Juventud

APUNTES MILITANTES II

A 15 años del 2001, tareas para la juventud que se propone transformarlo todo

A días de un nuevo aniversario de las jornadas revolucionarias que tiraron abajo al gobierno de De La Rúa, en el mismo mes del primer año del gobierno de Macri. El desafío de fortalecer la unidad de la juventud con los trabajadores y las fábricas bajo control obrero como punto de apoyo para enfrentar al macrismo.

Sofía Achigar

@SofiaAchigar

Sábado 17 de diciembre de 2016 | 10:41

En un artículo anterior decíamos que los ataques del macrismo, atravesados por la situación que se abre en el mundo con el triunfo de Trump en EE.UU y los debates reabiertos sobre qué es la revolución tras la muerte de Fidel Castro, nos obligan a reflexionar qué tareas tenemos por delante como juventud, para desarrollar una Izquierda de los trabajadores que llegue preparada de la mejor manera a las próximas luchas. Ante un nuevo aniversario del 2001, tomamos esas jornadas como punto de partida para sacar algunas conclusiones.

El 2001

El gobierno de De La Rúa quería cristalizar todas las reformas neoliberales que había aplicado el menemismo. El “Que se vayan todos” sintetizaba el odio a la casta política de hombres y mujeres que se paseaban en Ferrari y daban discursos de esperanza, mientras la desocupación llegaba al 25 % y la pobreza alcanzaba a la mitad de la población. En los barrios saqueos, en los centros urbanos las cacerolas, en las rutas los piquetes. El gobierno de la Alianza reprimió brutalmente. De las 38 personas asesinadas en esas jornadas, 25 tenían menos de 25 años. Las organizaciones obreras en manos de la burocracia sindical le dieron la espalda al movimiento para contener la situación política y que ésta continuara en manos de los partidos tradicionales, como efectivamente sucedió.

Los poderes Ejecutivo y legislativos, la justicia, las fuerzas represivas, todas las instituciones del Estado capitalista argentino estaban desprestigiadas, por eso el kirchnerismo para gobernar tuvo que desviar la bronca obrera y popular que venía de años y explotó en diciembre. El peronismo, esta vez disfrazado en un espacio político con discurso progresista, pudo largar una batería de medidas que ayudaron a recomponer el régimen -viento de cola de la economía mundial a favor mediante-, como salida burguesa al 2001.

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Intervenciones en la crisis y lo que vino después

Si bien el movimiento estudiantil jugó un rol destacado en la lucha contra la Ley de Educación Superior (LES), fue la emergencia de diferentes movimientos sociales, que hacia el final de los 90 renovaron la militancia juvenil de resistencia al legado neoliberal, y se desarrollaron distintas estrategias de intervención frente a la crisis abierta.

Por un lado, la corriente del llamado "autonomismo", inspirado en el intelectual Toni Negri, ganó terreno en los ámbitos de la intelectualidad y universitarios. Su concepción declamaba la necesidad de una trasformación social encarada por parte de los sectores oprimidos en general, (una especie de “suma” de los movimientos sociales) diluyendo a la clase trabajadora como un sujeto más entre otros, que habría de conseguirse sin plantear una verdadera lucha por el poder real, es decir sin disputarle el poder a los capitalistas.

Por otro lado, muchas organizaciones de centroizquierda y de izquierda, como por ejemplo el Partido Obrero, intervinieron en el movimiento de desocupados impulsando las “colaterales piqueteras”. Definieron un nuevo “sujeto piquetero" cediendo a esas nuevas teorías de suma de movimientos separados de la clase obrera ocupada. Así, la justa exigencia de subsidios, la transformaron en una práctica viciada por un estrecho vínculo con el Estado administrando los planes sociales que debían administrar los propios desocupados y no las organizaciones políticas. Al clientelismo propio de partidos como el PJ, el PO no le opuso una práctica opuesta por el vértice de autoorganización del movimiento piquetero con libertad de tendencias políticas. Esto significó no dar respuesta a una de las grandes tareas del momento: unir la creciente brecha que había profundizado la década del 90` entre ocupados y desocupados en una alternativa independiente de los empresarios. Así, muchos de esos movimientos se fueron desintegrando sin jugar luego un nuevo rol en la clase obrera ocupada con la recomposición económica, otros empezaron a ser absorbidos por el Estado durante los 12 años de kirchnerismo.

La recuperación de Centros y Federaciones estudiantiles, ante la debacle de la Franja Morada atada al radicalismo, por parte del PO en alianza con el MST y el PCR, puso esta orientación como agenda del movimiento estudiantil (teniendo como principal exponente a la “FUBA piquetera”). Aunque conducida por organizaciones de izquierda con otra orientación, la práctica política también se adaptó a la de sus antecesores. La lógica con la que se propusieron “dirigir” esas organizaciones de masas de los estudiantes no fue un quiebre respecto de los métodos de la Franja Morada: militantes rentados en los espacios de gestión, administración de fotocopiadoras y bares, y una negativa por más de 10 años a refundar la FUBA con un proceso estatuyente que ponga en el centro la auto organización y una nueva tradición de izquierda en el movimiento estudiantil. Un gran debate existe entre nuestras juventudes alrededor de estos puntos. No se trata sólo de un balance que comenzó en 2001, sino de prácticas que siguen vigentes, y qué tareas tenemos por delante en la perspectiva de que los estudiantes sean un actor aliado de la clase trabajadora frente a los próximos escenarios de la lucha de clases.

Tanto en el “movimiento piquetero”, como dentro de las organizaciones del movimiento estudiantil, lo que primó en estas corrientes fue intentar suplantar con maniobras políticas y acuerdos “por arriba”, lo que solo se podía conseguir con la fuerza de obreros y estudiantes organizados “por abajo”, como las asambleas interfacultades que propusimos desde la Juventud del PTS que tuvieron gran masividad en varios conflictos como el del 2005. Al mismo tiempo, estuvo ausente la perspectiva fundamental de crear una alternativa política independiente de los trabajadores para dar peleas decisivas ante las variables capitalistas en esos momentos de crisis.

De nuestra parte apostamos a otra política en el 2001. Para hacer realidad la consigna de "que se vayan" todos y dar respuesta al problema de la hiperdesocupación y la confiscación de los ahorros de las clases medias en el "corralito" era necesaria la fuerza social de los grandes sectores estratégicos de la clase obrera que la burocracia sindical, después de haberle hecho paros a De la Rúa, mantenía pasiva cuando más era necesaria.

En la crisis pusimos grandes esfuerzos en el proceso de las fábricas ocupadas, de las cuales Zanon y Brukman fueron sus referencias más de izquierda en un proceso que aglutinaba a más de 200 empresas y que tenían el enorme valor de demostrar que los trabajadores tenían otra salida ante los cierres y los despidos, defendiendo sus puestos de trabajo. A la vez que exigían una salida de fondo que era la estatización bajo control obrero de sus empresas, planteaban para enfrentar la crisis la necesidad de la unidad entre trabajadores ocupados, desocupados, asambleas populares y el movimiento estudiantil. La Coordinadora del Alto Valle fue un gran ejemplo en este sentido.

Celia Martínez de Brukman sintetizó en una frase una de las principales conclusiones que se desprendían de esa experiencia: "si los obreros podemos dirigir una fábrica, podemos dirigir el país", mostrando la posibilidad y la necesidad de un gobierno de los trabajadores, el único que podía dar una salida a la crisis que fuera pagada por los capitalistas mientras millones se sumergían en la pobreza. Esta lucha iba de la mano de la apuesta de construir un gran partido revolucionario de los trabajadores para pelear por esa perspectiva.

Si bien los partidos de la burguesía, después del asesinato de Maxi y Darío en el Puente Pueyrredón y la ayuda de la burocracia sindical, lograron contener la situación antes de que entraran en escena los sectores más fuertes de la clase obrera, las grandes experiencias de Zanon y Brukman fueron fundamentales en los años siguientes para el desarrollo de lo que se llamó sindicalismo de base, que luchaba contra las patronales y la burocracia sindical para recuperar lo perdido en la crisis. Hoy, de cara a los miles de despidos, estas experiencias vuelven a cobrar una enorme importancia, y es un punto de apoyo al que sumamos el haber convertido estas lecciones en una una práctica política durante todos los años en que el kirchnerismo -y también sectores de la intelectualidad-, apostaron a relegitimar las instituciones del Estado y volver a ponerlo como supuesto garante de la verdadera inclusión social. A eso nos queremos referir.

Zanon y MadyGraf: que las crisis las paguen los capitalistas

Después de 15 años, Zanon sigue de pie y marcando el camino. Estos trabajadores se encargaron de mostrar que no hacían falta los patrones, y nos enseñaron que ninguna fábrica bajo control obrero puede sobrevivir sola: ellos suelen decir que su fábrica "es una trinchera de lucha”, pero que “no se puede vivir siempre en las trincheras”, sino que se debe hacer de cada lucha una escuela para todos los que queremos cambiar este sistema y poder llegar mejor preparados a las luchas que vienen, y sobre todo cómo llegamos a situaciones más convulsivas para vencer a los capitalistas y sus gobiernos.

Y allí estuvieron los ceramistas cuando en la ex Donnelley la patronal imperialista decidió abandonar la fábrica en 2014 y los trabajadores la empezaron a gestionar, o acompañando a la comunidad mapuche en reclamo de sus tierras y a ser reconocidos como pueblo contra la Chevron. Actualmente vuelven a estar a la cabeza de la pelea contra el tarifazo que afecta crudamente a los trabajadores de las gestiones obreras. Las experiencias al sur del país y desde MadyGraf en el corazón del cordón industrial más importante del país, son puntos de apoyo para el conjunto de la clase obrera.

Hay una clase trabajadora que no carga con la derrota de las décadas pasadas, y que durante el kirchnerismo dio varias muestras de estar dispuesta a organizarse, contra la burocracia sindical, contra los patrones, con los estudiantes y otros trabajadores como mostraron conflictos como el Subte, Kraft, Lear, el Garrahan.

Movilicémonos el 20 de diciembre con las banderas de Zanon y MadyGraf

A diferencia del 2001, actualmente venimos del gran acto del Frente de Izquierda en Atlanta, que se viene transformando en una gran referencia política. Hemos conquistado un lugar en la escena nacional, con importantes agrupaciones que dan peleas en el movimiento obrero, estudiantil y de mujeres. Estos avances nos permiten proponernos un desafío aún mayor: utilizar cada trinchera, cada lugar conquistado en la lucha, para construir una gran fuerza social de la clase trabajadora, cuyo punto más fuerte es la construcción de un partido revolucionario para los embates que nos prepara el macrismo.

En momentos donde los “movimientos sociales” bajo el ala del Papa Francisco y diversos sectores del PJ, el antes K y ahora peronista a secas Movimiento Evita y la CTEP, vienen de firmar un compromiso con el Gobierno Nacional para no generar “conflicto social” de acá a 2019; es más necesario que nunca dar la pelea por qué perspectiva es necesaria hoy en el movimiento obrero, mientras esas organizaciones se proponen seguir el camino de la burocracia sindical y sostener una tregua con el PRO, a cambio de miserables aumentos en los planes sociales que manejan.

Hacia el nuevo aniversario del 2001, queremos marchar con cientos de compañeros con las banderas de Zanon y MadyGraf. En el acto, hablará nuestro compañero Raúl Godoy, actual diputado del FIT en la legislatura neuquina, trabajador de Zanon y dirigente nacional del PTS. Te invitamos a ser parte de la gran campaña nacional e internacional que largaron los ceramistas para impulsarla durante el verano, llevando su lucha a otras fábricas de la Capital, colaborando con el fondo de lucha a través de jornadas culturales, festivales, donde lo recaudado sirva para pasar una mejor Navidad y Año Nuevo para las familias obreras. Esta tarea nos proponemos durante diciembre y la continuaremos en verano, a la que ya se empiezan a sumar los y las compañeras que se incorporaron a militar en la Juventud del PTS y en las agrupaciones que impulsamos en los distintos lugares de estudio. ¿Te sumás?







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