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Red Internacional

La historia se remonta a los orígenes anarquistas que tuvo el gremio de panaderos y panaderas en el país, a finales del siglo XIX.

Martes 3 de agosto | 21:48
El origen anarquista de las facturas argentinas - YouTube

Fue en 1957 que el Congreso Nacional argentino estableció el día 4 de agosto como el Día Nacional del Obrero Panadero. Se conmemora en esta fecha para recordar la creación en Buenos Aires en el año 1887 del primer sindicato de panaderos del país llamado Sociedad Cosmopolita de Obreros Panaderos.

Esta organización sindical fue una de las más antiguas y combativas del país y fue creada bajo la influencia de dirigentes anarquistas como Enrico Malatesta y Héctor Mattei. Por aquellos años la ciudad de Buenos Aires se estaba urbanizando y la población crecía con la llegada masiva de inmigrantes europeos; lo que a la par generó un aumento de las panaderías debido a la necesidad de comprar alimentos baratos como el pan.

Muchos de estos primeros panaderos fueron inmigrantes que trajeron viejas recetas de bollos dulces y salados, conocidos en Argentina como facturas, y también ideas anarquistas y socialistas que ayudaron a organizar tempranamente a trabajadores por sus derechos y demandas frente a una situación crítica: los salarios que tenían eran muy bajos mientras aumentaban los alquileres en los conventillos y los alimentos.

Además como plantea Josefina Luzuriaga en Cien años de historia obrera en la Argentina 1870-1969, la clase trabajadora padecía agotadoras jornadas laboralesen 1887, el 65% trabajaba 10 horas, el 22% entre 11 y 14 y sólo el 13% había logrado las 8 horas”.

Este primer sindicato de panaderos, que dio origen a su día, fue muy importante para organizar lo que sería la primera huelga del gremio realizada en enero de 1888 por aumento de salarios y con movilizaciones por la ciudad que fue salvajemente reprimida por las fuerzas policiales.

La influencia anarquista no sólo dejó rastros en la organización obrera sino también en los propios productos que se vendían en las panaderías. Como una forma de protesta frente a la represión policial los panaderos porteños bautizaron irónicamente a las facturas con nombres que pretendían ridiculizar a la Policía, el Ejército y la Iglesia; tres instituciones claves que sostienen al Estado.

La primera quedó inmortalizada en las facturas “vigilantes” por el uso del bastón para reprimir. La segunda dio nombres como “cañoncitos” y las “bombas” que son los profiteroles. Mientras que para burlarse de la Iglesia crearon las “bolas de fraile”, “suspiros de monja” y los “sacramentos” porque era la responsable de legitimar espiritualmente la desigualdad social planteando ideas como “las cosas son así porque Dios quiere”.

La experiencia de los primeros panaderos fue muy importante para la tradición de lucha del movimiento obrero argentino y como ejemplo para muchos gremios que se fueron conformando a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX.




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