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Red Internacional

El 13 de mayo es para la historia oficial el día en que Brasil dio “vuelta la página de su historia”. La acción generosa de una princesa habría puesto fin a la plaga histórica de la esclavitud. Aquí te contamos otra historia.

Leandro LanfrediTrabajador petrolero | Rio de Janeiro

Jueves 13 de mayo | 00:00

La historiografía oficial brasilera recuerda el 13 de mayo de 1888 como el momento en que la decadente monarquía en Brasil tuvo un gesto de caridad frente a una masa de esclavos indefensa. Se trataría de una acción humanitaria en un contexto de brutalidad contra la que nadie habría luchado, ni los esclavos, ni los negros asalariados libres, ni los trabajadores blancos. Nada más lejos de la realidad marcada por una intensa lucha negra pero también de otros oprimidos y explotados en el país.

Por eso, intentaremos desarrollar algunos aspectos de esta historia desde el punto de vista de los explotados y oprimidos. Retomar lo que las clases dominantes ocultan sobre las condiciones que llevaron a la abolición de la esclavitud. Si bien nuevos sectores de la emergente burguesía cafetera consideraban que el trabajo esclavo (y la monarquía) constituían un freno para los impulsos modernizadores, veremos que fue producto de la lucha de clases, que en un momento determinado protagonizaron los esclavos negros y también los trabajadores blancos y negros libres.

Claro que la burguesía y su Estado niegan estos hechos para contar otra historia, la de la "democracia racial" y la del Brasil “pacífico”. Hoy más que nunca, cuando Bolsonaro y los sectores más reaccionarios alientan un “giro a derecha” en las relaciones raciales, borrando de la historia las revueltas y la figura de los líderes esclavos, hay que combatir ese intento sin volver al viejo relato de “democracia racial”.

En las escuelas se ocultan las historias de las revueltas de esclavos, de los grandes quilombos o de las luchas de negros esclavizados, negros y blancos libres, unidos por la abolición de la esclavitud. Así Zumbi dos Palmares, líder de los esclavos negros del nordeste de Brasil, especialmente en el combativo Quilombo dos Palmares, no aparece en los relatos históricos como un gran estratega militar que ganó varias batallas, supo pasar de las tácticas de combate militar como el de las guerrillas a las de confrontación abierta, combinando diplomacia y guerra.

Por el contrario, funcional a la idea de que los trabajadores y los negros no pueden ser sujetos de la historia, la abolición de la esclavitud se cuenta como resultado de una ofrenda real y resultado de los discursos, artículos y acciones de parlamentarios burgueses, de figuras como Joaquim Nabuco, o quizás de la presión del imperialismo inglés, pero nunca como resultado de la acción de los oprimidos.

El papel de los trabajadores blancos y negros

El movimiento negro ha jugado un papel muy importante en rescatar las historias de los quilombos, que eran aquellos lugares donde se fugaban y organizaban los esclavos fuera del control de la autoridad colonial y los esclavistas; de las revueltas como la de los Malês que, en 1835 en Salvador, llegó a movilizar centenares de esclavos insurrectos en busca de su libertad. Y del temor que despertaba en la burguesía y la Corte la organización de los quilombos de la región portuaria de Rio de Janeiro, por ese entonces la capital del imperio, o de los grandes quilombos de Vassouras tan cerca de la capital y de otras ciudades imperiales (Petrópolis, Teresópolis).

Este aspecto es clave porque muestra cómo la abolición fue en primer lugar una medida defensiva tomada por los grupos dominantes para que no fueran los propios negros y los trabajadores blancos y negros quienes conquistaran por la lucha su liberación, tal como comenzaba a ocurrir en algunos centros urbanos y haciendas.

Estos sucesos pueden ser reconstruidos como parte de la historia de la clase obrera del país, representada en las asociaciones de trabajadores y sindicatos de Río de Janeiro. Entre estos grupos se destacaron los trabajadores gráficos que, según relatan algunos diarios de la época, “se reunieron y publicaron un manifiesto adhiriendo a la Sociedad Cearense Libertadora, rechazando ofrecer sus servicios a los periódicos que se opusieran al movimiento abolicionista en el estado y el país.” [1]

Este sector de trabajadores hizo un gran aporte en la lucha por la abolición. En una de las primeras huelgas en la historia del país (1858), posiblemente la tercera ya que la primera la habían realizado transportadores de esclavos en el puerto de Salvador y la segunda, los trabajadores esclavos del astillero Mauá. Los gráficos, trabajadores blancos libres, muchos de ellos extranjeros, publicaban artículos en su periódico defendiendo la abolición y durante la década de 1880 recaudaban dinero entre sus afiliados para comprar la manumisión de los esclavos. Actividades similares impulsaban los trabajadores del Arsenal de la Marina.

Otras sectores como los panaderos, liderados en ese momento por el dirigente João de Mattos, organizaron fugas de esclavos y forjaron manumisiones para los negros libertos. Este gran líder obrero abolicionista no solo contribuyó en la organización sindical de su sector sino que desplegó tácticas para la liberación de los negros, como los clubes de baile que permitían dar cobertura legal a la organización clandestina frente al estado y obtener documentos de libertad. Su actividad se extendió a otros estados, organizando fugas en Santos, en el estado de São Paulo; montó un quilombo en Barra do Piraí (cerca de Volta Redonda en el sur de Rio de Janeiro) y luego en la capital Río de Janeiro donde organizó varias huelgas, fugas y otras acciones de trabajadores blancos y panaderos negros.

No solo la clase trabajadora y los negros desarrollaron diferentes tácticas de lucha en la pelea por la abolición de la esclavitud, sin esperar que la monarquía y los esclavistas "concedieran" la abolición. Los sectores medios y estudiantes – muchos nucleados en torno a la Escuela Politécnica - organizaron columnas humanas movilizadas, con el propósito de ir “persuadíendo” a los esclavistas a que liberaran a sus esclavos negros y así ir ganando "calles liberadas" de los traficantes de esclavos en Río de Janeiro.

Recuperar la historia para construir otro futuro

Después de 133 años, aún podemos reconocer que en cada aspecto profundo de la vida social del país existen hilos de continuidad y nuevas formas de esclavitud y racismo. No existe “problema social" que en Brasil no sea al mismo tiempo un problema vinculado a la “cuestión negra”.

João de Mattos es un nombre que hay que recordar y tomar como ejemplo. Como parte de la historia de lucha de los explotados y oprimidos, mirando al presente, contra las formas de discriminación y continuidad de la esclavitud que aún perviven en el trabajo precario que afecta a millones en el país, en la violencia policial como pudimos ver en estos días frente al asesinato de más de 27 personas en la favela de Jacarezinho o en los índices más altos de mortalidad por Covid entre la población negra.

Como hemos desarrollado, lejos de una concesión de las clases dominantes la abolición fue resultado de la lucha de los esclavos, junto a los trabajadores blancos y negros, y los sectores de las clases medias. Esta experiencia muestra un camino: el de la clase trabajadora blanca y negra luchando contra la opresión y la explotación, que debemos retomar para las peleas actuales y transformarla en lecciones para el futuro.


[1Citado en Escravizados e Livres: experiências comuns na formação da classe trabalhadora carioca, Marcelo Badaró Mattos, Rio de Janeiro, Bom Texto, 2006. pág 155.





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