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A 50 años del Tucumanazo, un hito de la insurgencia obrera y popular

Fue uno de los grandes hitos del ascenso revolucionario que se abrió con el Cordobazo en 1969. Durante los días que van desde el 10 al 13 de noviembre se libraron combates callejeros desde las barricadas frente a la represión de la dictadura de Roberto Levingston.

Maximiliano Olivera

@maxiolivera77

Martes 10 de noviembre | 23:20

Se cumplen 50 años del Tucumanazo, cuando obreros y estudiantes protagonizaron uno de los grandes hitos del ascenso revolucionario que se abrió en Argentina con el Cordobazo en 1969. Durante los días que van desde el 10 al 13 de noviembre se libraron combates callejeros desde las barricadas frente a la represión de la dictadura de Roberto Levingston.

A nivel mundial, la época se sacudía con el Mayo Francés y las movilizaciones contra la guerra de Vietnam; sobre nuestro continente aún estaban frescas las movilizaciones y la masacre de Tlatelolco, mientras aún se proyectaba la influencia del triunfo de la revolución cubana. Además de estos hechos, los obreros y estudiantes tucumanos estuvieron marcados por las luchas de los años previos.

De la lucha contra los cierres de los ingenios al Mayo del 69

Con el golpe de 1966 que llevó a Juan Carlos Onganía al frente de la dictadura de la “Revolución Argentina”, la clase obrera tucumana recibió un duro golpe con el cierre de 11 de los 27 ingenios azucareros en la provincia. A partir de ese ataque se abrió un proceso de lucha para los gremios de la FOTIA durante dos años, sobre todo a partir de los pueblos donde se encontraban los ingenios. En una de las represiones fue asesinada Hilda Guerrero de Molina. Este proceso de lucha terminó con una derrota, donde el “Operativo Tucumán” de la dictadura obligó a migrar a 200.000 tucumanos, cerca de un tercio de la población, y dejó en la desocupación y la miseria a otros 50.000.

En simultáneo, la dictadura de Onganía intervino las universidades nacionales, lo que derivó en una serie de protestas por parte de los estudiantes. Este proceso de respuestas contra la dictadura llevaron a que los estudiantes también sean presas de la represión, lo que despertaba una solidaridad popular. Por las acciones que desplegaron ante el cierre de los ingenios, y por la represión también sufrida, el movimiento estudiantil comienza a confluir con el movimiento obrero, en acciones conjuntas y de solidaridad. Esta alianza obrero-estudiantil tendrá nuevos episodios de lucha durante 1969.

Unas de las movilizaciones contra el cierre de los ingenios.

Desde el inicio de 1969, las protestas comienzan en los pueblos azucareros. En Villa Quinteros, unas 1000 personas se enfrentaron a la represión durante marzo y en abril protagonizaron una pueblada ante la intención de desmantelar lo que quedaba del ingenio San Ramón. Solo una feroz represión, y una ocupación policial posterior, pudo aplacar el movimiento en Villa Quinteros aunque el estado de protesta continuó en la provincia [1].

Con esos ánimos inició mayo, a la espera del paro convocado por las dos CGT para el 30 de ese mes. A mitad del mes, los trabajadores del ex ingenio Amalia tomaron la fábrica ante su intento de desmantelamiento y los del San José se movilizaban. Por otra parte la protesta estudiantil en las calles creció tras el asesinato del universitario Juan José Cabral en Corrientes. Las protestas sucesivas durante aquellos días llevó al gobernador Roberto Avellaneda a solicitar la presencia de Gendarmería. Con el Cordobazo ya iniciado, el paro general del 30 se cumplió casi en su totalidad, con importantes enfrentamientos entre los huelguistas y las fuerzas represivas en la Capital, Tafí Viejo y la Banda del Río Salí. Los azucareros y ferroviarios encabezaron los enfrentamientos, a los que se plegaron los estudiantes y la población en general. Así como el gobierno de Onganía quedó debilitado, lo mismo sucedió con Avellaneda, quien renunció a principios de junio.

Luchas obreras en 1970

A fines de 1969, en la textil Escalada, ubicada en Los Ralos, la patronal despidió a un dirigente gremial y redobló la apuesta ante la protesta despidiendo a otros 60 trabajadores. Esta pelea articuló el apoyo de los vecinos y de los estudiantes en la capital, aunque la firma Lamuraglia decidió cerrar la fábrica. La respuesta obrera fue tomar el establecimiento, el 14 de enero de 1970, y fueron desalojados por 300 efectivos policiales. “La ocupación de aquella empresa textil podría constituir un detonante capaz de rebasar los límites de la provincia al estilo de los hechos de mayo de 1969”, reflejó La Gaceta sobre las preocupaciones en la Casa Rosada.

Con la asunción de Levingston al frente de la dictadura, el 18 de junio, en Tucumán asumió como interventor Jorge Rafael Videla, en ese entonces coronel y jefe de la V Brigada. En esas semanas una serie de conflictos obreros tuvieron lugar en diferentes establecimientos y sectores, trazando un mapa de alta conflictividad. “A mediados de junio, los obreros tomaron el ingenio La Providencia. A principios de julio, ciento veinte familias obreras ocuparon las colonias del ingenio San Juan, mientras la Maderera Lules era tomada por sus obreros que exigían el pago de sus salarios. Una de sus reivindicaciones más destacadas era el reclamo de ‘la explotación de la fábrica para que la misma sea explotada con participación de los trabajadores’”, resume la investigadora Silvia Nassif [2].

Otro foco fue el protagonizado por los gremios docentes ATEP y AGET que fueron al paro por aumentos de salarios y cuestiones vinculadas al estado de las escuelas. A través de un mensaje televisado, Videla intimó a los docentes a que se reintegren pero la huelga continuó durante 20 días, entre el 10 de agosto y el 3 de septiembre. Con movilizaciones también en las ciudades del interior, cosechó un amplio apoyo de otros gremios y el movimiento estudiantil, llegando a un triunfo parcial [3].

Durante octubre los conflictos se intensificaron a pesar de que el nuevo gobernador Carlos Imbaud buscaba aplacar los ánimos con discursos de diálogo. En los ingenios San Juan y Bella Vista protestaron contra las posibilidades de cierre, pidiendo el traslado de la fábrica y tierras a Conasa (Compañía Azucarera Nacional Sociedad Anónima). Con ese reclamo iniciaron una caravana el 9 de octubre hasta San Salvador de Jujuy para entrevistarse con Levingston.

El 22 de octubre, la CGT Azopardo llamó a un paro general que en Tucumán fue acatado, produciéndose también una movilización por parte de los sectores que estaban ligados a lo que fue la CGT de los Argentinos. Al día siguiente, unos 500 trabajadores del ingenio San Juan y sus familiares tomaron la fábrica insistiendo en el traspaso a CONASA o bien en la expropiación y entrega a cooperativas obreras.

El 29 de octubre comienzan tres conflictos simultáneos. En el ingenio San Pablo 500 obreros tomaron las instalaciones en reclamo por sueldos atrasados y la incertidumbre por el futuro de la fábrica. Lo mismo hicieron los trabajadores en las colonias del ex ingenio Santa Lucía ante un reclamo similar. Coincidiendo con un paro nacional en el sector, los trabajadores no docentes de la Universidad Nacional de Tucumán iniciaron un paro de cinco días por la sanción de un escalón único y la renuncia del rector Rafael Paz.

Ya en noviembre hay que agregar la toma de un día en el ingenio Marapa en Alberdi por salarios adeudados, el reclamo por aumentos en judiciales y en la docencia universitaria. A nivel nacional, la CGT ya había convocado a un paro nacional de 36 horas para los días 12 y 13 de noviembre.

El movimiento estudiantil y la defensa del comedor

Una de las jornadas en defensa del comedor universitario con ollas populares en la calle.

Por su peso en la región del NOA y por una gimnasia en las luchas callejeras, el movimiento estudiantil tucumano es considerado uno de los más importantes en este período [4]. En ese entonces en la UNT habían 10.180 estudiantes, de los cuales el 47 % provenía de las provincias vecinas o del interior tucumano y un 30 % de los inscriptos aspiraba a utilizar el comedor [5]. Con estas cifras se puede entender la importancia que tenía el comedor estudiantil para la continuidad de los estudios.

Los planes “racionalizadores” de la dictadura con recortes presupuestarios alertaron al estudiantado que comenzó un proceso de politización y organización en torno al comedor, que llevó a poner en pie a la Comisión del Comedor, tomando reivindicaciones desde el cupo a las condiciones de sus trabajadores. La primera manifestación callejera fue el 3 de noviembre, confluyendo con el paro de los trabajadores no docentes ya mencionado. Tras días sucesivos de protestas, será en torno al comedor donde comienza el Tucumanazo.

La chispa que enciende el Tucumanazo

Una de las tantas barricadas que se levantaron cuadra a cuadra. Según el momento, se estima que se ocuparon entre 60 y 90 cuadras con barricadas.

Cerca del mediodía del martes 10 de noviembre, los estudiantes organizaron una serie de cortes con sentadas en las calles céntricas en torno al comedor. Sin mediar más que minutos, la Policía avanzó con un carro hidrante que estrenaba, disparando gases y deteniendo manifestantes. Atrincherados en el edificio del comedor, los estudiantes resolvieron armas nuevas barricadas. Así comenzó el Tucumanazo.

Las barricadas se construyeron con elementos que los vecinos de cada cuadra acercaban. El investigador Emilio Crenzel estima que durante aquellos días hubo entre 15.000 y 20.000 manifestantes [6], con un radio de 60 y 90 cuadras ocupadas según diferentes momentos.

La primera jornada terminó con unas 2000 personas superando a la policía y rodeando la Casa de Gobierno, donde se disponía la llegada de efectivos de Gendarmería y la Policía Federal. El refuerzo represivo no impidió que al día siguiente, miércoles 11, continuarán los enfrentamientos y los manifestantes tengan bajo su control un amplio sector de manzanas. Adelantándose al paro, las fuerzas represivas allanaron el local de la FOTIA y detuvieron a varias personas, por lo que la zona de ocupación con barricadas también se trasladó a ese radio, llegando a un total de 63 manzanas. Imbaud tuvo que pactar una tregua y literalmente bajar a las escalinatas de Casa de Gobierno para iniciar una negociación, aceptando la premisa de los manifestantes de “cuadra tomada, cuadra defendida” y liberando a un sector de los detenidos.

Tapa de La Gaceta reflejando el episodio donde Imbaud tuvo que negociar personalmente. Un activista, el Trosco Salvatierra, le arrebató el papel con la lista de los detenidos.

Al mediodía del día siguiente, jueves 12 se inició el paro nacional convocado por la CGT. Mientras que el promedio nacional fue de un acatamiento del 80 %, en Tucumán fue del 94 %. Pararon la FOTIA, FEIA, ATEP, ATE, SOEME, bancarios, metalúrgicos, ferroviarios, mecánicos, construcción, municipales, entre otros sectores, con dos días sin transporte ni comercio. Además adhirió la Comisión Intersindical de los ingenios cerrados y las protestas también se desarrollaron en el interior, especialmente en Tafí Viejo y Concepción.

Con la alianza obrero-estudiantil en las calles, los enfrentamientos tuvieron una destacada participación del sector más combativo del movimiento obrero. Para la tarde ya intervino el Regimiento de Infantería de Monte 28 de Tartagal y del Grupo V de Artillería de Jujuy, ambos pertenecientes al Ejército, y los refuerzos de la Policía Federal. Al mando de la Quinta Brigada, el coronel Jorge Rafael Videla dirigió la represión coordinada por el Ejército durante esos cuatro días [7]. Este despliegue logró replegar a los manifestantes durante el final de la jornada pero sólo por unas horas.

La represión al Tucumanazo fue un operativo conjunto entre la policía provincial y Federal, Gendarmería y el Ejército. Este operativo fue coordinado por Jorge Rafael Videla.

El viernes 13 de noviembre se desarrollaron los enfrentamientos más duros, donde los epicentros de las más de 60 manzanas ocupadas fueron la sede de FOTIA, la plazoleta Dorrego y la zona Villa Alem-San Cayetano. Los duros enfrentamientos robustecieron el apoyo de los vecinos pero la represión avanzó con ferocidad, con heridos, centenares de detenidos y allanamientos casa por casa, tirando gases dentro de ellas e incluso quemando viviendas precarias. Finalmente, el Gobierno logró recuperar el control de la ciudad. Por temor a un rebrote, todas las fuerzas federales desplegadas permanecieron en la provincia. Los paros y las protestas continuaron en diferentes sectores durante noviembre y diciembre. Como uno de los coletazos del Tucumanazo, Imbaud debió renunciar, igual suerte corrió el rector Paz.

Recuerdos para el futuro

Como señalamos más arriba, el Tucumanazo fue un hito en un periodo de ascenso revolucionario de la clase obrera, con aliados como el movimiento estudiantil. Por los grados de movilización de masas y de los enfrentamientos con las fuerzas represivas, fue uno de los hechos de la lucha de clases que agudizó la crisis de la clase dominante. Con el régimen de la “Revolución Argentina” agotado, meses después la solución burguesa fue apelar a un desvío electoral y al regreso del propio Perón, que encarnaba la conciliación de clases.

La clase obrera tucumana continúo dando peleas desde sus diferentes sectores o de una manera más conjunta como fue la huelga azucarera de 1974, donde las bases superaron a la conducción peronista. El movimiento estudiantil también continuará en las calles, protagonizando el Quintazo en 1972. Esta combatividad y radicalización llevó a que Tucumán sea uno de los epicentros de la represión a partir de 1975, con el gobierno de Isabel Perón decretando la ocupación militar con el Operativo Independencia.

La inmersa actividad de las masas -con una potencia revolucionaria enorme cómo demostró en los ‘azos’ o en las jornadas de junio y julio de 1975-, no pudo resolver un límite. Ni antes ni durante el ascenso revolucionario, la clase trabajadora pudo construir una organización política propia, independiente, capaz de plantearse una disputa efectiva por el poder.

A pesar de los pataleos de un editorialista de La Nación, que habla de una “una peligrosa setentización” a raíz de Guernica, la lucha de clases sigue siendo el motor de la Historia. Aprender de las potencialidades y los límites de hechos como el Tucumanazo es fundamental para preparar los combates del porvenir.



[1Sobre este episodio puede leerse el trabajo de Kotler, Rubén, “Villa Quinteros se rebela: el Tucumanazo de 1969 y la lucha contra el cierre de los ingenios” en Historia, Voces y Memorias, Buenos Aires: Programa de Historia Oral de la Universidad de Buenos Aires, n° 4, p. 171, 2012.

[2Nassif, Silvia, Tucumanazos: una huella histórica de luchas populares: 1969-1972, Facultad de Filosofía y Letras-Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, 2012, pág. 195.

[3Ramos Ramírez, Antonio, ATEP: de la escuela a las calles. Construcción y transformaciones del sindicalismo docente tucumano, 1949-1976, Tesis doctoral, Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, 2015, p. 236-240.

[4Además del universitario, el movimiento estudiantil secundario también adquirió importancia a la hora de revitalizar al estudiantado en general. Luego de una participación destacada en mayo de 1969, en 1970 protagonizarán dos hechos importantes contra las sanciones en el Gymnasium y la Escuela de Comercio N° 1. Ver Olivera, Maximiliano, “Apuntes sobre la historia del movimiento estudiantil secundario en Tucumán”, La Izquierda Diario, 19/09/20.

[5Pucci, Roberto, Historia de la destrucción de una provincia. Tucumán 1966, Ediciones del Pago Chico, Buenos Aires, 2007, p. 299.

[6Crenzel, Emilio, El Tucumanazo, tomo II, CEAL, Buenos Aires, 1991, p. 143.

[7Al frente de la Policía Federal estaba el comisario Alberto Villar, quien en 1974 fue ascendido a subjefe de la Policía Federal por pedido de Perón, siendo uno de los verdugos de laTriple A.







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