó, a veces activamente y otras en silencio. Y mucho menos puso a disposición de las víctimas y sus descendientes las pruebas, los datos y las evidencias que atesora y que servirían para echar un poco de verdad y justicia. Capaz dentro de 400 años…

Bien vale preguntarse con qué autoridad institucional (no personal, eso no viene al caso) el padre Pepe se despacha en nombre de la Iglesia a defender el aborto clandestino como parte de una supuesta defensa de los derechos humanos, si ni siquiera esbozó un mínimo mea culpa sobre la larga historia de violaciones a derechos humanos cometidas por su Iglesia, desde la Inquisición y la quema de millones de “brujas” hasta el aval a varios genocidios en todo el mundo.

Para no hablar del aceitado sistema de abusos sexuales y demás malos tratos a niños, niñas y adolescentes que la Iglesia mantiene intacto desde tiempos inmemoriales, con una manual de procedimientos instituidos donde las víctimas son revictimizadas y los victimarios encubiertos y salvados.

Por el contrario, Di Paola decidió ejecutar una operación nada inocente. Por un lado, buscó hacerle un guiño al movimiento de derechos humanos citando frases de Adolfo Pérez Esquivel de 1982 y del salvadoreño monseñor Oscar Romero, asesinado en 1980. Por otro lado, bastardeó a gran parte de ese mismo movimiento buscando hacerlo cómplice de un supuesto crimen de lesa humanidad.

“Después del ‘Nunca más’ muchos se preguntaban cómo se pudo haber llegado a tal grado de deshumanización. La respuesta es que se llega cuando se decide justificar la eliminación de la vida o la violación de la integridad física o moral por una razón superior. Es en este punto donde las justificaciones y las indignaciones se tornan hipócritas”, sentenció Di Paola.

Como ya se dijo, los recursos utilizados por el padre Pepe di Paola en su defensa del aborto clandestino no hicieron más que dejarlo en evidencia. Después de su disertación sobre los derechos humanos y la ciencia, terminó volviendo a lo esotérico, pidiéndoles a las diputadas y diputados que “no se coloquen en el lugar de Dios”. Y dejando un mensaje final con olor a “apriete”: “hagamos entre todos un país donde el Papa pueda sentirse cómodo cuando decida venir”.




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