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Red Internacional

Este 27 de abril se cumplen 43 años del primer general paro convocado por sectores de la CGT ante el creciente malestar obrero ante la crisis económica y el gobierno militar.

Miércoles 27 de abril | 11:08

La dictadura cívica militar instaurada el 24 de marzo de 1976 se había ensañado especialmente con la clase trabajadora, que venía de un proceso de luchas inauguradas con el Cordobazo. Esa madrugada los grandes centros industriales amanecieron tomados por el Ejército, que comenzó una cacería con la colaboración de muchos gerentes de Recursos Humanos.

La represión sería, como conocemos, muy dura. Sobre todo al activismo combativo y la izquierda, a los delegados de base. En 1976 la CGT es intervenida, así como muchos sindicatos. La burocracia sindical se divide en distintos sectores: quienes son más abiertamente colaboracionistas con la dictadura, nucleados en la Comisión Nacional del Trabajo dirigida por Baldassini (Correos), Triacca y otros dirigentes, y la "Comisión de los 25" formada por varios sindicatos cuyo principal referente sería Saúl Ubaldini.

Pero lo más importante era lo que pasaba “por abajo”. La conflictividad obrera había comenzado a aumentar en 1977. Al finalizar 1978 se registraron más de 1.300 conflictos obreros. Eran una respuesta a las políticas económicas del gobierno militar, en momentos donde avanzaba una nueva crisis capitalista y las patronales se endurecían. El salario real había caído brutalmente, se habían atacado la Ley de Contrato de Trabajo, así como otras conquistas de los convenios firmados años antes, entre ellos cláusulas que reducían la jornada laboral.

En los primeros diez meses de 1979, según los conflictos registrados en medios de prensa, las medidas de fuerza dejaban un saldo de más de 500.000 días/hombre de paros.

La resistencia obrera a la dictadura, a pesar del rol de las cúpulas sindicales y la brutal represión, iba creciendo al calor de la crisis. Cuenta el historiador Pablo Pozzi que “dentro de este panorama se ubica la Jornada Nacional de Protesta del 27 de abril de 1979. La extensión real de la misma no se ha medido con justeza. El comité de huelga clandestino, organizado por la Comisión de los 25, estimó que el 75% de los trabajadores habían acatado la medida. En general se admite que esa cifra está bastante inflada y que el porcentaje se acerca más al 40%. De todas maneras, si bien la huelga no logró detener al país, si logró alterar sustancialmente la normalidad en el cinturón industrial del Gran Buenos Aires y de las principales ciudades del interior. La importancia de la medida no se debe tanto al número de obreros que hayan o no acatado el paro, sino más bien al hecho de que éste fue llamado por un sector de la burocracia sindical, demostrando en concreto la presión que ésta sentía para tomar medidas más combativas respecto del régimen”.

Ese día, el cordón industrial de Buenos Aires y los principales centros del interior fueron paralizados o al menos afectados por las medidas. Zonas estratégicas como la de Henry Fordy Panamericana, empresas que había visto desaparecer sus delegados como Celulosa Argentina, Chrysler, Mercedes Benz, Peugeot, La Cantábrica, plantas y talleres de la Zona Sur del Gran Buenos Aires, también de La Matanza, Morón y Moreno(Oeste), de La Plata, Ensenada y Berisso, así como en el interior en zonas de Córdoba y Santa Fe. No funcionaron los trenes Roca, el Mitre y el Sarmiento.

Los militares evitaron otros paros, rodeando las asambleas que se realizaban espontáneamente en muchas fábricas y empresas. Los medios intentaban ocultar o quitarle trascendencia a la medida. La DIPPBA, que se ocupaba del espionaje por parte de la Policía Bonaerense, elaboró un legajo de dos tomos con más de 600 fojas, que incluye todos los preparativos de la jornada, las detenciones y también repercusiones.

A pesar de todo eso, sería un pronunciamiento contra la dictadura y las patronales. La crisis capitalista internacional y sus repercusiones en Argentina continuarían. Las medidas de fuerza también. Se multiplicarían los paros por fábrica y se afianzaría un sector de la CGT que buscaría canalizar ese descontento, que luego se llamaría CGT Brasil. La dictadura, y antes la Triple A del gobierno peronista, había atacado duramente no solo a la guerrilla sino fundamentalmente al activismo obrero que había conmocionado el país los años previos, hasta poner en pie coordinadoras interfabriles y realizar huelgas generales contra el gobierno peronista.

Llegaría luego la huelga general de 1981 y las movilizaciones que se extienden a otros sectores populares, con las clases medias que empiezan a pasarse a la oposición al golpe. En ese marco llegaría el 30 de marzo de 1982. Ese día se realizó una enorme marcha que intentó llegar desde la avenida 9 de Julio hasta la Plaza de Mayo al grito de “¡Se va a acabar, se va acabar, la dictadura militar!, ¡luche y se van!”.

Semanas después comenzaría la Guerra de Malvinas y luego la derrota en manos del imperialismo. Como contamos acá, el régimen herido de muerte pudo amortiguar su caída gracias al aire que le dio la Multipartidaria (formada por el PJ, la UCR hasta el Partido Comunista) que negoció el llamado a elecciones nacionales un año después.




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