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TRIBUNA ABIERTA

¿A dónde va la Unión Europea? (Parte III)

Alemania se ha convertido en la potencia dominante por medio de un brutal aumento de la tasa de explotación de su clase obrera, así como a través de la exportación de capitales a otros países del sur con composición orgánica de capital más baja, lo que hizo posible un importante trasvase de plusvalía desde dichos países a Alemania.

Luis Osorio

Tribuna abierta

Sábado 25 de octubre de 2014 | Edición del día

Fotograía: Tribuna abierta / Luis Osorio

Primera parte:
¿A dónde va la Unión Europea? (Parte I)

Segunda parte:
¿A dónde va la Unión Europea? (Parte II)

Esto sirvió para mejorar el proceso de acumulación de capital en la “metrópoli” y contrarrestar durante un tiempo la tendencia descendente de la tasa de beneficios. Alemania gana. O sería mejor decir, el gran capital alemán gana, su clase obrera pierde, y los países del sur también pierden. Ahora sumidos en montañas de deudas a los bancos alemanes, entre otros, que la Sra. Merkel se cuidará mucho de que sean pagadas, como uno de sus principales objetivos políticos.

Sin embargo este proceso no está exento de contradicciones, algunas de ellas muy poderosas. En el plano político la gran mayoría de los capitalistas alemanes siguen apostando por el euro, conscientes de lo bien que les ha ido bajo esta moneda, pero al mismo tiempo, a medida que la crisis se desarrolla y no se atisba luz al final del túnel, también tienden a surgir sectores opuestos a seguir en el euro.

En la medida que Alemania tiene que poner más dinero para pagar la factura de los rescates del sur -bien sea vía préstamos o vía los riesgos que adquiere en el balance del BCE como demuestran las estadísticas del mecanismo de compensación de pagos Target 2, en el que Alemania es un acreedor destacado- esto motiva por ejemplo el surgimiento de ese partido llamado “Alternativa por Alemania”, claramente euroescéptico, integrado por profesionales de la pequeña burguesía y al que pertenece también el conocido economista Hans-Werner Sinn, que en definitiva vienen a decir que “antes nos fue muy bien”, pero ahora el precio a pagar “puede ser muy alto”, por tanto regresemos al marco. Este partido está creciendo, consiguió parlamentarios en las últimas elecciones europeas y avanza en todas las elecciones parciales, particularmente en los Lands ricos.

Pero además hay otra contradicción, también consistente con los análisis de Marx, quién explicó que el incremento de la plusvalía no se puede basar indefinidamente en la obtención de plusvalía absoluta, llega un momento en que este camino se agota y es necesario pasar al incremento de la inversión productiva que aumenta la productividad, sobre la base del incremento de la extracción de la plusvalía relativa aunque a un mayor coste de capital.

Él parón económico del segundo trimestre junto con los debates que hay sobre el crecimiento y el empleo en toda la eurozona y las presiones a Alemania para que reactive su demanda interna, fundamentalmente de inversión, han reabierto la polémica.

Bruselas acaba de dar a la luz unos datos que dicen que “la inversión pública neta es negativa en Alemania desde 2003, también la privada. Alemania está a la cola de la UE, junto a los países más castigados, como España.” (Berlín desoye a los organismos internacionales”, El País, 28/09/2014). ¡Vaya comparación!

En el Estado español la inversión privada disminuyó un 53,7% desde el primer trimestre de 2008 hasta finales del 2013, y la pública ha retrocedido a niveles de 1984! Entonces tanto Marcel Fratszcher, líder del Instituto Alemán de Investigación económica y asesor del Ministro socialdemócrata Sigmar Gabriel, número dos del ejecutivo de coalición conservador-socialdemócrata, y el conservador Hans-Werner Sinn, vienen a decir que coinciden en que “la economía alemana tiene debilidades, como su excesiva dependencia del exterior y exportar demasiado capital en lugar de invertir en casa”.

Fratzcher dice que esto es necesario si “se quiere garantizar el bienestar para los próximos 20 años” O sea, eufemísticamente, si se quieren garantizar los beneficios de los capitalistas para los próximos veinte años. Pero a las posturas del socialdemócrata Sigmar Gabriel, posiblemente más receptivo a las presiones de sus correligionarios socialdemócratas europeos, ha respondido tajantemente Wolfang Schaubble: “Las acusaciones de que no invertimos lo suficiente caen en el vacío”.

En el fondo está la pregunta: si incrementamos la inversión pública e incentivamos la inversión privada con subsidios públicos o rebaja de impuestos, ¿de dónde saldrá el dinero? ¿De más deuda? Schaubble está radicalmente en contra y la Sra. Merkel también. Tienen un compromiso firmado de que el gobierno de coalición no aumentara la deuda hasta 2018. Luego ¿Qué hacer?

Otra economista del ZEW, dice: “Es cierto que Alemania necesita más inversión pero no más deudas”. Luego hay que reducir otros gastos si se aumenta la inversión. ¿Cuáles? Sin duda aquellos que benefician a los trabajadores y a los jubilados, los pobres y los más desfavorecidos. Pero eso tiene otro problema. ¿Hasta cuándo la poderosa clase obrera alemana permanecerá relativamente pacifica?

Entre 2000-2003, con las contrarreformas Hartz provocaron la división en el SPD-Lafontaine se enfrentó a Gehrard Schroeder y se escindió con un grupo de sindicalistas para formar La izquierda, Die LInke, partido que tiene un 8,5% de los votos actualmente, y ahora, si el capitalismo alemán decide dar una nueva vuelta de tuerca, puede encontrarse en un momento determinado con una fuerte respuesta de la clase obrera. En 2003, su movilización fue muy reducida y claramente insuficiente para parar los drásticos ataques a sus condiciones de vida. Pero esto no va a ser siempre así. En un momento dado se transformará en su contrario y los estrategas del capitalismo alemán se verán obligados a retroceder.

Por tanto, de momento, las actuaciones de Draghi, con su política monetaria, su “Quantitative Easing”, su ABC, y sus descensos en la tasa de interés, ayudarán a los bancos a mantenerse en un estado catatónico similar a los zombis, pero no tendrán un gran efecto en el incremento del crédito y la mejora de la inversión en la economía real. También pueden tener repercusiones en los mercados financieros en el sentido de elevar los precios de las acciones y crear situaciones que tienen algún parecido con las viejas burbujas que explosionaron con los efectos de todos conocidos. Los estímulos de política fiscal serán nulos o muy pequeños. Pero lo que si continuará, e incluso se profundizará, serán las “reformas estructurales”, es decir nuevos episodios de recortes y más políticas de austeridad.

Es posible que tengamos una nueva recaída en la recesión en la zona Euro, o bien que tengamos una situación de estancamiento con tasas de crecimiento del 1%, insuficientes para crear empleo y reducir deudas, una situación muy parecida a la enfermedad japonesa, de deflación que se prolongue en el tiempo. Ciertamente como también ha dicho Marx, “no hay crisis permanentes”. Pero los problemas no afectan solo a Europa, también a Japón, cuya tasa de crecimiento para 2014 se espera que sea del 0,9%,a pesar de la puesta en práctica de las nuevas políticas calificadas como “ABenomics”, que no se diferencian mucho de las propuestas en Europa y a los Estados Unidos, cuya recuperación es mejor que la europea pero a pesar de todo “es decepcionante”, como ha dicho en Estocolmo el número dos de la Reserva Federal Americana, y se espera que crezca un 2,1% en este año.

Junto con el descenso relativo de las tasas de crecimiento en los emergentes, hacen que sea plausible situar un escenario mundial de una nueva recesión, probablemente más profunda que la gran recesión de 2008-9. No hay crisis permanentes, pero como también explicó Marx, para salir de la crisis hace falta una importante destrucción-desvalorización-de capital fijo, es decir planta y equipo, y si no la desaparición al menos una importante reducción del capital ficticio representado por las deudas y los famosos derivados o armas de destrucción masiva.

Pero todo parece indicar que ambos procesos están todavía totalmente inacabados y por tanto es posible que nos encontremos con el escenario de una nueva y más profunda recesión mundial dentro de dos o tres años, o quizás antes, algo muy difícil de predecir, que continúe la tarea de la desvalorización del capital necesaria para recuperar de manera suficiente la tasa de beneficios.

Esa espada de Damocles, esa amenaza de una nueva recesión, sigue estando presente en la economía mundial. En ese escenario no es posible descartar que la zona Euro se rompa y el euro desaparezca, un escenario en el que se incrementarían las contradicciones entre los países acreedores y los países deudores, incluso en el seno de estos países. Sin embargo no es la única posibilidad, y dependerá de circunstancias difíciles de predecir con anterioridad.

Incluso aunque Europa se decidiese al final por una política de estímulos fiscales, cosa muy poco probable, eso no necesariamente tendría que contribuir a la recuperación de la tasa de beneficios que podría dar lugar a un nuevo ciclo de más inversión, más empleo, más crecimiento y por tanto más renta disponible y más consumo. Contrariamente a lo que piensan los economistas neokeynesianos, los multiplicadores no funcionan tal como ellos piensan. Esto ha sido objetado por toda una serie de economistas marxistas, uno de ellos Michael Roberts, que explican claramente que “aumentar el consumo o fomentar la inversión, a través del incremento del gasto fiscal, en una economía capitalista, no es garantía de que esto produzca una etapa de recuperación económica (…) al contrario, incrementar el gasto fiscal en una depresión puede llevar a reducir todavía más las tasas de rentabilidad y por tanto profundizar la recesión.”

Incluso vemos también que aunque se recuperen las tasas de rentabilidad en general, en el caso de muchas empresas, éstas no dedican los beneficios así obtenidos a la nueva inversión productiva, sino que por el contrario los atesoran o bien los invierten en operaciones especulativas, por ejemplo la recompra de sus propias acciones, que contribuyen a subir el precio de las mismas, y a incrementar el capital ficticio, pero de poco sirven para fomentar una recuperación económica basada en nueva inversión productiva, creadora de empleo.

Por tanto la perspectiva a que se enfrentan los trabajadores y la mayoría de la población no solo en la zona Euro, sino en la gran mayoría de los países industrializados, es la continuación de las políticas de austeridad y recortes que reducen su salario y socaban su bienestar, aumentan las desigualdades y crean bolsas sangrantes de pobreza en los sectores más desfavorecidos y oprimidos.







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