Cultura

DOSSIER SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

A 70 años de los Juicios de Nüremberg

El autor de este artículo escrito en 1946*, a poco de desarrollarse los juicios a los altos mandos nazis denuncia claramente el carácter de clase del nazismo y demuestra estos juicios fueron un gran montaje de los imperialistas “democráticos” con la complicidad de la burocracia soviética para ocultar a los trabajadores su responsabilidad compartida en la masacre de millones de obreros.

Viernes 20 de noviembre de 2015 | Edición del día

NÜREMBERG: MUERTE A LOS CRIMINALES NAZIS

El juicio sirvió para encubrir la responsabilidad de los Aliados en la guerra

Bill Hunter [1]

El juicio de Nüremberg, que comenzó el 20 de noviembre de 1945 [2], ha terminado. Göering, Ribbentrop, Streicher y otros -dirigentes de la Alemania fascista, apoyados y alentados por los hombres de estado del bando aliado en su momento- han sido sentenciados a muerte o han recibido condenas a prisión de muchos años.

Pero Shacht, von Papen y Fritsche han sido liberados. Su culpabilidad, como la de los grandes banqueros de Alemania, no es menor que la culpabilidad de los otros gángsteres nazis.

Pero al igual que sus contrapartes en otros países, los industriales y los grandes banqueros que se beneficiaron de la guerra van a escapar de su justo merecido.

La batalla contra los obreros alemanes

El fascismo sistematiza y acentúa todas las brutalidades represivas y los horrores del capitalismo en decadencia. La clase dominante desesperada y arrinconada, utilizando todas las formas existentes de la basura humana, llega a extremos espantosos de bestialidad.

Todo eso era conocido por todos los trabajadores socialistas, mucho antes del juicio de Nüremberg pero el catálogo de las atrocidades nazis, torturas, la sistemática explotación de la mano de obra esclava hasta la muerte, han servido para subrayar este hecho.

La clase obrera del mundo no tiene, y mucho menos la de Alemania, ningún motivo para llorar por el destino de los dirigentes nazis. La declaración del general von Fritsch, citado como evidencia en Nüremberg, dejó claro que uno de los objetivos centrales de los nazis fue “ganar la batalla contra la clase obrera”.

Los obreros alemanes experimentaron ese objetivo en toda la línea, lo sufrieron en término de torturas y ejecuciones, la represión policial y los campos de concentración.

Lo sufrieron en la época en que los miembros de la clase dominante británica y norteamericana, que ahora hacen ostentación de su renovado amor por la democracia y de su profundo disgusto por las atrocidades nazis, podían ser hallados en los banquetes de Hitler, saludando a éste como una defensa contra el bolchevismo.

El objetivo real del juicio

Durante más de diez meses ha sesionado el juicio de Nüremberg. Ha sido el foco de atención de un puñado de juristas internacionales, y del interés gradualmente desvaneciente de la clase obrera.

El propósito declarado de esta demostración de talento legal, de la acumulación de evidencia, de las acusaciones y las contra-acusaciones, de la publicidad hecha en la prensa, en la radio y en las películas era castigar a los criminales responsables de la última carnicería mundial.

No obstante, está claro que la razón real de los juicios no se halla en su objetivo declarado. Está claro que los eventos que se sucedieron en la sala del juzgado de Nüremberg durante 300 días, fueron una actuación montada por aquellos que son igualmente culpables que los nazis, pero que intentan ocultar su culpabilidad mediante hipócritas denuncias contra sus bandidos amigos.

El balance de los seis años [de la Segunda Guerra Mundial] muestra un costo tremendo. Millones de vidas perdidas y destrozadas, de cuerpos y mentes rotos; y ahora en medio de la devastación de las economías, truenan los seguidores de la guerra: las pestes y las hambrunas.

Nüremberg fue un esfuerzo hecho por los Aliados para convencer a la clase obrera mundial que una vez que los dirigentes nazis paguen sus culpas, las cuentas quedarán saldadas.

Es un intento de desplazar la responsabilidad que comparten plenamente, sobre los hombros de los nazis.

Esta es la verdadera razón de [los juicios de] Nüremberg que justifica que llamemos al juicio en su conjunto una farsa, cien veces más farsesca que si Al Capone juzgara y condenara a Dillinger [3] por gangsterismo.

La hipocresía de los Aliados

Durante estos diez meses, mientras los jueces de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y la Unión Soviética tomaban nota de los abominables crímenes del nazismo, los acontecimientos mundiales mostraron la hipocresía de los Aliados acusadores. Incluso mientras las agresiones de los nazis estaban siendo registradas, el imperialismo británico estaba manteniendo un régimen de terror y opresión en Grecia, liquidando a los pueblos coloniales que luchan por su liberación, y bombardeando las aldeas de Indonesia.

El fiscal británico declamaba sobre la justicia. Mientras tanto, el doctor Kiesselbach, que según el Tribune del 6 de septiembre es un oponente declarado de la desnazificación, fue puesto por el imperialismo británico a cargo de la “Oficina Central de Justicia” alemana.

Mientras en la sala del juzgado resonaban las condenas contra la opresión y la discriminación racial nazi, la represión imperialista norteamericana estaba activa en Filipinas, y los linchamientos florecían en los Estados del sur [de Estados Unidos].

Los fiscales denunciaron los métodos de ocupación de los nazis. Aún así, incluso cuando el fiscal francés pronunciaba frases de indignación, los agentes del imperialismo francés estaban torturando a los nativos de Indochina y quemando sus aldeas.

Las miserias de la mano de obra esclava bajo los nazis eran relatadas a la corte al mismo tiempo que 10 millones de alemanes eran expulsados y deambulaban sin hogar como resultado de la política de expulsión de conjunto de la burocracia soviética. Considerando los acontecimientos mundiales que se sucedieron durante el juicio, ¿quién puede negar que en Nüremberg, el muerto se asustó del degollado, matándose todavía más al hacerlo?

Nuestras clases dominantes apoyaron a los nazis

A medida que transcurría el juicio, los crímenes de los nazis desde 1933 eran catalogados por la fiscalía. Que la clase dominante británica, francesa y norteamericana levantaron sus manos con horror frente a los preparativos de guerra de los nazis fue una hipocresía abierta que debe haber quedado evidente a todo obrero políticamente consciente.

Todo el movimiento obrero sabe –los hechos han sido repetidos desde miles de tribunas– que la clase dominante británica, francesa y norteamericana le dieron apoyo político, económico y moral a Hitler, contemplando a los bárbaros nazis como los salvadores de la civilización de la amenaza del bolchevismo.

Ayudaron a Hitler a fortalecerse cuando éste se apoderó de Austria y Checoslovaquia con el propósito de hacer la guerra contra la Unión Soviética. Goering los involucró por su rol en este período cuando declaró que “todos los gobiernos extranjeros habían reconocido al régimen de Hitler y todos los cuerpos diplomáticos venían a los actos en Nüremberg”.

Antes de la guerra, los monopolios químicos, del plástico, del petróleo, del caucho norteamericano ayudaron a sus contrapartes alemanas y se dividieron el mundo entre ellos. Esto quedó demostrado en una investigación antimonopólica llevada adelante por el gobierno en Estados Unidos. Gunter Reiman, en su libro Patentes para Hitler, revela que Sir Henri Deterding de Royal Dutch Shell (compañía petrolera) fue uno de los primeros en dar respaldo financiero a los nazis, y da la razón en que “él estaba interesado en descubrir a aquellas fuerzas que eliminarían de una vez para siempre los peligros de la revolución social o colonial”.

Esto resume la actitud de la clase dominante británica. Parte de las ganancias de Royal Dutch Shell, junto con un torrente de ayuda financiera y económica, fueron para apuntalar a Hitler como una barrera contra la revolución y para librar la guerra contra la Unión Soviética.

Fue sólo cuando se tornó evidente para la clase dominante de Gran Bretaña y de Estados Unidos que el imperialismo alemán había decidido medir sus fuerzas contra ellos primero, cuando pusieron fin a esta política. El crimen más grave de Hitler para ellos fue que éste los traicionara.

Los estalinistas también son culpables

La burocracia soviética también es culpable de ayudar a los nazis. El cínico desprecio de Stalin hacia la clase obrera mundial lo llevó al pacto con Hitler.
En violación del principio leninista de autodeterminación de todas las naciones, y de la diplomacia abierta, hizo un acuerdo secreto para dividir Europa oriental.
En el juicio se reveló que, en este pacto, Hitler y Stalin definieron sus esferas de influencia en Polonia, Finlandia, los países bálticos y Besarabia.

Stalin acordó no permitir que Turquía tomara una posición hostil activa, ni permitir el paso de buques de guerra franceses o británicos por los Dardanelos.
Podemos comentar de pasada que recientemente la propaganda soviética atacó a Turquía por permanecer neutral durante la guerra y por tomar justamente la misma posición que Stalin, en 1939, le había garantizado a Hitler que cumpliría.

Durante la Primera Guerra Mundial, Lenin se opuso férrea y coherentemente a la diplomacia secreta. Cuando los obreros y los campesinos rusos hicieron su revolución, los bolcheviques abrieron inmediatamente los archivos zaristas y publicaron los acuerdos internacionales secretos provocando la consternación del imperialismo mundial.

Que la burocracia estalinista sintió la misma consternación cuando le hicieron acordar de este pacto con los nazis quedó demostrado en Nüremberg cuando el fiscal soviético objetó que se lo tomara a éste como evidencia, ya que “la corte estaba investigando el caso de los principales criminales de guerra alemanes y no la política exterior de los Aliados”.

El acuerdo secreto dividió a Europa oriental y la burocracia soviética de este modo estuvo de acuerdo encubiertamente con la invasión de Polonia por parte del imperialismo nazi. En Nüremberg, los nazis irónicamente mostraron evidencias para justificar esta invasión citando el telegrama de aprobación que Stalin le envió a Ribbentrop cuando el pacto [Molotov-Ribbentrop] fue firmado.

“La amistad entre Alemania y la Unión Soviética está basada en la sangre derramada en común y tiene todas las perspectivas de ser duradera y constante”. Más tarde en 1939, Molotov hablaría de la amistad permanente con Alemania y atacaría duramente el bloqueo británico contra ella por violar la ley internacional.

“Le daré la mano a Stalin”: Hitler

Hoy en día, es a los nazis a quienes la burocracia soviética acusa de violar la ley internacional. No obstante, fue con estos mismos nazis con quienes los contrarrevolucionarios del Kremlin negociaron su acuerdo secreto el 22 de agosto de 1939.

Hitler habló a sus comandantes, afirmando: “Nuestra posición económica es tal a causa de nuestras restricciones que no podemos esperar más que unos pocos años”. Luego declaró triunfalmente: “Dentro de unas pocas semanas le daré la mano a Stalin, y emprenderé con él una nueva distribución del mundo”.

Se oculta la evidencia comprometedora

Si todos los criminales de guerra hubieran sido llevados a juicio en Nüremberg, los acusadores y los acusados por igual hubieran estado en el banquillo de los acusados. En su discurso de cierre, el general Rudenko, con una hipocresía casi lírica, declaró que en el campo de batalla los Aliados “habían determinado el sublime y noble principio de la cooperación internacional, la moralidad de la humanidad y las reglas humanas de la comunidad social”. Los trapos sucios sacados al sol, las recriminaciones en esa nueva cueva de bandidos llamada Organización de las Naciones Unidas [ONU], que fueron el telón de fondo continuo del juicio, desmentían esta declaración incluso cuando estaba siendo pronunciada.

El tribunal de Nüremberg mantuvo un curso cauteloso, haciendo todo lo posible para evitar que cualquier eco de las discusiones en la ONU entrara en la sala del juzgado. Al mismo tiempo, se mantuvo alerta por si surgían revelaciones comprometedoras para aquellos que están en los altos puestos de Inglaterra, Estados Unidos y la Unión Soviética.

Los contenidos del pacto germano-soviético fueron rechazados como evidencia. Al mismo tiempo una declaración acerca de las relaciones de Rosenberg [4] con el (imperio) de la prensa de Hearst5 y sus comunicaciones con la clase dominante de Gran Bretaña fueron descartadas como irrelevantes.

El propósito de Nüremberg: lavarle la cara a los Aliados

Es evidente que, durante los diez meses de Nüremberg, no hubo ningún intento real de investigar hasta el final a los culpables de los monstruosos crímenes contra la clase obrera, que es lo que los últimos seis años de carnicería representan.

¿Cómo podía hacerlo si aquellos responsables de la condena eran tan culpables como los condenados? No se suponía que los juicios de Nüremberg iban a crear las bases para la paz futura. Su propósito era lavarle la cara a los criminales Aliados.

Aún así, los obreros pueden aprender de Nüremberg. De la larga cadena de crímenes y atrocidades del fascismo pueden aprender que no hay ninguna brutalidad u horror en la cual el capitalismo no caerá con tal de defender su decadente sistema.

Y que ningún trabajador crea que esas brutalidades no podrían haber ocurrido aquí [en Inglaterra]. El fino manto de la civilización capitalista desaparece pronto en un Estado capitalista desesperado que trata de hallar una salida aplastando a la clase obrera.

Debemos aprender también que la genuina lucha contra los criminales de guerra es una lucha contra el imperialismo en todo el mundo, y contra la burocracia soviética contrarrevolucionaria.

Como criminales de guerra, responsables del sufrimiento de millones de obreros del mundo, debemos condenar no sólo a los nazis y a la clase dominante de Alemania, sino a los terratenientes, financistas, monopolistas y a sus políticos, que dominan las naciones capitalistas Aliadas, y con ellos a la burocracia en control de la Unión Soviética.

Notas:

*Artículo publicado por la Fracción Trotkista (EI) en Estrategia Internacional N° 11/12, abril/mayo de 1999.

1. Bill Hunter (1920-2015) escribió este artículo siendo dirigente del británico Partido Comunista Revolucionario (Revolutionary Comunist Party-RCP). En 1946 el RCP era la sección oficial británica de la Cuarta Internacional. Fue publicado en el periódico Socialist Appeal en octubre de 1946, reimpreso en Workers Press el 13 de enero de 1996 extraído de los archivos electrónicos de Revolutionary History y traducido para esta revista. A pesar de ser escrito en 1946, este artículo es un importante aporte frente al debate que aún continua en el movimiento trotskista acerca del carácter de la Segunda Guerra Mundial.
2. Los juicios de Nüremberg finalizaron el 1 de octubre de 1946. Fueron presididos por Sir Geoffrey Lawrence (Gran Bretaña) y su tribunal conformado por miembros de EEUU, URSS, Inglaterra y Francia. Su veredicto condenó a la pena de muerte a Göering, Ribbentrop, Kaltenbrunner, Keisel, Rosenberg, Brunann, Frank, etc. y absolvió a von Pappen, Schacht y Fritsche.
3. Dillinger fue un famoso asaltante de bancos norteamericano.
4. Colaborador político de Hitler.
5. Magnate de la prensa y los medios norteamericanos.

Traducción: Mario Larrea



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