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Red Internacional

Lectura crítica.A propósito del Dossier de Le Monde: ¿Qué hacer con los planes sociales?

Una lectura crítica del último dossier de Le Monde Argentina. Editorial en Pateando El Tablero, la izquierda en radio, 101.7 Jujuy FM.

Jueves 11 de noviembre | 14:45

El dossier del último número de Le Monde Diplomatic (noviembre 2021) se presenta luego que el gobierno nacional, tras la derrota en las PASO, anunciara a través de la cuenta de tuiter de Sergio Massa la “transformación” de planes sociales en empleo formal. Luego vino un decreto presidencial al respecto.

Contiene tres artículos donde se analiza la cuestión del trabajo y la situación de quienes perciben ayudas sociales del Estado, los denominados, planes sociales. Veamos algunos ejes de discusión:

Función social: los planes “garantizan la supervivencia de los más pobres, alientan las iniciativas de trabajo en el mundo popular.” (Luisina Perelmiter, autora del artículo, "Clave para la consolidación de la democracia").

Función política: los planes “contribuyen a la paz social en momentos de crisis, clave para la consolidación de la democracia.” (Luisina Perelmiter).

Eficacia de la “transformación de planes” en empleo formal: esto ha fracasado dicen los autores. El ejemplo más reciente fue el “Plan Empalme” durante el macrismo. “El resultado de esta iniciativa fue prácticamente nulo: no llegó a los 10 mil beneficiarios en el marco de un gobierno que había triplicado los programas sociales: de poco más de 200 mil beneficiarios en 2015 a 640 mil en 2019.” (Ernesto Mate y Ana Natalucci, autores del artículo, ¿Transformar los "planes en trabajo"?).

Otro eje. Sobre la realidad misma de quienes perciben ayudas sociales del Estado. Acá alzan una crítica hacia quienes estigmatizan a los trabajadores que reciben ayudas del Estado como “vagos” y, por el contrario, revalorizan el trabajo que realizan quienes perciben estos planes porque como reconocen las autoras son insuficientes para vivir, por ende, toda persona tiene que realizar changas de algún u otro tipo, tanto en la ciudad como en el campo.

En esta crítica contra el sentido común de derecha y que de algún modo está presente en la forma que se hizo el anuncio de la “transformación de planes” por parte del Frente de Todos, Verónica Gago (autora del artículo, "Mujeres, cuidados y planes"), hace una especial reivindicación del trabajo de las mujeres que juegan un papel central en la denominada “economía popular”, o sea, en el trabajo reproductivo o de cuidados. Citando a la dirigenta del Frente Popular Darío Santillán, Dina Sánchez, explica en qué consiste el rol de las mujeres en estos ámbitos en los meses más duros de la pandemia, ¿de qué se trata si no coser barbijos, atender cuestiones de salud y de vivienda, producir alimentos sanos, cocinar, hacer integración sociourbana en los barrios mientras se pedía “quedarse en casa”?

Ahora, yendo a la pregunta que orienta el dossier, ¿Qué hacer con los planes sociales?

Nos encontramos con una respuesta coincidente en las autoras y autores, aún con sus matices, donde se asume la necesidad de darle continuidad a la política de asistencia del Estado y, más aún, dada la crisis social agravada por la pandemia.

Si bien este planteo esta puesto muy sobre la problemática de la coyuntura, las y los autores, dejan entrever más bien un horizonte propio bastante escéptico respecto de la posibilidad de lograr empleo formal para todo el arco de trabajadores informales.

“Crear más empleo formal y de calidad plantea un horizonte de grandes desafíos… Aun si quisiéramos pensar que esto es factible, no va a suceder de inmediato.” Luisina Perelmiter.

En el caso de Ernesto Mate y Ana Natalucci, enfatizan las dificultades de tipo macroeconómicas para la generación de empleo formal durante los últimos años y dicen, “Teniendo en cuenta estos datos, la idea de “transformar los planes en trabajo”... Supone, en el fondo, que es posible reponer el modelo clásico de empleo asalariado.” Ellos proponen “imaginar nuevas formas de garantizar derechos, de repensar las políticas de integración”, y un ejemplo de ello es el Plan de Desarrollo Humano Integral elaborado por la CGT y la UTEP (organizaciones cuyas voces no son escuchadas por el gobierno según los autores). Este Plan propone una serie de obras de infraestructura (entre otras) que generarían 240.000 puestos de trabajo formales (con convenio) y darle derechos a 4 millones de trabajadores (hoy la mitad son desocupados y la otra integrantes de la Economía Popular). O sea, con este Plan se reafirman los límites que consideran los autores al momento de lograr el empleo asalariado formal para todas y todos. Y lo que queda fuera de la discusión es cómo poder lograrlo.

Entonces, dicho todo esto, el tema de polémica con los autores se encuentra en la falta de indagación sobre por qué no se puede lograr empleo asalariado con derechos para todas y todos, qué o quiénes (mejor dicho) lo impiden. A quiénes benéfica esta enorme fragmentación de la clase trabajadora que reconocen en sus artículos. Sabemos que el capitalismo, necesita permanentemente generar una masa de trabajadores desocupados, con la cual regular (a la baja) el salario y las condiciones laborales porque de esta forma la clase capitalista puede mejorar sus ganancias.

Abrir estos interrogantes (entre otros), correría el eje de la discusión tal como está planteando en el terreno de la gestión (¿Qué hacer con los planes sociales?), y lo trasladaría al terreno de cómo lograr efectivamente terminar con el empleo informal y la desocupación.

Una propuesta que apunta en esta dirección es la que hacemos desde el PTS en el FITU por la reducción de la jornada laboral a 6 horas, 5 días a la semana, sin rebaja salarial. Según los cálculos de nuestro equipo económico esta medida aplicada solo en las grandes empresas del país permitiría crear 900.000 puestos de trabajo. Este horizonte es el que nos desafía a pensar cómo hacerlo, cómo lograr la unidad de ocupados con desocupados, lo cual implica superar las divisiones de las direcciones sindicales y de los movimiento sociales, para conquistarlo. Sin que esto implique dejar de pelear por mejorar las ayudas sociales ante la enorme emergencia que hay.

Pero incluso, el impacto en amplios sectores de jóvenes de la campaña por la reducción de la jornada laboral ha sido muy importante, como también el eco sobre organizaciones sociales que marcharon semanas atrás contra el aumento de precios de las empresas alimenticias portando banderas por la “reducción de la jornada laboral a 6 horas y el trabajo para todos”. Un indicio de las nuevas formas de pensar que pueden asumir las y los más golpeados por la crisis y la pandemia, si la izquierda se propone influir con sus ideas en el imaginario obrero y popular con tal de abrir paso a la organización de la fuerza social que puede transformarlo todo. Este es el debate pendiente que hay que llevarlo también a la práctica.




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